V
CONFERENCIA GENERAL
DEL
EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE
DOCUMENTO
CONCLUSIVO
INTRODUCCIÓN
1.
Con
la luz del Señor resucitado y con la fuerza del Espíritu Santo, Obispos de
América nos reunimos en Aparecida, Brasil, para celebrar
2. Con alegría estuvimos reunidos con el
Sucesor de Pedro, Cabeza del Colegio Episcopal. Su Santidad Benedicto XVI, nos
ha confirmado en el primado de la fe en Dios, de su verdad y amor, para bien de
personas y pueblos. Agradecemos todas sus enseñanzas, especialmente su Discurso
Inaugural, que fueron iluminación y guía segura para nuestros trabajos. El
recuerdo agradecido de los últimos Papas, y en especial de su rico Magisterio
que ha estado también presente en nuestros trabajos, merece especial memoria y
gratitud.
3. Nos hemos sentido acompañados por la
oración de nuestro pueblo creyente católico, representado visiblemente por la
compañía del Pastor y los fieles de
4. El Evangelio llegó a nuestras tierras en
medio de un dramático y desigual encuentro de pueblos y culturas. Las “semillas
del Verbo”[1]
presentes en las culturas autóctonas facilitó a nuestros hermanos indígenas
encontrar en el Evangelio respuestas vitales a sus aspiraciones más hondas:
“Cristo era el Salvador que anhelaban silenciosamente”[2].
La visitación de Nuestra Señora de Guadalupe fue acontecimiento decisivo para
el anuncio y reconocimiento de su Hijo, pedagogía y signo de inculturación de
la fe, manifestación y renovado ímpetu misionero de propagación del Evangelio[3].
5. Desde la primera evangelización hasta los
tiempos recientes
6. Por eso, ante todo damos gracias a Dios y
lo alabamos por todo lo que nos ha sido regalado. Acogemos la realidad entera
del Continente como don: la belleza y riqueza de sus tierras, la riqueza de
humanidad que se expresa en las personas, familias, pueblos y culturas del
continente. Sobretodo nos ha sido dado Jesucristo, la plenitud de
7. La fe en Dios amor y la tradición católica
en la vida y cultura de nuestros pueblos son sus mayores riquezas. Se
manifiesta en la fe madura de muchos bautizados y en la piedad popular que
expresa “el amor a Cristo sufriente, el Dios de la compasión, del perdón y la
reconciliación (…), - el amor al Señor presente en
8. El don de la tradición católica es un
cimiento fundamental de identidad, originalidad y unidad de América Latina y El
Caribe: una realidad histórico-cultural, marcada por el Evangelio de Cristo,
realidad en la que abunda el pecado – de opresión, violencia, ingratitudes y
miserias – pero donde sobreabunda la gracia de la victoria pascual. Nuestra
Iglesia goza, no obstante debilidades y miserias humanas, de un alto índice de
confianza y de credibilidad por parte del pueblo. Es morada de pueblos hermanos
y casa de los pobres.
9.
10. Esta V Conferencia se propone “la gran
tarea de custodiar y alimentar la fe del pueblo de Dios, y recordar también a
los fieles de este continente que, en virtud de su bautismo, están llamados a
ser discípulos y misioneros de Jesucristo”[6].
Se abre paso un nuevo período de la historia con desafíos y exigencias,
caracterizado por el desconcierto generalizado que se propaga por nuevas
turbulencias sociales y políticas, por la difusión de una cultura lejana y
hostil a la tradición cristiana, por la emergencia de variadas ofertas
religiosas que tratan de responder, a su manera, a la sed de Dios que
manifiestan nuestros pueblos.
11.
12. No resiste a los embates del tiempo una fe
católica reducida a bagaje, a elenco de normas y prohibiciones, a prácticas de
devoción fragmentadas, a adhesiones selectivas y parciales de las verdades de
la fe, a una participación ocasional en algunos sacramentos, a la repetición de
principios doctrinales, a moralismos blandos o crispados que no convierten la
vida de los bautizados. Nuestra mayor amenaza “es el gris pragmatismo de la
vida cotidiana de
13. En América Latina y El Caribe, cuando
muchos de nuestros pueblos se preparan a celebrar el bicentenario de su
independencia, nos encontramos ante el desafío de revitalizar nuestro modo de
ser católico y nuestras opciones personales por el Señor, para que la fe
cristiana arraigue más profundamente en el corazón de las personas y los
pueblos latinoamericanos como acontecimiento fundante y encuentro vivificante
con Cristo. Él se manifiesta como novedad de vida y de misión en todas las
dimensiones de la existencia personal y social. Esto requiere desde nuestra
identidad católica, una evangelización mucho más misionera, en diálogo con
todos los cristianos y al servicio de todos los hombres. De lo contrario, “el
rico tesoro del Continente Americano… su patrimonio más valioso: la fe en Dios
amor…”[10]
corre el riesgo de seguir erosionándose y diluyéndose en crecientes sectores de
la población. Hoy se plantea elegir entre caminos que conducen a la vida o
caminos que conducen a la muerte[11].
Caminos de muerte son los que llevan a dilapidar los bienes recibidos de Dios a
través de quienes nos precedieron en la fe. Son caminos que trazan una cultura
sin Dios y sin sus mandamientos o incluso contra Dios, animada por los ídolos
del poder, la riqueza y el placer efímero, la cual termina siendo una cultura
contra el hombre y contra el bien de los pueblos latinoamericanos. Caminos de
vida verdadera y plena para todos, caminos de vida eterna, son aquellos
abiertos por la fe que conducen a “la plenitud de vida que Cristo nos ha
traído: con esta vida divina se desarrolla también en plenitud la existencia
humana, en su dimensión personal, familiar, social y cultural”[12]
Esa es la vida que Dios nos participa por su amor gratuito, porque “es el amor
que da la vida”[13]. Estos caminos de vida fructifican los dones de verdad y de amor
que nos han sido dados en Cristo en la comunión de los discípulos y misioneros
del Señor, para que América latina y El Caribe sean efectivamente un continente
en el cual la fe, la esperanza y el amor renueven la vida de las personas y
transformen las culturas de los pueblos.
14. El Señor nos dice: “no tengan miedo” (Mt
28, 5). Como a las mujeres en la mañana de
15. En esta hora en que renovamos la esperanza
queremos hacer nuestras las palabras de SS. Benedicto XVI al inicio de su
Pontificado y proclamarlas para toda América Latina: ¡No teman! ¡Abran, más
todavía, abran de par en par las puertas a Cristo!…quien deja entrar a Cristo
no pierde nada, nada –absolutamente nada – de lo que hace la vida libre, bella
y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con
esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición
humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos
libera… ¡No tengan miedo de Cristo! Él no quita nada y lo da todo. Quien se da
a él, recibe el ciento por uno. Sí, abran, abran de par en par las puertas a
Cristo y encontrarán la verdadera vida[15].
16. “Ésta V Conferencia General se celebra en
continuidad con las otras cuatro que la precedieron en Río de Janeiro,
Medellín, Puebla y Santo Domingo. Con el mismo espíritu que las animó, los
pastores quieren dar ahora un nuevo impulso a la evangelización, a fin de que
estos pueblos sigan creciendo y madurando en su fe, para ser luz del mundo y
testigos de Jesucristo con su propia vida”[16].
Como pastores de
17. Nuestra alegría, pues, se basa en el amor del Padre, en la participación en el misterio
pascual de Jesucristo quien, por el Espíritu Santo, nos hace pasar de la muerte
a la vida, de la tristeza al gozo, del absurdo al hondo sentido de la
existencia, del desaliento a la esperanza que no defrauda. Esta alegría no es
un sentimiento artificialmente provocado ni un estado de ánimo pasajero. El
amor del Padre nos ha sido revelado en Cristo que nos ha invitado a entrar en
su reino. El nos ha enseñado a orar diciendo “Abba, Padre” (Rm 8, 15; cf. Mt 6,
9).
18. Conocer a Jesucristo por la fe es nuestro
gozo; seguirlo es una gracia, y trasmitir este tesoro a los demás es un encargo
que el Señor, al llamarnos y elegirnos, nos ha confiado. Con los ojos iluminados
por la luz de Jesucristo resucitado podemos y queremos contemplar al mundo, a
la historia, a nuestros pueblos de América Latina y de El Caribe, y a cada una
de sus personas.
PRIMERA PARTE
19. Este documento continúa la práctica del
método “ver, juzgar y actuar”, utilizado en anteriores Conferencias Generales
del Episcopado Latinoamericano. Muchas voces venidas de todo el Continente
ofrecieron aportes y sugerencias en tal sentido, afirmando que este método ha
colaborado a vivir más intensamente nuestra vocación y misión en
CAPÍTULO 1
LOS DISCÍPULOS MISIONEROS
20. Nuestra reflexión acerca del camino de las
Iglesias de América Latina y del Caribe tiene lugar en medio de luces y sombras
de nuestro tiempo. No nos afligen ni desconciertan los grandes cambios que
experimentamos. Hemos recibido dones inapreciables, que nos ayudan a mirar la
realidad como discípulos misioneros de Jesucristo.
21. La presencia cotidiana y esperanzada de
incontables peregrinos nos ha recordado a los primeros seguidores de Jesucristo
que fueron al Jordán, donde Juan bautizaba, con la esperanza de encontrar al
Mesías (cf. Mc 1, 5). Quienes se sintieron atraídos por la sabiduría de sus
palabras, por la bondad de su trato y por el poder de sus milagros, por el
asombro inusitado que despertaba su persona llegaron a ser discípulos de Jesús.
Al salir de las tinieblas y de las sombras de muerte (cf. Lc 1, 79) su vida
adquirió una plenitud extraordinaria: la de haber sido enriquecida con el don
del Padre. Vivieron la historia de su pueblo y de su tiempo y pasaron por los
caminos del Imperio Romano, sin olvidar nunca el encuentro más importante y
decisivo de su vida que los había llenado de luz, de fuerza y de esperanza: el
encuentro con Jesús, su roca, su paz, su vida.
22. Así nos ocurre también a nosotros al mirar
la realidad de nuestros pueblos y de nuestra Iglesia, con sus valores, sus
limitaciones, sus angustias y esperanzas. Mientras sufrimos y nos alegramos,
permanecemos en el amor de Cristo viendo nuestro mundo, tratamos de discernir
sus caminos con la gozosa esperanza y la indecible gratitud de creer en Jesucristo.
El es el Hijo de Dios verdadero, el único Salvador de la humanidad. La
importancia única e insustituible de Cristo para nosotros, para la humanidad,
consiste en que Cristo es el Camino,
23. En este encuentro queremos expresar la
alegría de ser discípulos del Señor y de haber sido enviados con el tesoro del
Evangelio. Ser cristiano no es una carga sino un don: Dios Padre nos ha
bendecido en Jesucristo su Hijo, Salvador del mundo.
24. Bendito sea Dios Padre de nuestro Señor
Jesucristo que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones en la persona de
Cristo (cf. Ef 1, 3). El Dios de
25. Bendecimos a Dios con ánimo agradecido,
porque nos ha llamado a ser instrumentos de su Reino de amor y de vida, de
justicia y de paz, por el cual tantos se sacrificaron. El mismo nos ha
encomendado la obra de sus manos para que la cuidemos y la pongamos al servicio
de todos. Agradecemos a Dios por habernos hecho sus colaboradores para que
seamos solidarios con su creación con responsabilidad ecológica. Bendecimos a
Dios que nos ha dado la naturaleza creada que es su primer libro para poder
conocerlo y vivir nosotros en ella como en nuestra casa.
26. Damos gracias a Dios que nos ha dado el
don de la palabra, con la cual nos podemos comunicar entre nosotros y con El
por medio de su Hijo, que se ha hecho Palabra para nosotros. Damos gracias a El
que por su gran amor nos ha hablado como amigos (cf. Jn 15, 14-15). Bendecimos
a Dios que se nos da en la celebración de la fe, especialmente en
27. Iluminados por Cristo, el sufrimiento, la
injusticia y la cruz nos interpelan a vivir como Iglesia samaritana (cf. Lc 10,
25-37) recordando que “la evangelización ha ido unida siempre a la promoción
humana y a la auténtica liberación cristiana”[19].
Damos gracias a Dios y nos alegramos por la fe, la solidaridad y la alegría
características de nuestros pueblos trasmitidas a lo largo del tiempo por las
abuelas y los abuelos, las madres y los padres, los catequistas, los rezadores
y tantas personas anónimas cuya caridad ha mantenido viva la esperanza en medio
de las injusticias y adversidades.
28.
29. La historia de la humanidad transcurre
bajo la mirada compasiva de Dios a la que nunca abandona. También a este mundo
nuestro, Dios ha amado tanto que nos ha enviado a su Hijo. El anuncia la buena
noticia del Reino a los pobres y a los pecadores. Por esto nosotros como
discípulos de Jesús y misioneros queremos y debemos proclamar el Evangelio, que
es Cristo mismo. Anunciamos a nuestros pueblos que Dios nos ama, que su
existencia no es una amenaza para el hombre, que está cerca con el poder
salvador y liberador de su Reino, que nos acompaña en la tribulación, que
alienta incesantemente nuestra esperanza en medio de todas las pruebas. Los cristianos
somos portadores de buenas noticias para la humanidad y no profetas de
desventuras.
30.
31. En el rostro de Jesucristo, muerto y
resucitado, maltratado por nuestros pecados y glorificado por el Padre, en ese
rostro doliente y glorioso[20],
podemos ver, con la mirada de la fe el rostro humillado de tantos hombres y
mujeres de nuestros pueblos y al mismo tiempo su vocación a la libertad de los
hijos de Dios, a la plena realización de su dignidad personal y a la
fraternidad entre todos.
32. La alegría que hemos recibido en el
encuentro con Jesucristo, a quien reconocemos como el Hijo de Dios encarnado y
redentor, deseamos que llegue a todos los hombres y mujeres heridos por las
adversidades; deseamos que la alegría de la buena noticia del Reino de Dios, de
Jesucristo vencedor del pecado y de la muerte, llegue a todos cuantos yacen al
borde del camino pidiendo limosna y compasión (cf. Lc 10, 29-37; 18, 25-43). La
alegría del discípulo es antídoto frente a un mundo atemorizado por el futuro y
agobiado por la violencia y el odio. La alegría del discípulo no es un
sentimiento de bienestar egoísta sino una certeza que brota de la fe, que
serena el corazón y capacita para anunciar la buena noticia del amor de Dios.
Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo
encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a
conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo.
CAPÍTULO 2
MIRADA DE LOS DISCÍPULOS MISIONEROS SOBRE
2.1 La realidad que nos interpela
como discípulos y misioneros
33. Los pueblos de América Latina y de El
Caribe viven hoy una realidad marcada por grandes cambios que afectan
profundamente sus vidas y que, como discípulos de Jesucristo, nos sentimos
interpelados a discernir los “signos de los tiempos”, a la luz del Espíritu
Santo, para ponernos al servicio del Reino, anunciado por Jesús, que vino para
que todos tengan vida y “para que la tengan en plenitud” (Jn 10, 10).
34. La novedad de estos cambios, a diferencia
de los ocurridos en otras épocas, es que tienen un alcance global que, con
diferencias y matices, afectan al mundo entero. Habitualmente se los
caracteriza como el fenómeno de la globalización. Factor determinante de estos
cambios es la ciencia y la tecnología, con su capacidad de manipular
genéticamente la vida misma de los seres vivos, y con su capacidad de crear una
red de comunicaciones de alcance mundial, tanto pública como privada, para
interactuar en tiempo real, es decir, con simultaneidad, no obstante las
distancias geográficas. Como suele decirse, la historia se ha acelerado y los
cambios mismos se vuelven vertiginosos, puesto que se comunican con gran
velocidad a todos los rincones del planeta.
35. Esta nueva escala mundial del fenómeno
humano trae consecuencias para todos los ámbitos de la vida social, impactando
la cultura, la economía, la política, las ciencias, la educación, el deporte,
las artes y también, naturalmente, la religión. No nos corresponde, como
pastores de
36. En este nuevo contexto social, la realidad
se ha vuelto para el ser humano cada vez más opaca y compleja. Esto quiere
decir, que cualquier persona individual necesita siempre más información de la
que dispone, si quiere ejercer sobre la realidad el señorío al que por vocación
está llamada a realizar. Este hecho no es por sí mismo negativo. Nos ha
enseñado a mirar la realidad cada vez con más humildad, sabiendo que ella es
más grande y compleja que las simplificaciones ideológicas con que solíamos
verla en un pasado aún no demasiado lejano y que, en muchos casos, introdujeron
conflictos dentro de la sociedad que dejaron muchas heridas que aún no logran
cicatrizar. Pero también ha introducido la dificultad de que a la conciencia
humana le cuesta percibir la unidad de todos los fragmentos dispersos que resultan
de la información que recolectamos. Es frecuente que algunos quieran mirar la
realidad unilateralmente desde la información económica, otros desde la
información política o científica, otros desde el entretenimiento y el
espectáculo. Sin embargo, ninguno de estos criterios parciales logra
proponernos un significado coherente para todo lo que existe. Cuando las
personas perciben esta fragmentación y limitación, suelen sentirse frustradas,
ansiosas, angustiadas. La realidad social resulta demasiado grande para una
conciencia que, teniendo en cuenta su falta de saber e información, fácilmente
se cree insignificante, sin injerencia alguna en los acontecimientos, aun
cuando sume su voz a otras voces que buscan ayudarse recíprocamente.
37. Esta es la razón por la cual muchos
estudiosos de nuestra época han sostenido que la realidad ha traído aparejada
una crisis del sentido. Ellos no se refieren a los múltiples sentidos parciales
que cada uno puede encontrar en las acciones cotidianas que realiza, sino al
sentido que da unidad a todo lo que existe y nos sucede en la experiencia, y
que los creyentes llamamos el sentido religioso. Habitualmente, este sentido se
pone a nuestra disposición a través de nuestras tradiciones culturales que
representan la hipótesis de realidad con la que cada ser humano pueda mirar el
mundo en que vive. Conocemos, en nuestra cultura latinoamericana, el papel tan
noble y orientador que ha jugado la religiosidad popular, especialmente la
devoción mariana, que ha logrado persuadirnos de nuestra común condición de
hijos de Dios y de nuestra común dignidad ante sus ojos, no obstante las
diferencias sociales, étnicas o de cualquier otro tipo.
38. Sin embargo, debemos admitir que esta
preciosa tradición comienza también a erosionarse. La mayoría de los medios
masivos de comunicación nos presentan ahora nuevas imágenes, atractivas y
llenas de fantasía, que aunque todos saben que no pueden mostrar el sentido
unitario de todos los factores de la realidad, ofrecen al menos el consuelo de
ser transmitidas en tiempo real, en vivo y en directo, con actualidad. Lejos de
llenar el vacío que en nuestra conciencia se produce por la falta de un sentido
unitario de la vida, en muchas ocasiones la información transmitida por los
medios sólo nos distrae. La falta de información sólo se subsana con más
información, retroalimentando la ansiedad de quien percibe que está en un mundo
opaco y que no comprende.
39. Este fenómeno explica tal vez uno de los
hechos más desconcertantes y novedosos que vivimos en el presente. Nuestras
tradiciones culturales ya no se transmiten de una generación a otra con la
misma fluidez que en el pasado. Ello afecta, incluso, a ese núcleo más profundo
de cada cultura, constituido por la experiencia religiosa, que resulta ahora
igualmente difícil de transmitir a través de la educación y de la belleza de
las expresiones culturales, alcanzando aún hasta la misma familia que, como
lugar del diálogo y de la solidaridad intergeneracional, había sido uno de los
vehículos más importantes de la transmisión de la fe. Los medios de
comunicación han invadido todos los espacios y todas las conversaciones,
introduciéndose también en la intimidad del hogar. Al lado de la sabiduría de
las tradiciones se ubica ahora, en competencia, la información de último
minuto, la distracción, el entretenimiento, las imágenes de los exitosos que
han sabido aprovechar en su favor las herramientas tecnológicas y las
expectativas de prestigio y estima social. Ello hace que las personas busquen
denodadamente una experiencia de sentido que llene las exigencias de su
vocación allí donde no podrán jamás encontrarla.
40. Entre los presupuestos que debilitan y
menoscaban la vida familiar encontramos la ideología de género, según la cual
cada uno puede escoger su orientación sexual, sin tomar en cuenta las
diferencias dadas por la naturaleza humana. Esto ha provocado modificaciones
legales que hieren gravemente la dignidad del matrimonio, el respeto al derecho
a la vida y la identidad de la familia.
41. Por ello los cristianos necesitamos
recomenzar desde Cristo, desde la contemplación de quien nos ha revelado en su
misterio la plenitud del cumplimiento de la vocación humana y de su sentido.
Necesitamos hacernos discípulos dóciles, para aprender de Él, en su
seguimiento, la dignidad y plenitud de la vida. Y necesitamos, al mismo tiempo,
que nos consuma el celo misionero para llevar al corazón de la cultura de
nuestro tiempo, aquel sentido unitario y completo de la vida humana que ni la
ciencia, ni la política, ni la economía ni los medios de comunicación podrán
proporcionarle. En Cristo Palabra, Sabiduría de Dios (cf. 1 Cor 1, 30), la
cultura puede volver a encontrar su centro y su profundidad, desde donde se
puede mirar la realidad en el conjunto de todos sus factores, discerniéndolos a
la luz del Evangelio y dando a cado uno su sitio y su dimensión adecuada.
42. Como nos dijo el Papa en su discurso
inaugural: “sólo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a
ella de modo adecuado y realmente humano”[21].
La sociedad que coordina sus actividades nada más que con información, cree que
puede operar de hecho como si Dios no existiese. Pero la eficacia de los
procedimientos lograda mediante información, aún con las tecnologías más
desarrolladas, no logra satisfacer el anhelo de dignidad inscrito en lo más
profundo de la vocación humana. Por ello, no basta suponer que la mera
diversidad de puntos de vista, de opciones y, finalmente, de informaciones, que
suele recibir el nombre de pluri o multiculturalidad, resolverá la ausencia de
un significado unitario para todo lo que existe. La persona humana es, en su
misma esencia, aquel lugar de la naturaleza donde converge la variedad de los
significados en una única vocación de sentido. A las personas no les asusta la
diversidad. Lo que les asusta más bien es no lograr reunir el conjunto de todos
estos significados de la realidad en una comprensión unitaria que le permita
ejercer su libertad con discernimiento y responsabilidad. La persona busca
siempre la verdad de su ser, puesto que es esta verdad la que ilumina la
realidad de tal modo que pueda desenvolverse en ella con libertad y alegría,
con gozo y esperanza.
2.1.1 Situación Sociocultural
43. La realidad social que describimos en su
dinámica actual con la palabra globalización, impacta, por tanto, antes que
cualquier otra dimensión, la realidad de nuestra cultura y del modo como nos
insertamos y apropiamos de ella. La variedad y riqueza de las culturas
latinoamericanas, desde aquellas más originarias hasta aquellas que con el paso
de la historia y el mestizaje de sus pueblos se han ido sedimentado en las
naciones, las familias, los grupos sociales, las instituciones educativas y la
convivencia cívica, constituye un dato bastante evidente para nosotros y que
valoramos como una singular riqueza. Lo que hoy día está en juego no es esa
diversidad, que los medios de información tienen la capacidad de individualizar
y registrar. Lo que se echa de menos es más bien la posibilidad de que esta
diversidad pueda converger en una síntesis, que envolviendo la variedad del
sentido, sea capaz de proyectarla en un destino histórico común. En esto reside
el valor incomparable del talante mariano de nuestra religiosidad popular, que
bajo distintas advocaciones, ha sido capaz de fundir las historias
latinoamericanas diversas en una historia compartida: aquella que conduce hacia
Cristo, Señor de la vida, en quien se realiza la más alta dignidad de nuestra
vocación humana.
44. Vivimos un cambio de época cuyo nivel más
profundo es el cultural. Se desvanece la concepción integral del ser humano, su
relación con el mundo y con Dios; “aquí está precisamente el gran error de las
tendencias dominantes en el último siglo… Quien excluye a Dios de su horizonte,
falsifica el concepto de la realidad y sólo puede terminar en caminos
equivocados y con recetas destructivas[22].
Surge hoy con gran fuerza una sobrevaloración de la subjetividad individual.
Independientemente de su forma, la libertad y la dignidad de la persona son
reconocidas. La individuación debilita los vínculos comunitarios y propone una
radical transformación del tiempo y del espacio, dando un papel primordial a la
imaginación. Los fenómenos sociales, económicos y tecnológicos están en la base
de la profunda vivencia del tiempo, al que se le concibe fijado en el propio
presente, trayendo concepciones de inconsistencia e inestabilidad. Se deja de
lado la preocupación por el bien común para dar paso a la realización inmediata
de los deseos de los individuos, a la creación de nuevos y muchas veces
arbitrarios de los derechos individuales, a los problemas de la sexualidad, la
familia, las enfermedades y la muerte.
45. La ciencia y la técnica cuando son puestas
al servicio del mercado, con los valores de la eficacia, la rentabilidad y lo
funcional, ha creado una lógica que invade las prácticas sociales, las mentes y
las cosmovisiones. Se han ido introduciendo, por la utilización de los medios
de comunicación de masas, un sentido estético, una visión acerca de la
felicidad, una percepción de la realidad y hasta un lenguaje, que se quiere
imponer como una auténtica cultura. Sin embargo, su superficialidad termina por
destruir lo que de verdaderamente humano hay en los procesos de construcción
cultural, que nacen del intercambio personal y colectivo.
46. Se verifica, a nivel masivo, una especie de nueva colonización
cultural por la imposición de culturas artificiales, despreciando las culturas
locales y tendiendo a imponer una cultura homogeneizada en todos los sectores.
Esta cultura se caracteriza por la autorreferencia del individuo, que conduce a
la indiferencia por el otro, a quien no necesita ni del que se siente
responsable. Se prefiere vivir día a día, sin programas a largo plazo ni apegos
personales, familiares y comunitarios. Las relaciones humanas se consideran
objetos de consumo, llevando a relaciones afectivas sin compromiso responsable
y definitivo.
47. También se verifica una tendencia hacia la
afirmación exasperada de derechos individuales y subjetivos. Esta búsqueda es
pragmática e inmediatista, sin preocupación por criterios éticos. La afirmación
de los derechos individuales y subjetivos, sin un esfuerzo semejante para
garantizar los derechos sociales culturales y solidarios, resulta en perjuicio
de la dignidad de todos, especialmente de quienes son más pobres y vulnerables.
48. En esta hora de América Latina y El Caribe
urge tomar conciencia de la situación precaria que afecta la dignidad de muchas
mujeres. Algunas desde niñas y adolescentes, son sometidas a múltiples formas
de violencia dentro y fuera de casa: tráfico, violación, servidumbre y acoso
sexual; desigualdades en la esfera del trabajo, de la política y de la
economía; explotación publicitaria por parte de muchos medios de comunicación
social que las tratan como objeto de lucro.
49. Los cambios culturales han modificado los roles tradicionales de
varones y mujeres, quienes buscan desarrollar nuevas actitudes y estilos de sus
respectivas identidades, potenciando todas sus dimensiones humanas en la
convivencia cotidiana, en la familia y en la sociedad.
50. La avidez del mercado descontrola el deseo
de niños, jóvenes y adultos. La publicidad conduce ilusoriamente a mundos
lejanos y maravillosos, donde todo deseo puede ser satisfecho por los productos
que tienen un carácter eficaz, efímero y hasta mesiánico. Se legitima que los deseos se vuelvan felicidad. Como
sólo se necesita lo inmediato, la felicidad se pretende alcanzar con bienestar
económico y satisfacción hedonista.
51. Las nuevas generaciones son las más
afectadas por esta cultura del consumo en sus aspiraciones personales
profundas. Crecen en la lógica del individualismo pragmático y narcisista, que
suscita en ellos imaginarios especiales de libertad e igualdad. Afirman el
presente porque el pasado perdió relevancia ante tantas exclusiones sociales,
políticas y económicas. Para ellos el futuro es incierto. Asimismo participan
de la lógica de la vida como espectáculo, considerando el cuerpo como punto de
referencia de su realidad presente. Tienen una nueva adicción por las
sensaciones y crecen en una gran mayoría sin referencia a los valores e
instancias religiosas. En medio de la realidad de cambio cultural emergen
nuevos sujetos, con nuevos estilos de vida, maneras de pensar, de sentir, de
percibir y con nuevas formas de relacionarse. Son productores y actores de la
nueva cultura.
52. Entre los aspectos positivos de este
cambio cultural aparece el valor fundamental de la persona, de su subjetividad
y experiencia, la búsqueda del sentido de la vida y la trascendencia. El
fracaso de las ideologías dominantes para dar respuesta a la búsqueda más profunda
del significado de la vida, ha permitido que emerja como valor la sencillez y
el reconocimiento en lo débil y lo pequeño de la existencia, con una gran
capacidad y potencial que no puede ser minusvalorado. Este énfasis en el
aprecio de la persona abre nuevos horizontes, en donde la tradición cristiana
adquiere un renovado valor, sobre todo cuando se reconoce en un Dios que se
encarna y nace en un pesebre, asumiendo una condición humilde y pobre.
53. La necesidad de construir el propio
destino y el anhelo de encontrar razones para la existencia, puede poner en
movimiento el deseo de encontrarse con otros y compartir lo vivido, como una
manera de darse una respuesta. Se trata de una afirmación de la libertad
personal y, por ello, de la necesidad de cuestionarse en profundidad las
propias convicciones y opciones.
54. Pero junto con el énfasis en la
responsabilidad individual en medio de sociedades que promueven a través de los
medios el acceso a bienes, se niega paradójicamente el acceso de los mismos a
las grandes mayorías, bienes que
constituyen elementos básicos y esenciales
para vivir como personas.
55. El énfasis en la experiencia personal y lo
vivencial nos lleva a considerar el testimonio como un componente clave en la
vivencia de la fe. Los hechos son valorados en cuanto que son significativos,
es decir, en cuanto decisivos para la persona. En el lenguaje testimonial
podemos encontrar un punto de contacto con las personas que componen la
sociedad y de ellas entre sí.
56. Por otra parte la riqueza y la diversidad
cultural de los pueblos de América Latina y el Caribe resultan evidentes.
Existen en nuestra región diversas culturas indígenas, afro descendientes,
mestizas, campesinas, urbanas y
suburbanas. Las culturas indígenas se caracterizan sobretodo por su apego
profundo a la tierra y por la vida comunitaria. Los afro descendientes se
caracterizan, entre otros elementos, por la expresividad corporal, el arraigo
familiar y el sentido de Dios. La cultura campesina está referida al ciclo
agrario. La cultura mestiza, que es la más extendida entre muchos pueblos de la
región, ha buscado en medio de contradicciones sintetizar a lo largo de la
historia estas múltiples fuentes culturales originarias, facilitando el diálogo
de las respectivas cosmovisiones y permitiendo su convergencia en una historia
compartida. A esta complejidad cultural habría que añadir también la de tantos
inmigrantes europeos que se establecieron en los países de nuestra región.
57. Estas culturas coexisten en condiciones
desiguales con la llamada cultura globalizada. Ellas exigen reconocimiento y
ofrecen valores que constituyen una respuesta a los antivalores de la cultura
que se impone a través de los medios de comunicación de masas: comunitarismo,
valoración de la familia, apertura a la trascendencia y solidaridad. Estas
culturas son dinámicas y están en interacción permanente entre sí y con las
diferentes propuestas culturales.
58. La cultura urbana es híbrida, dinámica y
cambiante, pues amalgama múltiples formas, valores y estilos de vida, y afecta a todas las
colectividades. La cultura suburbana es fruto de grandes migraciones de
población en su mayoría pobre, que se estableció alrededor de las ciudades en
los cinturones de miseria. En estas culturas los problemas de identidad y
pertenencia, relación, espacio vital y hogar son cada vez más complejos.
59. Existen también comunidades de migrantes
que han aportado las culturas y tradiciones traídas de sus tierras de origen,
sean cristianas o de otras religiones. Por su parte, esta diversidad incluye a
comunidades que se han ido formando por la llegada de distintas denominaciones
cristianas y otros grupos religiosos. Asumir la diversidad cultural, que es un
imperativo del momento, implica superar los discursos que pretenden uniformar
la cultura, con enfoques basados en modelos únicos.
2.1.2 Situación económica
60. En su discurso inaugural el Papa ve en la
globalización un fenómeno “de relaciones de nivel planetario”, siendo “un logro
de la familia humana”, porque favorece el acceso a nuevas tecnologías, mercados
y finanzas. Las altas tasas de crecimiento de nuestra economía regional y,
particularmente, su desarrollo urbano, no serían posibles sin la apertura al
comercio internacional, sin acceso a las tecnologías de última generación, sin
la participación de nuestros científicos y técnicos en el desarrollo
internacional del conocimiento y sin la alta inversión registrada en los medios
electrónicos de comunicación. Todo ello lleva también aparejado el surgimiento
de una clase media tecnológicamente letrada. Al mismo tiempo la globalización
se manifiesta como la profunda aspiración del género humano a la unidad. No
obstante estos avances, el Papa también señala que la globalización “comporta
el riesgo de los grandes monopolios y de convertir el lucro en valor supremo”.
Por ello, Benedicto XVI enfatiza que “como en todos los campos de la actividad
humana, la globalización debe regirse también por la ética, poniendo todo al
servicio de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios”[23].
61. La globalización es un fenómeno complejo
que posee diversas dimensiones (económicas, políticas, culturales,
comunicacionales, etc). Para una justa valoración de ella, es necesaria una
comprensión analítica y diferenciada que permita detectar tanto sus aspectos
positivos como negativos. Lamentablemente, la cara más extendida y exitosa de
la globalización es su dimensión económica, que se sobrepone y condiciona las
otras dimensiones de la vida humana. En la globalización la dinámica del
mercado absolutiza con facilidad la eficacia y la productividad como valores
reguladores de todas las relaciones humanas. Este peculiar carácter hace de la
globalización un proceso promotor de inequidades e injusticias múltiples. La
globalización tal y como está configurada actualmente, no es capaz de
interpretar y reaccionar en función de valores objetivos que se encuentran más
allá del mercado y que constituyen lo más importante de la vida humana: la
verdad, la justicia, el amor, y muy especialmente, la dignidad y los derechos
de todos, aún de aquellos que viven al margen del propio mercado.
62. Conducida por una tendencia que privilegia
el lucro y estimula la competencia, la globalización sigue una dinámica de
concentración de poder y de riquezas en manos de pocos, no sólo de los recursos
físicos y monetarios, sino sobre todo de la información y de los recursos
humanos, lo que produce la exclusión de todos aquellos no suficientemente
capacitados e informados, aumentando las desigualdades que marcan tristemente
nuestro continente y que mantiene en la pobreza a una multitud de personas. La
pobreza hoy es de conocimiento y del uso y acceso a nuevas tecnologías, por eso
es necesario que los empresarios asuman su responsabilidad de crear más fuentes
de trabajo y de invertir en las regiones más pobres para contribuir al
desarrollo.
63. No se puede negar que el predominio de
esta tendencia no elimina la posibilidad de formar pequeñas y medianas
empresas, que se asocian al dinamismo exportador de la economía, le prestan
servicios colaterales o bien aprovechan nichos específicos del mercado interno.
Sin embargo, su fragilidad económica y financiera y la pequeña escala en que se
desenvuelven, las hacen extremadamente vulnerables frente a las tasas de
interés, el riego cambiario, los costos previsionales y la variación en los
precios de sus insumos. La debilidad de estas empresas se asocia a la
precariedad del empleo que están en condiciones de ofrecer. Sin una política de
protección específica de los Estados frente a ellas, se corre el riesgo de que
las economías de escala de los grandes consorcios termine por imponerse como
única forma determinante del dinamismo económico.
64. Es por ello que, frente a esta forma de
globalización, sentimos un fuerte llamado para promover una globalización
diferente, que esté marcada por la solidaridad, por la justicia y por el
respeto a los derechos humanos, haciendo de América Latina y El Caribe no solo
el continente de la esperanza, sino también el continente del amor, como lo
propuso SS. Benedicto XVI en el Discurso Inaugural de esta Conferencia.
65. Esto nos debería llevar a contemplar los
rostros de quienes sufren. Entre ellos están las comunidades indígenas y
afro-descendientes, que en muchas ocasiones no son tratadas con dignidad e
igualdad de condiciones; muchas mujeres que son excluidas, en razón de su sexo,
raza o situación socioeconómica; jóvenes que reciben una educación de baja
calidad y no tienen oportunidades de progresar en sus estudios ni de entrar en
el mercado del trabajo para desarrollarse y constituir una familia; muchos pobres,
desempleados, migrantes, desplazados, campesinos sin tierra, quienes buscan
sobrevivir en la economía informal; niños y niñas sometidos a la prostitución
infantil ligada muchas veces al turismo sexual; también los niños víctimas del
aborto. Millones de personas y familias viven en la miseria e incluso pasan
hambre. Nos preocupan también quienes dependen de las drogas, las personas con
discapacidad, los portadores de VIH y los enfermos del SIDA que sufren de
soledad y se ven excluidos de la convivencia familiar y social. No olvidamos
tampoco a los secuestrados y a los que son víctimas de la violencia, del
terrorismo, de conflictos armados y de la inseguridad ciudadana. También los
ancianos, que además de sentirse excluidos del sistema productivo, se ven muchas
veces rechazados por su familia como personas incómodas e inútiles. Nos duele,
en fin, la situación inhumana en que vive la gran mayoría de los presos, que
también necesitan de nuestra presencia solidaria y de nuestra ayuda fraterna.
Una globalización sin solidaridad afecta negativamente a los sectores más
pobres. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y opresión,
sino de algo nuevo: la exclusión social. Con ella queda afectada en su misma
raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella
abajo, en la periferia o sin poder, sino que se está afuera. Los excluidos no
son solamente “explotados” sino “sobrantes” y “desechables”.
66. Las instituciones financieras y las
empresas transnacionales se fortalecen al punto de subordinar las economías
locales, sobre todo, debilitando a los
Estados, que aparecen cada vez más impotentes para llevar adelante proyectos de
desarrollo al servicio de sus poblaciones, especialmente cuando se trata de
inversiones de largo plazo y sin retorno inmediato. Las industrias extractivas
internacionales y la agroindustria muchas veces no respetan los derechos
económicos, sociales, culturales y ambientales de las poblaciones locales y no
asumen sus responsabilidades. Con mucha frecuencia se subordina la destrucción
de la naturaleza al desarrollo económico, con daños a la biodiversidad, con el
agotamiento de las reservas de agua y de otros recursos naturales, con la
contaminación del aire y el cambio climático. Una nueva tendencia con múltiples
implicaciones en la región es la creciente producción de agro combustibles, que
no debe hacerse a costa de la necesaria producción de alimentos para la
sobrevivencia humana. América Latina posee los acuíferos más abundantes del
planeta, junto con grandes extensiones de territorio selvático, que son
pulmones de la humanidad. Así se dan gratuitamente al mundo servicios
ambientales que no son reconocidos económicamente. La región se ve afectada
por el recalentamiento de la tierra y el
cambio climático provocado principalmente por el estilo de vida no sostenible
de los países industrializados.
67. La globalización ha vuelto frecuente la
celebración de Tratados de Libre
Comercio entre países con economías asimétricas, que no siempre benefician a
los países más pobres, al mismo tiempo se presiona a los países de la región
con exigencias desmedidas en materia de propiedad intelectual, a tal punto que
se permite derechos de patente sobre la vida en todas sus formas. Además, la
utilización de organismos genéticamente manipulados muestra que no siempre contribuye ni al combate contra el
hambre ni al desarrollo rural sostenible.
68. Aunque se ha progresado muchísimo en el
control de la inflación y en la estabilidad macroeconómica de los países de la
región, muchos gobiernos se
encuentran severamente limitados para el financiamiento de sus presupuestos
públicos por los elevados servicios de la deuda externa[24]
e interna, mientras, por otro lado, no cuentan con sistemas tributarios
verdaderamente eficientes, progresivos y equitativos.
69. La actual concentración de renta y riqueza
se da principalmente por los mecanismos del sistema financiero. La libertad
concedida a las inversiones financieras favorecen al capital especulativo, que
no tiene incentivos para hacer inversiones productivas de largo plazo, sino que
busca el lucro inmediato en los negocios con títulos públicos, monedas y
derivados. Sin embargo, según
70. Es también alarmante el nivel de la
corrupción en las economías que involucra tanto al sector público como al
sector privado, a lo que se suma una notable falta de transparencia y rendición
de cuentas a la ciudadanía. En muchas ocasiones la corrupción está vinculada al
flagelo del narcotráfico o del narconegocio y por otra parte viene destruyendo
el tejido social y económico en regiones enteras.
71. La población económicamente activa de la
región está afectada por el subempleo (42%) y el desempleo (9%). El trabajo
informal afecta casi la mitad de ella. El trabajo formal, por su parte, se ve
sometido a la precariedad de las condiciones de empleo y a la presión constante
de subcontratación, lo que trae consigo salarios más bajos y desprotección en
el campo de seguridad social, no permitiendo a muchos el desarrollo de una vida
digna. En este contexto, los sindicatos pierden la posibilidad de defender los
derechos de los trabajadores. Por otro lado, se pueden destacar fenómenos
positivos y creativos para enfrentar esta situación de parte de los afectados,
quienes vienen impulsando diversas experiencias, como por ejemplo, micro
finanzas, economía local y solidaria y comercio justo.
72. Los campesinos, en su mayoría, sufren a
causa de la pobreza, agravada por no tener acceso a tierra propia. Sin embargo
existen grandes latifundios en manos de unos pocos. En algunos países esta
situación ha llevado a la población a demandar una Reforma Agraria, estando
atentos a los males que puedan ocasionarles los Tratados de Libre Comercio, la
manipulación de la droga y otros factores.
73. Uno de los fenómenos más importantes en
nuestros países es el proceso de movilidad humana en que millones de personas
migran o se ven forzadas a migrar dentro y fuera de sus respectivos países. Las
causas son diversas y están relacionadas con la situación económica, la
violencia en sus diversas formas, la pobreza que afecta a las personas y la
falta de oportunidades para la investigación y el desarrollo profesional. Las
consecuencias son en muchos casos de enorme gravedad a nivel personal, familiar
y cultural. La pérdida del capital humano de millones de personas,
profesionales calificados, investigadores y amplios sectores campesinos, nos va
empobreciendo cada vez más. La explotación laboral llega, en algunos casos, a
generar condiciones de verdadera esclavitud. Se da también un vergonzoso
tráfico de personas, que incluye la prostitución, aún de menores. Especial mención merece la situación
de los refugiados, que cuestiona la capacidad de acogida de la sociedad y de
las iglesias. Por otra parte, sin embargo, la remesa de divisas de los emigrados a sus
países de origen se ha vuelto una importante y, a veces, insustituible fuente
de recursos para los países de la región, ayudando al bienestar y a la
movilidad social ascendente de quienes logran participar exitosamente de este
proceso.
2.1.3 Dimensión socio-política
74. Constatamos como hecho positivo el
fortalecimiento de los regímenes democráticos en muchos países de América
Latina y El Caribe según demuestran los últimos procesos electorales. Sin
embargo, vemos con preocupación el acelerado avance de diversas formas de
regresión autoritaria por vía democrática que derivan en ocasiones en regímenes
de corte neo populista. Esto indica que no basta una democracia puramente
formal, fundada en la limpieza de los procedimientos electorales, sino que es
necesaria una democracia participativa y basada en la promoción y respeto de
los derechos humanos. Una democracia sin valores como los mencionados, se
vuelve fácilmente una dictadura y termina traicionando al pueblo.
75. Con la presencia más protagónica de
76. Después de una época de debilitamiento de
los Estados por la aplicación de ajustes estructurales en la economía,
recomendados por organismos financieros internacionales, se aprecia actualmente
un esfuerzo de los Estados por definir y aplicar políticas públicas en los
campos de la salud, educación, seguridad alimentaría, previsión social, acceso
a la tierra y a la vivienda, promoción eficaz de la economía para la creación
de empleos y leyes que favorecen las organizaciones solidarias. Todo esto
refleja que no puede haber democracia
verdadera y estable sin justicia social, sin división real de poderes y sin la
vigencia del Estado de derecho[25].
77. Cabe señalar como un gran factor negativo
en buena parte de la región, el recrudecimiento de la corrupción en la sociedad
y en el Estado, que involucra a los poderes legislativos y ejecutivos en todos
sus niveles, y alcanza también al sistema judicial que a menudo inclina su
juicio a favor de los poderosos y genera impunidad, lo que pone en serio riesgo
la credibilidad de las instituciones públicas y aumenta la desconfianza del
pueblo, fenómeno que se une a un profundo desprecio de la legalidad. En amplios
sectores de la población y particularmente entre los jóvenes crece el desencanto
por la política y particularmente por la democracia, pues las promesas de una
vida mejor y más justa no se cumplieron o se cumplieron sólo a medias. En este
sentido, se olvida que la democracia y la participación política es fruto de la
formación que se hace realidad solamente cuando los ciudadanos son conscientes
de sus derechos fundamentales y de sus deberes correspondientes.
78. La vida social en convivencia armónica y
pacífica se está deteriorando gravemente en
muchos países de América Latina y El Caribe por el crecimiento de la
violencia, que se manifiesta en robos, asaltos, secuestros, y lo que es más
grave, en asesinatos que cada día destruyen más vidas humanas y llenan de dolor
a las familias y a la sociedad entera. La violencia reviste diversas formas y
tiene diversos agentes: el crimen organizado y el narcotráfico, grupos
paramilitares, violencia común sobre todo en la periferia de las grandes
ciudades, violencia de grupos juveniles, creciente violencia intrafamiliar. Sus
causas son múltiples: la idolatría del dinero, el avance de una ideología
individualista y utilitarista, el irrespeto a la dignidad de cada persona, el
deterioro del tejido social, la corrupción incluso en las fuerzas del orden y
la falta de políticas públicas de equidad social.
79. Algunos parlamentos o congresos
legislativos aprueban leyes injustas por encima de los derechos humanos y de la
voluntad popular, precisamente por no estar cerca de sus representados ni saber
escuchar y dialogar con los ciudadanos, pero también por ignorancia, por falta
de acompañamiento, y porque muchos ciudadanos abdican de su deber de participar
en la vida pública.
80. En algunos Estados ha aumentado la
represión, la violación de los derechos humanos, incluso el derecho a la
libertad religiosa, la libertad de expresión y la libertad de enseñanza, así
como el desprecio a la objeción de conciencia.
81. Si bien en algunos países se han logrado
acuerdos de paz superando así conflictos de vieja data, en otros continúa la
lucha armada con todas sus secuelas (muertes violentas, violaciones a los
Derechos Humanos, amenazas, niños en la guerra, secuestros etc.), sin avizorar
soluciones a corto plazo. La influencia del narconegocio en estos grupos
dificulta aún más las posibles soluciones.
82. En América Latina y El Caribe se aprecia
una creciente voluntad de integración regional con acuerdos multilaterales
involucrando un número creciente de países que generan sus propias reglas en el
campo del comercio, los servicios y las patentes. Al origen común se une la
cultura, la lengua y la religión que pueden contribuir a que la integración no
sea sólo de mercados, sino de instituciones civiles y sobre todo sobre todo de
personas. También es positiva la globalización de la justicia, en el campo de
los derechos humanos y de los crímenes contra la humanidad que permitirá
progresivamente que los seres humanos vivan bajo iguales normas llamadas a
proteger su dignidad, su integridad, y su vida.
2.1.4 Biodiversidad, ecología,
Amazonia y Antártida
83. América Latina es el continente que posee
una de las mayores biodiversidades del planeta y una rica socio diversidad
representada por sus pueblos y culturas. Éstos poseen un gran acervo de
conocimientos tradicionales sobre la utilización sostenible de los recursos
naturales, así como sobre el valor medicinal de plantas y otros organismos
vivos, muchos de los cuales forman la base de su economía. Tales conocimientos
son actualmente objeto de apropiación intelectual ilícita siendo patentados por
industrias farmacéuticas y de biogenética, generando vulnerabilidad de los
agricultores familiares que dependen de esos recursos para su sobrevivencia.
84. En las decisiones sobre las riquezas de la
biodiversidad y de la naturaleza las poblaciones tradicionales han sido
prácticamente excluidas. La naturaleza ha sido y continúa siendo agredida. La
tierra fue depredada. Las aguas están siendo tratadas como si fueran una
mercancía negociable por las empresas, además de haber sido transformadas en un
bien disputado por las grandes potencias. Un ejemplo muy importante en esta
situación es la Amazonia[26].
85. En su discurso a los jóvenes, en el
Estadio de Pacaembu, en San Pablo, el Papa Benedicto XVI llamó la atención
sobre la “devastación ambiental de
86. La creciente agresión al medioambiente
puede servir de pretexto para propuestas de internacionalización de
87. Además constatamos el retroceso de los
hielos en todo el mundo: el deshielo del Ártico cuyo impacto ya se está viendo
en la flora y fauna de ese ecosistema; también el calentamiento global se hace
sentir en el estruendoso crepitar de los bloques de hielo antártico que reducen
la cobertura glacial del continente y que regula el clima del mundo. Juan Pablo
II proféticamente hace 20 años desde el confín de las Américas señaló: “Desde
el Cono Sur del Continente Americano y frente a los ilimitados espacios de
2.1.5 Presencia de los pueblos
indígenas y afroamericanos en
88. Los indígenas constituyen la población más
antigua del continente. Están en la raíz primera de la identidad
latinoamericana y caribeña. Los afroamericanos constituyen otra raíz que fue
arrancada de África y traída aquí como gente esclavizada. La tercera raíz es la
población pobre que migró de Europa desde el siglo XVI, en búsqueda de mejores
condiciones de vida y el gran flujo de inmigrantes de todo el mundo desde
mediados del siglo XIX. De todos estos grupos y de sus correspondientes
culturas se formó el mestizaje que es la base social y cultural de nuestros
pueblos latinoamericanos, como lo reconoció ya
89. Los indígenas y afroamericanos son, sobre
todo, “otros” diferentes que exigen respeto y reconocimiento. La sociedad
tiende a menospreciarlos, desconociendo su diferencia. Su situación social está
marcada por la exclusión y la pobreza.
90. Hoy, los pueblos indígenas y afros están
amenazados en su existencia física, cultural y espiritual; en sus modos de
vida; en sus identidades; en su diversidad; en sus territorios y proyectos.
Algunas comunidades indígenas se encuentran fuera de sus tierras porque éstas
han sido invadidas y degradadas, o no tienen tierras suficientes para
desarrollar sus culturas. Sufren graves ataques a su identidad y supervivencia,
pues la globalización económica y cultural pone en peligro su propia existencia
como pueblos diferentes. Su progresiva transformación cultural provoca la
rápida desaparición de algunas lenguas y culturas. La migración, forzada por la
pobreza, está influyendo profundamente en el cambio de costumbres, de
relaciones e incluso de religión.
91. Los indígenas y afroamericanos emergen
ahora en la sociedad y en
92. Ya en Santo Domingo los pastores
reconocíamos que “los pueblos indígenas cultivan valores humanos de gran
significación”[29]; valores que “
93. Entre ellos podemos señalar: “apertura a la
acción de Dios por los frutos de la tierra, el carácter sagrado de la vida
humana, la valoración de la familia, el sentido de solidaridad y la
corresponsabilidad en el trabajo común, la importancia de lo cultual, la
creencia en una vida ultra terrena”[33].
Actualmente, estos valores el pueblo los ha enriquecido ampliamente por
94. Como Iglesia que
asume la causa de los pobres alentamos la participación de los indígenas y
afroamericanos en la vida eclesial. Vemos con esperanza el proceso de
inculturación discernido a la luz del Magisterio. Es prioritario hacer traducciones católicas de
95. Nuestro servicio
pastoral a la vida plena de los pueblos indígenas exige anunciar a Jesucristo y
96. La historia de los afroamericanos ha sido
atravesada por una exclusión social, económica, política y, sobre todo, racial,
donde la identidad étnica es factor de subordinación social. Actualmente, son
discriminados en la inserción laboral, en la calidad y contenido de la
formación escolar, en las relaciones cotidianas y, además, existe un proceso de
ocultamiento sistemático de sus valores, historia, cultura y expresiones
religiosas. Permanece aún en los imaginarios colectivos una mentalidad y mirada
colonial con respecto a los pueblos originarios y afroamericanos. De modo que,
descolonizar las mentes, el conocimiento, recuperar la memoria histórica,
fortalecer espacios y relaciones interculturales, son condiciones para la
afirmación de la plena ciudadanía de estos pueblos.
97. La realidad latinoamericana cuenta
con comunidades afroamericanas muy vivas que aportan y
participan activa y creativamente de la construcción de este continente. Los
movimientos por la recuperación de las identidades, de los derechos ciudadanos
y contra el racismo, los grupos alternativos de economías solidarias, hacen de
las mujeres y hombres negros sujetos constructores de su historia y de una nueva
historia que se va dibujando en la actualidad latinoamericana y caribeña. Esta
nueva realidad se basa en relaciones interculturales donde la diversidad no
significa amenaza, no justifica jerarquías de poder de unos sobre otros, sino
diálogo desde visiones culturales diferentes de celebración, de interrelación,
de reavivamiento de la esperanza.
2.2 Situación de nuestra Iglesia en
esta hora histórica de desafíos
98.
99. Los esfuerzos pastorales orientados hacia
el encuentro con Jesucristo vivo han dado y siguen dando frutos. Entre otros,
destacamos los siguientes:
100. Debido a la animación bíblica de la
pastoral, aumenta el conocimiento de
101. La renovación litúrgica acentuó la
dimensión celebrativa y festiva de la fe cristiana centrada en el misterio
pascual, en particular en
102. Nuestro pueblo tiene gran aprecio a los
sacerdotes. Reconoce la santidad de muchos de ellos, como también su testimonio
de vida, su trabajo misionero, y la creatividad pastoral, particularmente de
aquellos que están en lugares lejanos o en contextos de mayor dificultad.
Muchas de nuestras Iglesias cuentan con una pastoral sacerdotal y con
experiencias concretas de vida en común y de una más justa retribución del
clero. En algunas Iglesias se ha desarrollado el diaconado permanente. También los
ministerios laicales y otros servicios pastorales, como delegados de la
palabra, animadores de asamblea y de pequeñas comunidades, entre ellas, las
comunidades eclesiales de base y un gran número de pastorales específicas. Se
hace un gran esfuerzo por la formación en nuestros Seminarios, en las casas de
formación para la vida consagrada y en las escuelas para el diaconado
permanente. Es significativo el testimonio de la vida consagrada, su aporte en
la acción pastoral y su presencia en situaciones de pobreza, de riesgo y de
frontera. Alienta la esperanza el incremento de vocaciones para la vida
contemplativa masculina y femenina.
103. Resalta la abnegada entrega de tantos
misioneros y misioneras que, hasta el día de hoy, desarrollan una valiosa obra
evangelizadora y de promoción humana en todos nuestros pueblos, con
multiplicidad de obras y servicios. Se reconoce, asimismo, a numerosos
sacerdotes, consagradas y consagrados, laicas y laicos que, desde nuestro
Continente, participan de la misión ad
gentes.
104. Crecen
los esfuerzos de renovación pastoral en las parroquias, favoreciendo un
encuentro con Cristo vivo mediante diversos métodos de nueva evangelización,
transformándose en comunidad de comunidades evangelizadas y misioneras. Se
constata en muchos lugares un florecimiento de comunidades eclesiales de base,
en comunión con los Obispos y fieles al Magisterio de
105.
106. La diversificación de la organización
eclesial, con la creación de muchas comunidades, nuevas jurisdicciones y
organismos pastorales, ha permitido que muchas Iglesias Particulares hayan
avanzado en la estructuración de una Pastoral Orgánica, para servir mejor a las
necesidades de los fieles. No con la misma intensidad en todas las Iglesias se
ha desarrollado el diálogo ecuménico e interreligioso, enriqueciendo a todos
los participantes. En otros lugares se han creado escuelas de ecumenismo o
colaboración ecuménica en asuntos sociales y otras iniciativas. Se manifiesta, como
reacción al materialismo, una búsqueda de espiritualidad, de oración y de
mística que expresa el hambre y sed de Dios. Por otro lado, la valoración de la
ética es un signo de los tiempos que indica la necesidad de superar el
hedonismo, la corrupción y el vacío de valores. Nos alegra además el profundo
sentimiento de solidaridad que caracteriza a nuestros pueblos y la práctica del
compartir y ayuda mutua.
107. A pesar de los aspectos positivos que nos
alegran en la esperanza, notamos sombras, entre las cuales mencionamos las
siguientes:
108. Para
109. Lamentamos cierto clericalismo, algunos
intentos de volver a una eclesiología y espiritualidad anteriores al Concilio
Vaticano II, algunas lecturas y aplicaciones reduccionistas de la renovación
conciliar, la ausencia de un sentido de autocrítica, de una auténtica
obediencia y de ejercicio evangélico de la autoridad, los moralismos que
debilitan la centralidad de Jesucristo, las infidelidades a la doctrina, a la
moral y a la comunión, nuestras débiles vivencias de la opción preferencial por
los pobres, no pocas recaídas secularizantes en la vida consagrada, la
discriminación de la mujer y su ausencia frecuente en los organismos
pastorales. Tal como lo manifestó el Santo Padre en el Discurso Inaugural de
nuestra Conferencia, “se percibe un
cierto debilitamiento de la vida cristiana en el conjunto de la sociedad y de
la propia pertenencia a la Iglesia Católica”[35].
110. Constatamos el escaso acompañamiento dado
a los fieles laicos en sus tareas de servicio a la sociedad, particularmente
cuando asumen responsabilidades en las diversas estructuras del orden temporal.
Percibimos una evangelización con poco ardor y sin nuevos métodos y
expresiones, un énfasis en el sacramentalismo sin el conveniente itinerario
formativo, descuidando otras tareas pastorales. De igual forma nos preocupa una
espiritualidad individualista. Verificamos asimismo una mentalidad relativista
en lo ético y religioso, la falta de aplicación creativa del rico patrimonio
que constituye
111. En la evangelización, en la catequesis y,
en general, en la pastoral, persisten también lenguajes poco significativos
para la cultura actual y en particular, para los jóvenes. Muchas veces los
lenguajes utilizados parecieran no tener en cuenta la mutación de los códigos
existencialmente relevantes en las sociedades inoculadas por la postmodernidad,
y marcadas por un amplio pluralismo social y cultural. Los cambios culturales
dificultan la transmisión de
112. El insuficiente número de sacerdotes y su
no equitativa distribución imposibilitan que muchísimas comunidades puedan
participar en la celebración de
113. En las últimas décadas vemos con preocupación,
por un lado, que numerosas personas pierden el sentido trascendental de sus
vidas y abandonan las prácticas religiosas, y, por otro lado, que un número
significativo de católicos están abandonando
114. Dentro del nuevo pluralismo religioso en
nuestro continente, no se ha diferenciado suficientemente a los creyentes que
pertenecen a otras iglesias o comunidades eclesiales, tanto por su doctrina
como por sus actitudes, de los que forman parte de la gran diversidad de grupos
cristianos (incluso pseudocristianos) que se han instalado entre nosotros, ya
que no es adecuado englobar a todos en una sola categoría de análisis, ni
llamarlas simplemente “sectas”. Muchas veces no es fácil el diálogo ecuménico
con grupos cristianos que atacan a
115. Reconocemos que muchas veces los católicos
nos hemos apartado del Evangelio, que requiere un estilo de vida más fiel a la
verdad y a la caridad, más sencillo, austero y solidario, como también nos ha
faltado valentía, persistencia y docilidad a la gracia para proseguir la renovación
iniciada por el Concilio Vaticano II, impulsada por las anteriores Conferencias
Generales, y para asegurar el rostro latinoamericano y caribeño de nuestra
Iglesia. Nos reconocemos como
comunidad de pobres pecadores, mendicantes de la misericordia de Dios,
congregada, reconciliada, unida y enviada por la fuerza de
SEGUNDA
PARTE
DISCÍPULOS
MISIONEROS
CAPÍTULO 3
PARA
ANUNCIAR EL EVANGELIO DE JESUCRISTO
116.
En
este momento, con incertidumbres en el corazón, nos preguntamos con Tomás:
“¿Cómo vamos a saber el camino?” (Jn 14, 5). Jesús nos responde con una
propuesta provocadora: “Yo soy el Camino,
117.
Jesús
es el hijo de Dios,
118.
Los
discípulos de Jesús reconocemos que Él es el primer y más grande evangelizador
enviado por Dios (cf. Lc 4, 44) y, al mismo tiempo, el Evangelio de Dios (cf.
Rm 1, 3). Creemos y anunciamos “la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de
Dios” (Mc 1, 1). Como hijos obedientes a la voz del Padre queremos escuchar a
Jesús (cf. Lc 9, 35) porque Él es el único Maestro (cf. Mt 23, 8). Como
discípulos suyos sabemos que sus palabras son Espíritu y Vida (cf. Jn 6, 63.
68). Con la alegría de la fe somos misioneros para proclamar el Evangelio de
Jesucristo y, en él, la buena nueva de la dignidad humana, de la vida, de la
familia, del trabajo, de la ciencia y de la solidaridad con la creación.
119.
Bendecimos
a Dios por la dignidad de la persona humana, creada a su imagen y semejanza.
Nos ha creado libres y nos ha hecho sujetos de derechos y deberes en medio de
la creación. Le agradecemos por asociarnos al perfeccionamiento del mundo,
dándonos inteligencia y capacidad para amar; por la dignidad, que recibimos
también como tarea que debemos proteger, cultivar y promover. Lo bendecimos por
el don de la fe que nos permite vivir en alianza con El hasta compartir la vida
eterna. Lo bendecimos por hacernos hijas e hijos suyos en Cristo, por habernos
redimido con el precio de su sangre y por la relación permanente que establece
con nosotros, que es fuente de nuestra dignidad absoluta, innegociable e
inviolable. Si el pecado ha deteriorado la imagen de Dios en el hombre y ha
herido su condición, la buena nueva, que es Cristo lo ha redimido y
restablecido en la gracia (cf. Rm 5, 12-21).
120.
Alabamos
a Dios por los hombres y mujeres de América Latina y El Caribe que, movidos por
su fe, han trabajado incansablemente en defensa de la dignidad de la persona
humana, especialmente de los pobres y marginados. En su testimonio llevado hasta la entrega total resplandece la
dignidad del ser humano.
121.
Alabamos
a Dios por el don maravilloso de la vida y por quienes la honran y la dignifican
al ponerla al servicio de los demás; por el espíritu alegre de nuestros pueblos
que aman la música, la danza, la poesía, el arte, el deporte y cultivan una
firme esperanza en medio de problemas y luchas. Alabamos a Dios porque siendo
nosotros pecadores, nos mostró su amor reconciliándonos consigo por la muerte
de su Hijo en la cruz. Lo alabamos porque ahora continúa derramando su amor en
nosotros por el Espíritu Santo y alimentándonos con
122.
Bendecimos
al Padre por el don de su Hijo Jesucristo “rostro humano de Dios y rostro
divino del hombre”[36].
“En realidad, tan sólo en el misterio del Verbo encarnado se aclara
verdaderamente el misterio del hombre. Cristo, en la revelación misma del
misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio
hombre y le descubre su altísima vocación”[37].
123.
Bendecimos
al Padre porque todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien aún
entre dificultades e incertidumbres, puede llegar a descubrir en la ley natural
escrita en su corazón (cf. Rm 2, 14-15), el valor sagrado de la vida humana
desde su inicio hasta su término y afirmar el derecho de cada ser humano a ver
respetado totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este
derecho se fundamenta “la convivencia
humana y la misma comunidad política” (EV, 2).
124.
Ante
una vida sin sentido, nos revela la
vida íntima de Dios en su misterio más elevado, la comunión trinitaria. Es tal
el amor de Dios, que hace del hombre, peregrino en este mundo, su morada:
“Vendremos a él y viviremos en él” (Jn 14, 23). Ante la desesperanza de un mundo sin Dios, que sólo ve en la muerte el
término definitivo de la existencia, Jesús nos ofrece la resurrección y la vida
eterna en la que Dios será da todo en todos (cf 1 Cor 15, 28). Ante la idolatría de los bienes terrenales,
Jesús presenta la vida en Dios como valor supremo: “¿De qué le sirve a uno
ganar el mundo, si pierde su vida?” (Mc 8, 36)[38].
125.
Ante
el subjetivismo hedonista, Jesús
propone entregar la vida para ganarla, porque “quien aprecie su vida terrena,
la perderá” (Jn 12, 25). Es propio del discípulo de Cristo gastar su vida como
sal de la tierra y luz del mundo. Ante el individualismo,
Jesús convoca a vivir y caminar juntos. La vida cristiana sólo se profundiza y
se desarrolla en la comunión fraterna. Jesús nos dice “uno es su maestro, y
todos ustedes son hermanos” (Mt 23, 8). Ante la despersonalización, Jesús ayuda a construir identidades integradas.
126.
La
propia vocación, la propia libertad y la propia originalidad como dones de Dios
para la plenitud y el servicio del mundo.
127.
Ante
la exclusión, Jesús defiende los derechos
de los débiles y la vida digna de todo ser humano. De su Maestro, el discípulo
ha aprendido a luchar contra toda forma de desprecio de la vida y de
explotación de la persona humana[39].
Sólo el Señor es autor y dueño de la vida. El ser humano, su imagen viviente,
es siempre sagrado, desde su concepción hasta su muerte natural; en todas las
circunstancias y condiciones de su vida. Ante las estructuras de muerte, Jesús hace presente la vida plena. “Yo he
venido para dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud” (Jn 10,
10). Por ello sana a los enfermos, expulsa los demonios y compromete a los
discípulos en la promoción de la dignidad humana y de relaciones sociales
fundadas en la justicia.
128.
Ante
la naturaleza amenazada, Jesús, que
conocía el cuidado del Padre por las criaturas que Él alimenta y embellece,
(cf. Lc 12, 28), nos convoca a cuidar la tierra para que brinde abrigo y
sustento a todos los hombres (cf. Gn 1, 29; 2, 15).
129.
Proclamamos
la alegría del valor de nuestras familias en América Latina. Afirma el Papa
Benedicto XVI que la familia es “patrimonio de la humanidad, constituye uno de
los tesoros más importantes de los pueblos latinoamericanos y de El Caribe.
Ella ha sido y es escuela de la fe, palestra de valores humanos y cívicos,
hogar en que la vida humana nace y se acoge generosa y responsablemente… La
familia es insustituible para la serenidad personal y para la educación de sus
hijos”[40].
130.
Agradecemos
a Cristo que nos revela que “Dios es amor y vive en sí mismo un misterio
personal de amor”[41]
y optando por vivir en familia en medio de nosotros, la eleva a la dignidad de
‘Iglesia Doméstica’.
131.
Bendecimos
a Dios por haber creado al ser humano varón y mujer, aunque hoy se quiera
confundir esta verdad: “Creó Dios a los seres humanos a su imagen; a imagen de
Dios los creó, varón y mujer los creó” (Gn 1, 27). Pertenece a la naturaleza
humana el que el varón y la mujer busquen el uno en el otro su reciprocidad y
complementariedad.
132.
El
ser amados por Dios nos llena de alegría. El amor humano encuentra su plenitud
cuando participa del amor divino, del
amor de Jesús que se entrega solidariamente por nosotros en su amor pleno
hasta el fin (cf. Jn 13, 1; 15,9). El amor conyugal es la donación recíproca
entre un varón y una mujer, los esposos: es fecundo, fiel y exclusivo hasta la
muerte, abierto a la vida y a la educación de los hijos, asemejándose al amor
fecundo de la Santísima Trinidad[42].
El amor conyugal es asumido en el Sacramento del Matrimonio para significar la
unión de Cristo con su Iglesia, por eso en la gracia de Jesucristo encuentra su
purificación, alimento y plenitud (Cf. Ef 5, 25-33).
133.
En el
seno de una familia la persona descubre los motivos y el camino para pertenecer
a la familia de Dios. De ella recibimos la vida, la primera experiencia del
amor y de la fe. El gran tesoro de la educación de los hijos en la fe consiste
en la experiencia de una vida familiar que recibe la fe, la conserva, la
celebra, la trasmite y testimonia. Los padres deben tomar nueva conciencia de
su gozosa e irrenunciable responsabilidad en la formación integral de sus
hijos.
134.
Dios
ama nuestras familias, a pesar de tantas heridas y divisiones. La presencia
invocada de Cristo a través de la oración en familia nos ayuda a superar los
problemas, a sanar las heridas y abre caminos de esperanza. Muchos vacíos de
hogar pueden ser atenuados por servicios que presta la comunidad eclesial,
familia de familias.
3.4 La buena nueva de la actividad
humana
3.4.1 El trabajo
135. Alabamos a Dios porque en la belleza de la
creación, que es obra de sus manos, resplandece el sentido del trabajo como
participación de su tarea creadora y como servicio a los hermanos y hermanas.
Jesús, el carpintero (cf. Mc 6, 3), dignificó el trabajo y al trabajador y
recuerda que el trabajo no es un mero apéndice de la vida, sino que “constituye
una dimensión fundamental de la existencia del hombre en la tierra”[43],
por la cual el hombre y la mujer se realizan a sí mismos como seres humanos[44].
El trabajo garantiza la dignidad y la libertad del hombre, es probablemente “la
clave esencial de toda ‘la cuestión social’”[45].
136. Damos gracias a Dios porque su palabra nos
enseña que, a pesar de la fatiga que muchas veces acompaña al trabajo, el
cristiano sabe que éste, unido a la oración, sirve no sólo al progreso terreno,
sino también a la santificación personal y a la construcción del Reino de Dios[46].
El desempleo, la injusta remuneración del trabajo y el vivir sin querer
trabajar son contrarios al designio de Dios. El discípulo y el misionero, respondiendo
a este designio, promueven la dignidad del trabajador y del trabajo, el justo
reconocimiento de sus derechos y de sus deberes, y desarrollan la cultura del
trabajo y denuncian toda injusticia. La salvaguardia del domingo, como día de
descanso, de familia y culto al Señor, garantiza el equilibrio entre trabajo y
reposo. Corresponde a la comunidad crear estructuras que ofrezcan un trabajo a
las personas minusválidas según sus posibilidades[47].
137. Alabamos a Dios por los talentos, el
estudio y la decisión de hombres y mujeres para iniciar emprendimientos
generadores de trabajo y producción, que elevan la condición humana y el
bienestar de la sociedad. La actividad empresarial es buena y necesaria cuando
respeta la dignidad del trabajador, el cuidado del medio ambiente y se ordena
al bien común. Se pervierte cuando, buscando solo el lucro, atenta contra los
derechos de los trabajadores y la justicia.
138. Alabamos a Dios por quienes cultivan las
ciencias y la tecnología ofreciendo una inmensa cantidad de bienes y valores
culturales que han contribuido, entre otras cosas, a prolongar la expectativa
de vida y su calidad. Sin embargo, la ciencia y la tecnología no tienen las
respuestas a los grandes interrogantes de la vida humana. La respuesta última a
las cuestiones fundamentales del hombre sólo puede venir de una razón y ética
integrales iluminadas por la revelación de Dios. Cuando la verdad, el bien y la
belleza se separan; cuando la persona humana y sus exigencias fundamentales no
constituyen el criterio ético, la ciencia y la tecnología se vuelven contra el
hombre que las ha creado.
139. Hoy día las fronteras trazadas entre las
ciencias se desvanecen. Con este modo de comprender el diálogo, se sugiere la
idea de que ningún conocimiento es completamente autónomo. Esta situación le
abre un terreno de oportunidades a la teología para interactuar con las
ciencias sociales.
140.
Con
los pueblos originarios de América, alabamos al Señor que creó el universo como
espacio para la vida y la convivencia de todos sus hijos e hijas y nos los dejó
como signo de su bondad y de su belleza. También la creación es caridad,
manifestación del amor providente de Dios; nos ha sido entregada para que la
cuidemos y la transformemos en fuente de vida digna para todos. Aunque hoy se
ha generalizado una mayor valoración de la naturaleza, percibimos claramente de
cuantas maneras el hombre amenaza y aun destruye su ‘habitat’. “La hermana
nuestra madre tierra” es nuestra casa común[48]
y el lugar de la alianza de Dios con los seres humanos y con toda la creación.
Desatender las mutuas relaciones y el equilibrio que Dios mismo estableció
entre las realidades creadas, es una ofensa al Creador, un atentado contra la
biodiversidad y, en definitiva, contra la vida. El discípulo y misionero, a quien Dios le encargó la creación, debe
contemplarla, cuidarla y utilizarla, respetando siempre el orden que le dio el
Creador.
141. La mejor forma de respetar la naturaleza
es promover una ecología humana abierta a la trascendencia que respetando la
persona y la familia, los ambientes y las ciudades, sigue la indicación paulina
de recapitular todas las cosas en Cristo y de alabar con Él al Padre (cf. 1 Cor
3, 21-23). El Señor ha entregado el mundo para todos, para los de las
generaciones presentes y futuras. El destino universal de los bienes exige la
solidaridad con la generación presente y las futuras. Ya que los recursos son
cada vez más limitados, su uso debe estar regulado según un principio de
justicia distributiva respetando el desarrollo sostenible.
142.
Agradecemos
a Dios como discípulos y misioneros porque la mayoría de los Latino americanos
y Caribeños están bautizados. La providencia de Dios nos ha confiado el
precioso patrimonio de la pertenencia a
143.
Reconocemos
el don de la vitalidad de
CAPÍTULO 4
4.1 Llamados al seguimiento de
Jesucristo
144. Dios Padre sale de sí, por así decirlo, para llamarnos a participar de su
vida y de su gloria. Mediante Israel, pueblo que hace suyo, Dios nos revela su proyecto de
vida. Cada vez que Israel buscó y necesitó a su Dios, sobre todo en las
desgracias nacionales, tuvo una singular experiencia de comunión con Él, quien
lo hacía partícipe de su verdad, su vida y su santidad. Por ello, no demoró en
testimoniar que su Dios -a diferencia de los ídolos- es el “Dios vivo” (Dt 5,
26) que lo libera de los opresores (cf. Ex 3, 7-10), que perdona
incansablemente (cf. Ex 34, 6; Eclo 2, 11) y que restituye la salvación perdida
cuando el pueblo, envuelto “en las redes de la muerte” (Sal 116, 3), se dirige
a Él suplicante (cf. Is 38, 16). De este Dios –que es su Padre– Jesús afirmará
que “no es un Dios de muertos, sino de vivos” (Mc 12, 27).
145.
En
estos últimos tiempos nos ha hablado por medio de Jesús su Hijo (Hb 1, 1ss),
con quien llega la plenitud de los tiempos (cf. Gal 4, 4). Dios, que es Santo y
nos ama, nos llama por medio de Jesús a ser santos (cf. Ef 1, 4-5).
146. El llamamiento que hace Jesús, el Maestro,
conlleva una gran novedad. En la antigüedad los maestros invitaban a sus
discípulos a vincularse con algo trascendente, y los maestros de
147. Con la parábola de
148.
Jesús
los hace familiares suyos, porque comparte la misma vida que viene del Padre y
les pide, como a discípulos, una unión íntima con Él, obediencia a
149.
Como
discípulos y misioneros estamos llamados a intensificar nuestra respuesta de fe
y a anunciar que Cristo ha redimido todos los pecados y males de la humanidad,
“en el aspecto más paradójico de su misterio, la hora de la cruz. El grito de
Jesús: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15, 34) no delata
la angustia de un desesperado, sino la oración del Hijo que ofrece su vida al
Padre en el amor para la salvación de todos”[51].
150.
La
respuesta a su llamada exige entrar en la dinámica del Buen Samaritano (cf. Lc
10, 29-37), que nos da el imperativo de hacernos prójimos, especialmente con el
que sufre, y generar una sociedad sin excluidos siguiendo la practica de Jesús
que come con publicanos y pecadores (cf. Lc 5, 29-32) que acoge a los pequeños
y a los niños (cf. Mc 10, 13-16), que sana a los leprosos (cf. Mc 1, 40-45) que
perdona y libera a la mujer pecadora (cf. Lc 7, 36-49; Jn 8, 1-11), que habla
con
4.2 Configurados con el Maestro
151.
La
admiración por la persona de Jesús, su llamada y su mirada de amor buscan
suscitar una respuesta consciente y libre desde lo más íntimo del corazón del
discípulo, una adhesión de toda su persona al saber que Cristo lo llama por su
nombre (cf. Jn 10, 3). Es un “sí” que compromete radicalmente la libertad del
discípulo a entregarse a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida (cf. Jn 14, 6). Es
una respuesta de amor a quien lo amó primero “hasta el extremo” (cf. Jn 13, 1).
En este amor de Jesús madura la respuesta del discípulo: “Te seguiré
adondequiera que vayas” (Lc 9, 57).
152.
El
Espíritu Santo que el Padre nos regala nos identifica con Jesús-Camino,
abriéndonos a su misterio de salvación para que seamos hijos suyos y hermanos
unos de otros; nos identifica con Jesús-Verdad, enseñándonos a renunciar a
nuestras mentiras y propias ambiciones, y nos identifica con Jesús-Vida, permitiéndonos
abrazar su plan de amor y entregarnos para que otros “tengan vida en Él”.
153.
Para
configurarse verdaderamente con el Maestro es necesario asumir la centralidad
del Mandamiento del amor, que Él quiso llamar suyo y nuevo: “Ámense los unos a
los otros, como yo los he amado” (Jn 15, 12). Este amor, con la medida de
Jesús, de total don de sí, además de ser el distintivo de cada cristiano no
puede dejar de ser la característica de su Iglesia, comunidad discípula de
Cristo, cuyo testimonio de caridad fraterna será el primero y principal
anuncio, “reconocerán todos que son discípulos míos” (Jn 13, 35).
154.
En el
seguimiento de Jesucristo, aprendemos y practicamos las bienaventuranzas del
Reino, el estilo de vida del mismo Jesucristo: su amor y obediencia filial al
Padre, su compasión entrañable ante el dolor humano, su cercanía a los pobres y
a los pequeños, su fidelidad a la misión encomendada, su amor servicial hasta
el don de su vida. Hoy contemplamos a Jesucristo tal como nos lo transmiten los
Evangelios para conocer lo que Él hizo y para discernir lo que nosotros debemos
hacer en las actuales circunstancias.
155.
Identificarse
con Jesucristo es también compartir su destino: “Donde yo esté estará también
el que me sirve” (Jn 12, 26). El cristiano corre la misma suerte del Señor,
incluso hasta la cruz: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí
mismo, que cargue con su cruz y que me siga” (Mc 8, 34). Nos alienta el
testimonio de tantos misioneros y mártires de ayer y de hoy en nuestros pueblos
que han llegado a compartir la cruz de Cristo hasta la entrega de su vida.
156.
Imagen
espléndida de configuración al proyecto trinitario que se cumple en Cristo, es
157.
En
América Latina y El Caribe innumerables cristianos buscan configurarse con el
Señor al encontrarlo en la escucha orante de
4.3 Enviados a anunciar el
Evangelio del Reino de vida
158.
Jesús
con palabras y acciones, con su muerte y resurrección inaugura en medio de
nosotros el Reino de vida del Padre, que alcanzará su plenitud allí donde no
habrá más “muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor, porque todo lo antiguo ha
desaparecido” (Ap 21, 4). Durante su vida y con su muerte en cruz, Jesús
permanece fiel a su Padre y a su voluntad (cf. Lc 22, 42). Durante su
ministerio, los discípulos no fueron capaces de comprender que en un hombre
como Él, radicalmente coherente (cf. Mc 12, 14), el sentido de su vida sellaba
el sentido de su muerte. Mucho menos podían comprender que, según el designio
del Padre, la muerte del Hijo era fuente de vida fecunda para todos (cf. Jn 12,
23-24). El misterio pascual de Jesús es el acto de obediencia y amor al Padre y
de entrega por todos sus hermanos mediante el cual el Mesías dona plenamente
aquella vida que ofrecía en caminos y aldeas de Palestina. Por su sacrificio
voluntario, el Cordero de Dios pone su vida ofrecida en las manos del Padre
(cf. Lc 23, 46), quien lo hace salvación “para nosotros” (1 Cor 1, 30). Por el
misterio pascual, el Padre sella la nueva alianza y genera un nuevo pueblo que
tiene por fundamento su amor gratuito de Padre que salva.
159.
Al
llamar a los suyos para que lo sigan, les da un encargo muy preciso: anunciar
el evangelio del Reino a todas las naciones (cf. Mt 28, 19; Lc 24, 46-48). Por
esto, todo discípulo es misionero, pues Jesús lo hace partícipe de su misión al
mismo tiempo que lo vincula a él como amigo y hermano. De esta manera, como él
es testigo del misterio del Padre, así los discípulos son testigos de la muerte
y resurrección del Señor hasta que él vuelva. Cumplir este encargo no es una
tarea opcional, sino parte integrante de la identidad cristiana, porque es la
extensión testimonial de la vocación misma.
160.
Cuando
crece la conciencia de pertenencia a Cristo, en razón de la gratitud y alegría
que produce, crece también el ímpetu de comunicar a todos el don de ese
encuentro. La misión no se limita a un programa o proyecto, sino que es
compartir la experiencia del acontecimiento del encuentro con Cristo,
testimoniarlo y anunciarlo de persona a persona, de comunidad a comunidad, y de
161.
Benedicto
XVI nos recuerda que: “el discípulo, fundamentado así en la roca de
162.
Jesús
salió al encuentro de personas en situaciones muy diversas: hombres y mujeres,
pobres y ricos, judíos y extranjeros, justos y pecadores…, invitándolos a todos
a su seguimiento. Hoy sigue invitando a encontrar en Él el amor del Padre. Por
esto mismo el discípulo misionero ha de ser un hombre o una mujer que hace
visible el amor misericordioso del Padre, especialmente a los pobres y
pecadores.
163.
Al
participar de esta misión, el discípulo camina hacia la santidad. Vivirla en la
misión lo lleva al corazón del mundo. Por eso la santidad “no es una fuga hacia
el intimismo o hacia el individualismo religioso, tampoco un abandono de la
realidad urgente de los grandes problemas económicos, sociales y políticos de
América Latina y del mundo y, mucho menos, una fuga de la realidad hacia un
mundo exclusivamente espiritual”[53].
4.4 Animados por el Espíritu Santo
164.
Jesús,
al comienzo de su vida pública, después de su bautismo, fue conducido por
el Espíritu Santo al desierto para
prepararse a su misión (cf. Mc 1, 12-13) y, con la oración y el ayuno,
discernió la voluntad del Padre y venció las tentaciones de seguir otros
caminos. Ese mismo Espíritu acompañó a Jesús durante toda su vida (cf. Hch 10,
38). Una vez resucitado, comunicó su Espíritu vivificador a los suyos (cf. Hch
2, 33).
165.
A
partir de Pentecostés,
166.
167.
Jesús
nos transmitió las palabras de su Padre y es el Espíritu quien recuerda a
168.
Esta
realidad se hace presente en nuestra vida por obra del Espíritu Santo que
también, a través de los sacramentos, nos ilumina y vivifica. En virtud del
Bautismo y
CAPÍTULO 5
5.1 Llamados a vivir en comunión
169.
Jesús al inicio de su ministerio elige a los doce para
vivir en comunión con Él (cf. Mc 3, 14). Para favorecer la comunión y evaluar
la misión, Jesús
les pide: “Vengan ustedes solos a un lugar deshabitado, para descansar un poco”
(Mc 6, 31-32). En otras oportunidades se entretendrá con ellos para explicarles
el misterio del Reino (cf. Mc. 4, 11.33-34). De la misma manera se comporta con
el grupo de los setenta y dos discípulos (cf. Lc 10, 17-20). Al parecer, el
encuentro a solas indica que Jesús quiere hablarles al corazón (cf. Os 2, 14).
Hoy también el encuentro de los discípulos con Jesús en la intimidad es
indispensable para alimentar la vida comunitaria y la actividad misionera.
170.
Los
discípulos de Jesús están llamados a vivir en comunión con el Padre (1 Jn 1, 3)
y con su Hijo muerto y resucitado, en “la comunión en el Espíritu Santo” (2 Cor
13, 13). El misterio de
171.
La
vocación al discipulado misionero es con-vocación
a la comunión en su Iglesia. No hay discipulado sin comunión. Ante la
tentación, muy presente en la cultura actual de ser cristianos sin Iglesia y
las nuevas búsquedas espirituales individualistas, afirmamos que la fe en
Jesucristo nos llegó a través de la comunidad eclesial y ella “nos da una
familia, la familia universal de Dios en
172.
Al recibir la fe y el bautismo, los cristianos acogemos
la acción del Espíritu Santo que lleva a confesar a Jesús como Hijo de Dios y a
llamar a Dios “Abba”. Todos los bautizados y bautizadas de América Latina y El
Caribe “a través del sacerdocio común del Pueblo de Dios”[57],
estamos llamados a vivir y trasmitir la comunión con
173.
Al igual que las primeras comunidades de cristianos, hoy
nos reunimos asiduamente para “escuchar la enseñanza de los apóstoles, vivir
unidos y participar en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2, 42). La
comunión de
174.
175.
176.
177.
La diversidad de carismas, ministerios y servicios abre
el horizonte para el ejercicio cotidiano de la comunión a través de la cual los
dones del Espíritu son puestos a disposición de los demás para que circule la
caridad (cf. 1 Cor 12, 4-12). Cada bautizado, en efecto, es portador de dones
que debe desarrollar en unidad y complementariedad con los de los otros, a fin
de formar el único Cuerpo de Cristo, entregado para la vida del mundo. El
reconocimiento práctico de la unidad orgánica y la diversidad de funciones
asegurará mayor vitalidad misionera y será signo e instrumento de
reconciliación y paz para nuestros pueblos. Cada comunidad está llamada a
descubrir e integrar los talentos escondidos y silenciosos que el Espíritu
regala a los fieles.
178.
En el pueblo de Dios “la comunión y la misión están
profundamente unidas entre sí… La comunión es misionera y la misión es para la
comunión”[66].
En las iglesias particulares todos los miembros del pueblo de Dios, según sus
vocaciones específicas, estamos convocados a la santidad en la comunión y la
misión.
5.2 Lugares eclesiales para la
comunión
5.2.1 La diócesis, lugar
privilegiado de la comunión
179.
La
vida en comunidad es esencial a la vocación cristiana. El discipulado y la
misión siempre suponen la pertenencia a una comunidad. Dios no quiso salvarnos
aisladamente, sino formando un Pueblo[67].
Este es un aspecto que distingue la vivencia de la vocación cristiana de un
simple sentimiento religioso individual. Por eso la experiencia de fe siempre
se vive en una Iglesia Particular.
180.
Reunida
y alimentada por
181.
182.
La
maduración en el seguimiento de Jesús y la pasión por anunciarlo requieren que
183.
184.
5.2.2
185.
Entre
las comunidades eclesiales en las que viven y se forman los discípulos
misioneros de Jesucristo sobresalen las Parroquias. Ellas son células vivas de
la Iglesia[71] y el lugar privilegiado
en el que la mayoría de los fieles tienen una experiencia concreta de Cristo y
la comunión eclesial[72].
Uno de los anhelos más grandes que se ha expresado en las Iglesias de América
Latina con motivo de la preparación de
186.
Todos
los miembros de la comunidad parroquial son responsables de la evangelización
de los hombres y mujeres en cada ambiente. El Espíritu Santo que actúa en
Jesucristo es también enviado a todos en cuanto miembros de la comunidad,
porque su acción no se limita al ámbito individual, sino que abre siempre a las
comunidades a la tarea misionera, así como ocurrió en Pentecostés (cf. Hch 2,
1-13).
187.
La
renovación de las parroquias al inicio del tercer milenio exige reformular sus
estructuras, para que sea una red de comunidades y grupos capaz de articularse
logrando que los participantes se sientan y sean realmente discípulos y
misioneros de Jesucristo en comunión. Desde la parroquia hay que anunciar lo
que Jesucristo “hizo y enseñó” (Hch 1, 1) mientras estuvo con nosotros. Su
Persona y su obra son la buena noticia de salvación anunciada por los ministros
y testigos de
188.
189.
Los
mejores esfuerzos de las parroquias en este inicio del tercer milenio deben
estar en la convocatoria y en la formación de laicos misioneros. Solamente a
través de la multiplicación de ellos podremos llegar a responder a las
exigencias misioneras del momento actual. También es importante recordar que el
campo especifico de la actividad evangelizadora laical es el complejo mundo del
trabajo, la cultura, las ciencias y las artes, la política, los medios de
comunicación y la economía, así como los ámbitos de la familia, la educación,
la vida profesional, sobre todo en los contextos donde
190.
Siguiendo
el ejemplo de la primera comunidad cristiana (cf. Hch 2, 46-47), la comunidad
parroquial se reúne para partir el pan de
a)
b)
En el
Bautismo: la incorporación de un nuevo miembro.
c)
En
d)
En
e)
En
f)
En el
sacramento del Orden: la opción de algunos cristianos de ponerse
definitivamente al servicio pastoral de sus hermanos, una vez llamados por el
Obispo.
g)
En el
Matrimonio: el amor esponsal que como gracia de Dios germina y crece hasta la
madurez y la donación total.
h)
Recordando
que
191.
192.
SS.
Benedicto XVI nos recuerda que “el amor a
5.2.3 Comunidades Eclesiales de
Base y Pequeñas comunidades
193.
En la
experiencia eclesial de América Latina y El Caribe, las Comunidades Eclesiales
de Base con frecuencia han sido verdaderas escuelas que forman discípulos y
misioneros del Señor, como testimonia la entrega generosa, hasta derramar su
sangre, de tantos miembros suyos. Ellas recogen la experiencia de las primeras
comunidades, como están descritas en los Hechos de los Apóstoles (cf. Hch
2,42-47). Medellín reconoció en ellas una célula inicial de estructuración
eclesial y foco de evangelización. Arraigadas en el corazón del mundo, son
espacios privilegiados para la vivencia comunitaria de la fe, manantiales de
fraternidad y de solidaridad, alternativa a la sociedad actual fundada en el
egoísmo y en la competencia despiadada.
194.
Queremos
decididamente reafirmar y dar nuevo impulso a la vida y misión profética y
santificadora de las CEBs, en el seguimiento misionero de Jesús. Ellas han sido
una de las grandes manifestaciones del Espíritu en
195.
Las
Comunidades Eclesiales de Base, en comunión con su obispo y el proyecto de
pastoral diocesana, son un signo de vitalidad en
196.
Junto
a las CEBs, hay otras variadas formas de pequeñas comunidades eclesiales,
grupos de vida, de oración y de reflexión de
5.2.4 Las Conferencias Episcopales
y la comunión entre las Iglesias
197.
Los
obispos, además del servicio a la comunión que prestan en sus Iglesias
particulares, ejercen este oficio junto con las otras iglesias diocesanas. De este
modo realizan y manifiestan el vínculo de comunión que las une entre sí. Esta
experiencia de comunión episcopal, sobre todo después del Concilio Vaticano II,
debe entenderse como un encuentro con
Cristo vivo, presente en los hermanos que están reunidos en su nombre”[78]. Para crecer en esa
fraternidad y en la corresponsabilidad pastoral, los obispos deben cultivar la espiritualidad de la comunión en
orden a acrecentar los vínculos de colegialidad que los unen a los demás
obispos de su propia Conferencia, pero también a todo el Colegio Episcopal y a
198.
El
Pueblo de Dios se construye como una comunión de Iglesias particulares y, a
través de ellas, como un intercambio entre las culturas. En este marco, los
obispos y las Iglesias locales expresan su solicitud por todas las Iglesias,
especialmente por las más cercanas, reunidas en las provincias eclesiásticas,
las conferencias regionales, y otras formas de asociación interdiocesana en el
interior de cada Nación o entre países de una misma Región o Continente. Estas
variadas formas de comunión estimulan con vigor las “relaciones de hermandad
entre las diócesis y las parroquias”[79]
y fomentan “una mayor cooperación entre las iglesias hermanas”[80].
199.
El
CELAM es un organismo eclesial de fraterna colegialidad episcopal, cuya
preocupación fundamental es colaborar para la evangelización del Continente. A
lo largo de sus 50 años ha brindado servicios muy importantes a las
Conferencias Episcopales y a nuestras Iglesias Particulares, entre los que
destacamos las Conferencias Generales, los Encuentros Regionales, los
Seminarios de estudio, el ITEPAL y el CEBIPAL. El resultado de todo este
esfuerzo es una sentida fraternidad entre los Obispos del Continente y una
reflexión teológica y un lenguaje pastoral común que favorece la comunión y el
intercambio entre las Iglesias.
5.3 Discípulos misioneros con
vocaciones específicas
200.
La
condición del discípulo brota de Jesucristo como de su fuente por la fe y el
bautismo y crece en
201.
En el
fiel cumplimiento de su vocación bautismal el discípulo ha de tener en cuenta
los desafíos que el mundo de hoy le presenta a
5.3.1 Los obispos, discípulos
misioneros de Jesús Sumo Sacerdote
202.
Los
obispos, como sucesores de los apóstoles junto con el Sumo Pontífice y bajo su
autoridad[81], con fe y esperanza hemos
aceptado la vocación de servir al Pueblo de Dios conforme al corazón de Cristo
Buen Pastor. Junto con todos los fieles y en virtud del bautismo somos, ante
todo, discípulos y miembros del Pueblo de Dios. Como todos los bautizados, y
junto con ellos, queremos seguir a Jesús, Maestro de vida y de verdad, en la
comunión de
203.
El
Señor nos llama a promover por todos los medios la caridad y la santidad de los
fieles. Nos empeñamos para que el pueblo de Dios crezca en la gracia mediante
los sacramentos presididos por nosotros mismos y por los demás ministros
ordenados. Estamos llamados a ser maestros de la fe y, por tanto, a anunciar
204.
Los
Obispos, como pastores, estamos llamados a “hacer de
205.
Para
crecer en estas actitudes, los obispos hemos de procurar la unión constante con
el Señor, cultivar la espiritualidad de la comunión con todos los que creen en
Cristo y promover los vínculos de colegialidad que los unen al Colegio
Episcopal, particularmente con su cabeza, el Obispo de Roma. No podemos olvidar
que el obispo es principio y constructor de la unidad de su Iglesia particular
y santificador de su pueblo, testigo de esperanza y padre de los fieles,
especialmente de los pobres, y que su principal tarea es ser anunciador de
206.
Todo
el pueblo de Dios debe agradecer a los Obispos eméritos que como pastores han
entregado su vida al servicio del Reino, siendo discípulos y misioneros. A
ellos los acogemos con cariño y aprovechamos su vasta experiencia apostólica
que todavía puede producir muchos frutos. Ellos mantienen profundos vínculos
con las diócesis que les fueron confiadas a las que están unidas por su caridad
y su oración.
5.3.2 Los presbíteros, discípulos
misioneros de Jesús Buen Pastor
5.3.2.1 Identidad y misión de los
presbíteros
207.
Valoramos
y agradecemos con gozo que la inmensa mayoría de los presbíteros vivan su
ministerio con fidelidad y sean modelo para los demás, que saquen tiempo para
su formación permanente, que cultiven una vida espiritual que estimula a los
demás presbíteros, centrada en la escucha de
208.
Una
mirada a nuestro momento actual nos muestra situaciones que afectan y desafían
la vida y el ministerio de nuestros presbíteros. Entre otras, la identidad
teológica del ministerio presbiteral, su inserción en la cultura actual y
situaciones que inciden en su existencia.
209.
El
primero dice relación con la identidad teológica del ministerio presbiteral. El
Concilio Vaticano II establece el sacerdocio ministerial al servicio del
sacerdocio común de los fieles, y cada uno a su manera participan del único
sacerdocio de Cristo[84].
Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, nos ha redimido y nos ha participado su vida
divina. En Él, somos todos hijos del mismo Padre y hermanos entre nosotros,
también los presbíteros. Antes que padre el presbítero es un hermano. Esta
dimensión fraterna debe transparentarse en el ejercicio pastoral y superar la
tentación del autoritarismo que lo aísla de la comunidad y de la colaboración
con los demás miembros de
210.
El
segundo desafío se refiere al ministerio del presbítero inserto en la cultura actual.
El presbítero está llamado a conocerla para sembrar en ella la semilla del
Evangelio, es decir, para que el mensaje de Jesús llegue a ser una
interpelación válida, comprensible, esperanzadora y relevante para la vida del
hombre y de la mujer de hoy, especialmente para los jóvenes. Este desafío
incluye la necesidad de potenciar adecuadamente la formación inicial y
permanente de los presbíteros, en las sus cuatro dimensiones humana,
espiritual, intelectual y pastoral[85].
211.
El
tercer desafío se refiere a los aspectos vitales y afectivos, al celibato y a
una vida espiritual intensa fundada en la experiencia de Dios; asimismo al
cultivo de relaciones fraternas con los demás presbíteros, con el obispo y con
los laicos. Para que el ministerio del presbítero sea coherente y testimonial,
éste debe amar y realizar su tarea pastoral en comunión con el obispo y con sus
pares. El ministerio sacerdotal que brota del Orden Sagrado tiene una “radical
forma comunitaria” y sólo puede ser desarrollado como una “tarea colectiva”[86].
212.
En
particular el presbítero es invitado a valorar, como un don de Dios, el
celibato que le posibilita una especial configuración con el estilo de vida del
propio Cristo y lo hace signo de su caridad pastoral en la entrega a Dios y a
los hombres con corazón pleno e indiviso. “En efecto, esta opción del sacerdote
es una expresión peculiar de la entrega que lo configura con Cristo y de la
entrega de sí mismo por el Reino de Dios”[87].
El celibato pide asumir con madurez la propia afectividad y sexualidad, viviéndolas
con serenidad y alegría en un camino comunitario[88].
213.
Otros
desafíos son de carácter estructural, como por ejemplo la existencia de
parroquias demasiado grandes que dificultan el ejercicio de una pastoral
adecuada, parroquias muy pobres que hacen que los pastores se dediquen a otras
tareas para poder subsistir, parroquias situadas en sectores de extrema
violencia e inseguridad y la falta y mala distribución de presbíteros en las
Iglesias del continente.
214.
El
presbítero, a imagen del Buen Pastor, está llamado a ser hombre de la
misericordia y la compasión, cercano a su pueblo y servidor de todos,
particularmente de los que sufren grandes necesidades. La caridad pastoral,
fuente de la espiritualidad sacerdotal, anima y unifica su vida y ministerio. Consciente
de sus limitaciones valora la pastoral orgánica y se inserta con gusto en su
presbiterio.
215.
El
Pueblo de Dios siente la necesidad de presbíteros-discípulos: que tengan una
profunda experiencia de Dios, configurados con el corazón del Buen Pastor, dóciles
a las mociones del Espíritu, que se nutran de
216.
Todo
esto requiere que en las diócesis y las Conferencias Episcopales desarrollen
una pastoral presbiteral que privilegie la espiritualidad específica y la
formación permanente e integral de los sacerdotes. Es oportuno señalar la
complementariedad entre la formación iniciada en el Seminario y el proceso
formativo que abarca las diversas etapas de vida del presbítero.
5.3.2.2 Los párrocos, animadores de
una comunidad de discípulos misioneros
217.
La
renovación de la parroquia exige actitudes nuevas en los párrocos y en los
sacerdotes que están al servicio de ella. La primera exigencia es que el
párroco sea un auténtico discípulo de Jesucristo, porque sólo un sacerdote
enamorado del Señor puede renovar una parroquia. Pero al mismo tiempo, debe ser
un ardoroso misionero que vive el constante anhelo de buscar a los alejados y
no se contenta con la simple administración.
218.
Pero,
sin duda, no basta la entrega generosa del sacerdote y de las comunidades de
religiosos. Se requiere que todos los laicos se sientan corresponsables en la
formación de los discípulos y en la misión. Esto supone que los párrocos sean
promotores y animadores de la diversidad misionera y que dediquen tiempo
generosamente al sacramento de la reconciliación. Una parroquia renovada
multiplica las personas que prestan servicios y acrecienta los ministerios.
Igualmente en este campo se requiere imaginación para encontrar respuesta a los
muchos y siempre cambiantes desafíos que plantea la realidad, exigiendo nuevos
servicios y ministerios. La integración de todos ellos en la unidad de un único
proyecto evangelizador es esencial para asegurar una comunión misionera.
219.
Una
parroquia, comunidad de discípulos misioneros, requiere organismos que superen
cualquier clase de burocracia. Los Consejos Pastorales Parroquiales tendrán que
estar formados por discípulos misioneros constantemente preocupados por llegar
a todos. El Consejo de Asuntos Económicos junto a toda la comunidad parroquial,
trabajará para obtener los recursos necesarios, de manera que la misión avance
y se haga realidad en todos los ambientes. Estos y todos los organismos han de
estar animados por una espiritualidad de comunión misionera: “Sin este camino
espiritual de poco servirían los instrumentos externos de la comunión. Se
convertirían en medios sin alma, máscaras de comunión más que sus modos de
expresión y crecimiento”[90].
220.
Dentro
del territorio parroquial, la familia cristiana es la primera y más básica
comunidad eclesial. En ella se viven y se transmiten los valores fundamentales
de la vida cristiana. Se la llama “Iglesia Doméstica”[91].
Allí los padres son los primeros transmisores de la fe a sus hijos,
enseñándoles a través del ejemplo y la palabra, a ser verdaderos discípulos
misioneros. Al mismo tiempo, cuando esta experiencia de discipulado misionero
es auténtica, “una familia se hace evangelizadora de muchas otras familias y
del ambiente en que ella vive”[92].
Esto opera en la vida diaria “dentro y a través de los hechos, las
dificultades, los acontecimientos de la existencia de cada día”[93].
El Espíritu que todo lo hace nuevo actúa aun dentro de situaciones irregulares
en las que se realiza un proceso de transmisión de la fe, pero hemos de
reconocer que, en las actuales circunstancias, a veces este proceso se
encuentra dificultado.
5.3.3 Los diáconos permanentes,
discípulos misioneros de Jesús Servidor
221.
Algunos
discípulos y misioneros del Señor son llamados a servir a
222.
Cada
diácono permanente debe cultivar esmeradamente su inserción en el cuerpo
diaconal y una estrecha relación con su obispo, los presbíteros y demás
miembros del pueblo de Dios. Cuando están al servicio de una parroquia, es
necesario que los diáconos y presbíteros busquen el diálogo y trabajen en
comunión.
223.
Ellos
deben recibir una adecuada formación humana, espiritual, doctrinal y pastoral
con programas adecuados, que tengan en cuenta -en el caso de los que están
casados- a la esposa y su familia. Su formación los habilitará a ejercer con
fruto su ministerio en los campos de la evangelización, de la vida de las
comunidades, de la liturgia y de la acción social, especialmente con los más
necesitados, dando testimonio así de Cristo servidor al lado de los enfermos,
de los que sufren, de los migrantes y refugiados, de los excluidos y de las
víctimas de la violencia y encarcelados.
224.
La
presencia numérica de los diáconos permanentes ha crecido significativamente en
nuestras iglesias, aunque con desigual desarrollo y valoración.
5.3.4 Los fieles laicos y laicas,
discípulos y misioneros de Jesús Luz del mundo
225.
Los
fieles laicos son “los cristianos que están incorporados a Cristo por el
bautismo, que forman el pueblo de Dios y participan de las funciones de Cristo:
sacerdote, profeta y rey. Ellos realizan, según su condición, la misión de todo
el pueblo cristiano en el Iglesia y en el mundo”[94].
Son “hombres de
226.
Su
misión propia y específica se realiza en el mundo, de tal modo que con su
testimonio y su actividad contribuyan a la transformación de las realidades y
la creación de estructuras justas según los criterios del Evangelio. “El ámbito
propio de su actividad evangelizadora es el mismo mundo vasto y complejo de la
política, de realidad social y de la economía, como también el de la cultura,
de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los ‘mass media’,
y otras realidades abiertas a la evangelización, como son el amor, la familia,
la educación de los niños y adolescentes, el trabajo profesional y el
sufrimiento”[96]. Además, tienen el deber
de hacer creíble la fe que profesan mostrando autenticidad y coherencia en su
conducta.
227.
Los
laicos también están llamados a participar en la acción pastoral de
228.
Para
cumplir su misión con responsabilidad personal, los laicos necesitan una sólida
formación doctrinal, pastoral, espiritual y un adecuado acompañamiento para dar
testimonio de Cristo y de los valores del Reino en el ámbito de la vida social,
económica, política y cultural.
229.
Hoy
toda
230.
En
este contexto, el fortalecimiento de variadas asociaciones laicales,
movimientos apostólicos eclesiales e itinerarios de formación cristiana y
comunidades eclesiales y nuevas comunidades, que deben ser apoyados por los
pastores, son un signo esperanzador. Ellos ayudan a que muchos bautizados y
muchos grupos misioneros asuman con mayor responsabilidad su identidad
cristiana y colaboren más activamente en la misión evangelizadora. En las
últimas décadas, varias asociaciones y movimientos apostólicos laicales han
desarrollado un fuerte protagonismo. Es por ello que un adecuado
discernimiento, animación, coordinación y conducción pastoral, sobre todo de
parte de los sucesores de los Apóstoles, contribuirá a ordenar este don para la
edificación de la única Iglesia[100].
231.
Reconocemos
el valor y la eficacia de los Consejos parroquiales, Consejos diocesanos y nacionales de fieles Laicos, porque
incentivan la comunión y la participación en
5.3.5 Los consagrados y
consagradas, discípulos misioneros de Jesús Testigo del Padre
232. La vida consagrada es un don del Padre por
medio del Espíritu a su Iglesia[101],
y constituye un elemento decisivo para su misión[102].
Se expresa en la vida monástica, contemplativa y activa, los institutos
seculares, las sociedades de vida apostólica y otras nuevas formas. Es un
camino de especial seguimiento de Cristo, para dedicarse a él con un corazón
indiviso, y ponerse, como Él, al servicio de Dios y de la humanidad, asumiendo
la forma de vida que Cristo escogió para venir a este mundo: una vida virginal,
pobre y obediente[103].
233.
En
comunión con los Pastores, los consagrados y consagradas son llamados a hacer
de sus lugares de presencia, de su vida comunitaria y de sus obras, espacios de
anuncio explícito del Evangelio, principalmente a los más pobres, como lo han
hecho en nuestro continente desde el inicio de la evangelización. De este modo
colaboran, según sus carismas fundacionales con la gestación de una nueva
generación de cristianos discípulos y misioneros y de una sociedad en la que se
respete la justicia y la dignidad de la persona humana.
234.
Desde
su ser, la vida consagrada está llamada a ser experta en comunión, tanto al
interior de
235.
En un
continente en el cual se manifiestan serias tendencias de secularización, la
vida consagrada está llamada a dar testimonio de la absoluta primacía de Dios y
de su Reino. Ella se convierte en testigo del Dios de la vida en una realidad
que relativiza su valor (obediencia), es testigo de libertad frente al mercado
y a las riquezas que valoran a las personas por el tener (pobreza), y es
testigo de una entrega en el amor radical y libre a Dios y a la humanidad
frente a la erotización y banalización de las relaciones (castidad).
236.
En la actualidad de América Latina y El Caribe, la vida consagrada
está llamada a ser una vida discipular,
apasionada por Jesús-camino al Padre misericordioso, por lo mismo, de carácter
profundamente mística y comunitaria. Está llamada a ser una vida misionera, apasionada por el anuncio
de Jesús-verdad del Padre, por lo mismo, radicalmente profética, capaz de
mostrar a la luz de Cristo las sombras del mundo actual y los senderos de vida
nueva, para lo que se requiere un profetismo que aspire hasta la entrega de la
vida en continuidad con la tradición de santidad y martirio de tantas y tantos
consagrados a lo largo de la historia del continente. Y al servicio del mundo,
apasionada por Jesús-vida del Padre, que se hace presente en los más pequeños y
en los últimos a quienes sirve desde el propio carisma y espiritualidad.
237.
De manera especial, América Latina y El Caribe necesitan de la vida
contemplativa, testigo de que sólo Dios basta para llenar la vida de sentido y
de gozo. “En un mundo que va perdiendo el sentido de lo divino, ante la
supervaloración de lo material, ustedes queridas religiosas, comprometidas
desde sus claustros en ser testigos de unos valores por los que viven, sean
testigos del Señor para el mundo de hoy, infundan con su oración un nuevo soplo
de vida en
238.
El
Espíritu Santo sigue suscitando nuevas formas de vida consagrada en
239.
Las
Confederaciones de Institutos Seculares (CISAL)
y de religiosas y religiosos (CLAR) y
sus Conferencias Nacionales son estructuras de servicio y de animación que, en
mutua relación con los Pastores, en comunión y diálogo fecundo y amistoso[105],
están llamadas a estimular a sus miembros a realizar la misión como discípulos
y misioneros al servicio de Reino de Dios.
240.
Los
pueblos latinoamericanos y caribeños esperan mucho de la vida consagrada,
especialmente del testimonio y aporte de las religiosas contemplativas y de
vida apostólica que, junto a los demás hermanos religiosos, miembros de
Institutos Seculares y Sociedades de Vida Apostólica, muestran el rostro
materno de
5.4 Los que han dejado
241.
Según
nuestra experiencia pastoral muchas veces la gente sincera que sale de nuestra
Iglesia no lo hace por lo que los grupos “no católicos” creen, sino
fundamentalmente por lo que ellos viven; no por razones doctrinales sino
vivenciales; no por motivos estrictamente dogmáticos, sino pastorales; no por
problemas teológicos sino metodológicos de nuestra Iglesia. En verdad, mucha
gente que pasa a otros grupos religiosos no está buscando salirse de nuestra
Iglesia sino que está buscando sinceramente a Dios.
242.
Hemos
de reforzar en nuestra Iglesia cuatro ejes:
a) La
experiencia religiosa. En
nuestra Iglesia debemos ofrecer a todos nuestros fieles un “encuentro personal
con Jesucristo”, una experiencia religiosa profunda e intensa, un anuncio
kerigmático y el testimonio personal de los evangelizadores, que lleve a una
conversión personal y a un cambio de vida integral.
b)
c) La
formación bíblico-doctrinal. Junto con una fuerte experiencia religiosa y una destacada convivencia
comunitaria, nuestros fieles necesitan profundizar el conocimiento de
d) El
compromiso misionero de toda la comunidad. Ella sale al encuentro de los alejados, se interesa
de su situación, a reencantarlos con
5.5 Diálogo ecuménico e
interreligioso
5.5.1 Diálogo ecuménico para que el
mundo crea
243.
La
comprensión y la práctica de la eclesiología de comunión nos conduce al dialogo
ecuménico. La relación con los hermanos y hermanas bautizados de otras iglesias
y comunidades eclesiales es un camino irrenunciable para el discípulo y
misionero[107], pues la falta de unidad
representa un escándalo, un pecado y un atraso del cumplimiento del deseo de
Cristo: “Que todos sean uno, lo mismo que lo somos tu y yo, Padre y que también
ellos vivan unidos a nosotros para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn
17, 21).
244.
El
ecumenismo no se justifica por una exigencia simplemente sociológica sino
evangélica, trinitaria y bautismal: “expresa la comunión real, aunque
imperfecta” que ya existe entre “los que fueron regenerados por el bautismo” y
el testimonio concreto de fraternidad[108].
El magisterio insiste en el carácter trinitario y bautismal del esfuerzo
ecuménico, donde el diálogo emerge como actitud espiritual y práctica, en un
camino de conversión y reconciliación. Solo así llegará “el día en que podremos
celebrar, junto con todos los que creen en Cristo, la divina Eucaristía”[109].
Una vía fecunda para avanzar hacia la comunión es recuperar en nuestras
comunidades el sentido del compromiso del Bautismo.
245.
Hoy
se hace necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los padres de
246.
A
veces olvidamos que la unidad es ante todo un don del Espíritu Santo, y oramos
poco por esta intención. “Esta conversión del corazón y esta santidad de vida,
juntamente con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los
cristianos, han de considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico y
con razón puede llamarse ecumenismo espiritual”[110].
247.
Hace
más de cuarenta años el Concilio Vaticano II reconoció la acción del Espíritu
Santo en el movimiento por la unidad de los cristianos. Desde entonces hemos
recogido muchos frutos. En este campo necesitamos más agentes de diálogo y
mejor calificados. Es bueno hacer más conocidas las declaraciones que la propia
Iglesia Católica ha suscrito en el campo del ecumenismo desde el Concilio. Los
diálogos bilaterales y multilaterales han producido buenos frutos. También es
oportuno estudiar el Directorio ecuménico
y sus consecuencias para la catequesis, la liturgia, la formación presbiteral y
la pastoral[111]. La movilidad humana,
característica del mundo de hoy, puede ser ocasión propicia del dialogo
ecuménico de la vida[112].
248.
En
nuestro contexto, el surgimiento de nuevos grupos religiosos, más la tendencia
a confundir el ecumenismo con el diálogo interreligioso, han obstaculizado el
logro de mayores frutos en el diálogo ecuménico, Por lo mismo alentamos a los
ministros ordenados, a los laicos y a la vida consagrada a participar de
organismos ecuménicos y realizar acciones conjuntas en los diversos campos de
la vida eclesial, pastoral y social. En efecto, el contacto ecuménico favorece
la estima recíproca, convoca a la escucha común de la palabra de Dios y llama a
la conversión a los que se declaran discípulos y misioneros de Jesucristo.
Esperamos que la promoción de la unidad de los cristianos, asumida por las
Conferencias Episcopales, se consolide y fructifique bajo la luz del Espíritu
Santo.
249.
En
esta nueva etapa evangelizadora, queremos que el diálogo y la cooperación ecuménica
se encaminen a suscitar nuevas formas de discipulado y misión en comunión. Cabe
observar que donde se establece el diálogo diminuye el proselitismo, crece el
conocimiento recíproco, el respeto y se abren posibilidades de testimonio
común. Un paso en esta dirección es el encuentro con interlocutores
pentecostales responsables y fraternos que comparten la estima, la oración y el
estudio.
250.
Como
respuesta generosa a la oración del Señor “que todos sean uno” (Jn 17, 21), los
Papas nos han animado a avanzar pacientemente en el camino de la unidad. Juan
Pablo II nos exhorta: “En el valiente camino hacia la unidad, la claridad y
prudencia de la fe nos llevan a evitar el falso irenismo y el desinterés por
las normas de
5.5.2 Relación con el judaísmo y
diálogo interreligioso
251.
Reconocemos
con gratitud los lazos que nos relacionan con el pueblo judío, con el cual nos
une la fe en el único Dios y su Palabra revelada en el Antiguo Testamento[115].
Son nuestros “hermanos mayores” en la fe de Abraham, Isaac y Jacob. Nos duele
la historia de desencuentros que han sufrido, también en nuestros países. Son
muchas las causas comunes que en la actualidad reclaman mayor colaboración y
aprecio mutuo.
252.
Por
el soplo del Espíritu Santo y otros medios de Dios conocidos, la gracia de
Cristo puede alcanzar a todos los que Él redimió, más allá de la comunidad
eclesial, todavía de modos diferentes[116].
Explicitar y promover esta salvación ya operante en el mundo es una de las
tareas de
253.
El
diálogo interreligioso, en especial
con las religiones monoteístas, se fundamenta justamente en la misión que
Cristo nos confió, solicitando la sabia articulación entre el anuncio y el diálogo como elementos constitutivos de la
evangelización[117].
Con tal actitud,
254.
Aún
cuando el subjetivismo y la identidad poco definida de ciertas propuestas
dificulten los contactos, eso no nos permite abandonar el compromiso y la
gracia del diálogo[120].
En lugar de desistir, hay que invertir en el conocimiento de las religiones, en
el discernimiento teológico-pastoral y en la formación de agentes competentes
para el diálogo interreligioso, atendiendo a las diferentes visiones religiosas
presentes en las culturas de nuestro continente. El diálogo interreligioso no
significa que se deje de anunciar
255.
El
diálogo interreligioso, además de su carácter teológico, tiene un especial
significado en la construcción de la nueva humanidad: abre caminos inéditos de
testimonio cristiano, promueve la libertad y dignidad de los pueblos, estimula
la colaboración por el bien común, supera la violencia motivada por actitudes
religiosas fundamentalistas, educa a la paz y a la convivencia ciudadana: es un
campo de bienaventuranzas en la huella de
CAPÍTULO 6
6.1 Una espiritualidad trinitaria del encuentro con Jesucristo
256. Una auténtica propuesta de encuentro con
Jesucristo debe establecerse sobre el sólido fundamento de
257.
Es
Dios Padre quien nos atrae por medio de la entrega eucarística de su Hijo (cf.
Jn 6, 44), don de amor con el que salió al encuentro de sus hijos, para que,
renovados por la fuerza del Espíritu, lo podamos llamar Padre: “Cuando llegó la
plenitud de los tiempos, Dios envió a su propio Hijo, nacido de una mujer,
nacido bajo el dominio de la ley, para liberarnos del dominio de la ley y hacer
que recibiéramos la condición de hijos adoptivos de Dios. Y porque ya somos sus
hijos, Dios mandó el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, y el Espíritu
clama: ¡Abbá! ¡Padre!” (Gál 4, 4-5). Se trata de una nueva creación, donde el
amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, renueva la vida de las
criaturas.
258.
En la
historia de amor trinitario, Jesús de Nazaret, hombre como nosotros y Dios con
nosotros, muerto y resucitado, nos es dado como Camino, Verdad y Vida. En el
encuentro de fe con el inaudito realismo de su Encarnación, hemos podido oír,
ver con nuestros ojos, contemplar y palpar con nuestras manos
6.1.1 El encuentro con Jesucristo
259.
El
acontecimiento de Cristo es, por lo tanto, el inicio de ese sujeto nuevo que
surge en la historia y al que llamamos discípulo: “No se comienza a ser
cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un
acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con
ello, una orientación decisiva”[122].
Esto es justamente lo que, con presentaciones diferentes, nos han conservado
todos los evangelios como el inicio del cristianismo: un encuentro de fe con la
persona de Jesús (cf. Jn. 1, 35-39).
260.
La
naturaleza misma del cristianismo consiste, por lo tanto, en reconocer la
presencia de Jesucristo y seguirlo. Esa fue la hermosa experiencia de aquellos
primeros discípulos que, encontrando a Jesús, quedaron fascinados y llenos de
estupor ante la excepcionalidad de quien les hablaba, ante el modo cómo los
trataba, correspondiendo al hambre y sed de vida que había en sus corazones. El
evangelista Juan nos ha dejado plasmado el impacto que produjo la persona de
Jesús en los dos primeros discípulos que lo encontraron, Juan y Andrés. Todo
comienza con una pregunta: “¿qué buscan?” (Jn 1, 38). A esa pregunta siguió la
invitación a vivir una experiencia: “vengan y lo verán” (Jn 1, 39). Esta
narración permanecerá en la historia como síntesis única del método cristiano.
261.
En el
hoy de nuestro continente latinoamericano, se levanta la misma pregunta llena
de expectativa: “Maestro, ¿dónde vives?” (Jn 1, 38), ¿dónde te encontramos de
manera adecuada para “abrir un auténtico proceso de conversión, comunión y
solidaridad?”[123] ¿Cuáles son los lugares,
las personas, los dones que nos hablan de ti, nos ponen en comunión contigo y
nos permiten ser discípulos y misioneros tuyos?
6.1.2 Lugares de encuentro con
Jesucristo
262.
El
encuentro con Cristo, gracias a la acción invisible del Espíritu Santo, se
realiza en la fe recibida y vivida en
263.
Encontramos
a Jesús en
264.
Se
hace, pues, necesario proponer a los fieles
265.
Entre
las muchas formas de acercarse a
266.
267.
Encontramos
Jesucristo, de modo admirable, en
268.
Se
entiende así la gran importancia del precepto dominical, del “vivir según el
domingo”, como una necesidad interior del creyente, de la familia cristiana, de
la comunidad parroquial. Sin una participación activa en la celebración
eucarística dominical y en las fiestas de precepto no habrá un discípulo
misionero maduro. Cada gran reforma en
269.
A las
miles de comunidades con sus millones de miembros que no tienen la oportunidad
de participar de
270.
La
oración personal y comunitaria es el lugar donde el discípulo, alimentado por
271.
Jesús
está presente en medio de una comunidad viva en la fe y en el amor fraterno.
Allí Él cumple su promesa: “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí
estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20). Está en todos los discípulos que
procuran hacer suya la existencia de Jesús, vida escondida en la suya (cf. Col
3, 3), que experimentan la fuerza de su resurrección hasta identificarse
profundamente con Él: “Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal
2, 20). Está en los Pastores, que representan a Cristo mismo (cf. Mt 10, 40; Lc
10, 16). Está en los que dan testimonio de lucha por la justicia, por la paz y
por el bien común, algunas veces llegando a entregar la propia vida. Está en
todos los acontecimientos de la vida de nuestros pueblos, que nos invitan a
buscar un mundo más justo y más fraterno. Está en toda realidad humana, cuyos
límites a veces nos duelen y agobian.
272.
También
lo encontramos de un modo especial en los pobres, afligidos y enfermos (cf. Mt
25, 37-40), que reclaman nuestro compromiso y nos dan testimonio de fe,
paciencia en el sufrimiento y constante lucha para seguir viviendo. ¡Cuántas
veces los pobres y los que sufren realmente nos evangelizan! En el
reconocimiento de esta presencia y cercanía, y en la defensa de los derechos de
los excluidos se juega la fidelidad de
6.1.3 Una espiritualidad de la
acción misionera
273.
Cuando hablamos de “espiritualidad” nos referimos concretamente al impulso
del Espíritu, a su potencia de vida que moviliza y transfigura todas las
dimensiones de la existencia. No es una experiencia que se limita a los
espacios privados de la devoción, sino que busca penetrarlo todo con su fuego y
su vida. La acción del discípulo misionero necesita de ese impulso y de ese
ardor que proviene del Espíritu y se expresa en el trabajo, en el diálogo, en
el servicio, en la misión cotidiana.
274.
Si el impulso del Espíritu impregna y motiva todas las áreas de la
existencia, entonces también debe penetrar y configurar la vocación específica
de cada uno. Así se desarrolla la espiritualidad propia de presbíteros, de
religiosos y religiosas, de padres de familia, de empresarios, de catequistas,
etc. Cada una de las vocaciones tiene un modo concreto y distintivo de vivir la
espiritualidad, que da profundidad y entusiasmo al ejercicio concreto de sus
tareas. Así, la vida en el Espíritu no nos encierra en una intimidad cómoda y
cerrada, sino que nos convierte en personas generosas y creativas, felices en
el servicio. Nos vuelve comprometidos con los reclamos de la realidad y capaces
de encontrarle un profundo significado a todo lo que nos toca hacer por
6.1.4 La piedad popular como
espacio de encuentro con Cristo
275.
El Santo
Padre destacó la “rica y profunda religiosidad popular, en la cual aparece el
alma de los pueblos latinoamericanos”, y la presentó como “el precioso tesoro
de
276.
Entre
las expresiones de esta espiritualidad se cuentan: las fiestas patronales, las novenas,
los rosarios y via crucis, las
procesiones, las danzas y los cánticos del folclore religioso, el cariño a los
santos y a los ángeles, las promesas, las oraciones en familia. Destacamos las
peregrinaciones, donde se puede reconocer al Pueblo de Dios en camino. Allí el
creyente celebra el gozo de sentirse inmerso en medio de tantos hermanos,
caminando juntos hacia Dios que los espera. Cristo mismo se hace peregrino, y
camina resucitado entre los pobres. La decisión de partir hacia el santuario ya
es una confesión de fe, el caminar es un verdadero canto de esperanza, y la
llegada es un encuentro de amor. La mirada del peregrino se deposita sobre una
imagen que simboliza la ternura y la cercanía de Dios. El amor se detiene,
contempla el misterio, lo disfruta en silencio. También se conmueve, derramando
toda la carga de su dolor y de sus sueños. La súplica sincera, que fluye
confiadamente, es la mejor expresión de un corazón que ha renunciado a la
autosuficiencia, reconociendo que solo nada puede. Un breve instante condensa
una viva experiencia espiritual.
277.
Allí,
el peregrino vive la experiencia de un misterio que lo supera, no sólo de la
trascendencia de Dios, sino también de
278.
La
piedad popular penetra delicadamente la existencia personal de cada fiel y
aunque también se vive en una multitud, no es una “espiritualidad de masas”. En
distintos momentos de la lucha cotidiana, muchos recurren a algún pequeño signo
del amor de Dios: un crucifijo, un rosario, una vela que se enciende para
acompañar a un hijo en su enfermedad, un Padrenuestro musitado entre lágrimas,
una mirada entrañable a una imagen querida de María, una sonrisa dirigida al
Cielo en medio de una sencilla alegría.
279.
Es
verdad que la fe que se encarnó en la cultura puede ser profundizada y penetrar
cada vez mejor la forma de vivir de nuestros pueblos. Pero eso sólo puede
suceder si valoramos positivamente lo que el Espíritu Santo ya ha sembrado. La
piedad popular es un “imprescindible punto
de partida para conseguir que la fe del pueblo madure y se haga más
fecunda”[137]. Por eso, el discípulo
misionero tiene que ser “sensible a ella, saber percibir sus dimensiones
interiores y sus valores innegables”[138].
Cuando afirmamos que hay que evangelizarla o purificarla, no queremos decir que
esté privada de riqueza evangélica. Simplemente deseamos que todos los miembros
del pueblo fiel, reconociendo el testimonio de María, traten de imitarla cada
día más. Así procurarán un contacto más directo con
280.
No
podemos devaluar la espiritualidad popular, o considerarla un modo secundario
de la vida cristiana, porque sería olvidar el primado de la acción del Espíritu
y la iniciativa gratuita del amor de Dios. En la piedad popular se contiene y
expresa un intenso sentido de la trascendencia, una capacidad espontánea de
apoyarse en Dios y una verdadera experiencia de amor teologal. Es también una
expresión de sabiduría sobrenatural, porque la sabiduría del amor no depende
directamente de la ilustración de la mente sino de la acción interna de la
gracia. Por eso, la llamamos espiritualidad popular. Es decir, una
espiritualidad cristiana que, siendo un encuentro personal con el Señor,
integra mucho lo corpóreo, lo sensible, lo simbólico, y las necesidades más
concretas de las personas. Es una espiritualidad encarnada en la cultura de los
sencillos, que no por eso es menos espiritual, sino que lo es de otra manera.
281.
La
piedad popular es una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte
de
282.
Nuestros
pueblos se identifican particularmente con el Cristo sufriente, lo miran, lo
besan o tocan sus pies lastimados como diciendo: Este es el “que me amó y se
entregó por mí” (Gal 2, 20). Muchos de ellos golpeados, ignorados, despojados,
no bajan los brazos. Con su religiosidad característica se aferran al inmenso
amor que Dios les tiene y que les recuerda permanentemente su propia dignidad.
También encuentran la ternura y el amor de Dios en el rostro de María. En ella
ven reflejado el mensaje esencial del Evangelio. Nuestra Madre querida, desde
el santuario de Guadalupe, hace sentir a sus hijos más pequeños que ellos están
en el hueco de su manto. Ahora, desde Aparecida, los invita a echar las redes
en el mundo, para sacar del anonimato a los que están sumergidos en el olvido y
acercarlos a la luz de la fe. Ella, reuniendo a los hijos, integra a nuestros
pueblos en torno a Jesucristo.
6.1.5 María, discípula y misionera
283. La máxima realización de la existencia cristiana como un vivir trinitario de “hijos en el
Hijo” nos es dada en
284.
Con
ella, providencialmente unida a la plenitud de los tiempos (cf. Gal 4, 4) llega
a cumplimiento la esperanza de los pobres y el deseo de salvación.
285.
Como
en la familia humana,
286.
María
es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de
misioneros. Ella, así como dio a luz al Salvador del mundo, trajo el Evangelio
a nuestra América. En el acontecimiento guadalupano, presidió junto al humilde
Juan Diego el Pentecostés que nos abrió a los dones del Espíritu. Desde
entonces son incontables las
comunidades que han encontrado en ella la inspiración más cercana para aprender
cómo ser discípulos y misioneros de Jesús.
Con gozo constatamos que se ha hecho parte del caminar de cada uno de
nuestros pueblos, entrando profundamente en el tejido de su historia y
acogiendo los rasgos más nobles y significativos de su gente. Las diversas
advocaciones y los santuarios esparcidos a lo largo y ancho del Continente
testimonian la presencia cercana de María a la gente y, al mismo tiempo,
manifiestan la fe y la confianza que los devotos sienten por ella. Ella les
pertenece y ellos la sienten como madre y hermana.
287.
Hoy,
cuando en nuestro Continente latinoamericano y caribeño se quiere enfatizar el
discipulado y la misión, es ella quien brilla ante nuestros ojos como imagen
acabada y fidelísima del seguimiento
de Cristo. Esta es la hora de la seguidora más radical de Cristo, de su
magisterio discipular y misionero al que nos envía el Papa Benedicto XVI:
“Maria Santísima,
288.
Ella,
que “conservaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón” (Lc 2, 19;
cf. 2, 51), nos enseña el primado de la escucha de
289.
Con
los ojos puestos en sus hijos y en sus necesidades, como en Caná de Galilea,
María ayuda a mantener vivas las actitudes de atención, de servicio, de entrega
y de gratuidad que deben distinguir a los discípulos de su Hijo. Indica,
además, cuál es la pedagogía para que los pobres, en cada comunidad cristiana,
“se sientan como en su casa”[146].
Crea comunión y educa a un estilo de vida compartida y solidaria, en
fraternidad, en atención y acogida del otro, especialmente si es pobre o
necesitado. En nuestras comunidades, su fuerte presencia ha enriquecido y
seguirá enriqueciendo la dimensión materna de
6.1.6 Los apóstoles y los santos
290.
También
los apóstoles de Jesús y los santos han marcado la espiritualidad y el estilo
de vida de nuestras Iglesias. Su testimonio se mantiene vigente y sus
enseñanzas inspiran el ser y la acción de las comunidades cristianas del
Continente. Entre ellos, Pedro el apóstol, a quien Jesús confió la misión de
confirmar la fe de sus hermanos (cf. Lc 22, 31-32), les ayuda a estrechar el
vínculo de comunión con el Papa, su sucesor, y a buscar en Jesús las palabras
de vida eterna. Pablo, el evangelizador incansable, les ha indicado el camino
de la audacia misionera y la voluntad de acercarse a cada realidad cultural con
291.
Nuestros
pueblos nutren un cariño y especial devoción a José, esposo de María, hombre
justo, fiel y generoso que sabe perderse
para hallarse en el misterio del Hijo. San José, el silencioso maestro,
fascina, atrae y enseña, no con palabras sino con el resplandeciente testimonio
de sus virtudes y de su firme sencillez.
292.
Nuestras
comunidades llevan el sello de los apóstoles y, además, reconocen el testimonio
cristiano de tantos hombres y mujeres que esparcieron en nuestra geografía las
semillas del Evangelio, viviendo valientemente su fe, incluso derramando su
sangre como mártires. Su ejemplo de vida y santidad constituye un regalo
precioso para el camino creyente de los latinoamericanos y, a la vez, un
estímulo para imitar sus virtudes en las nuevas expresiones culturales de la
historia. Con la pasión de su amor a Jesucristo, han sido miembros activos y
misioneros en su comunidad eclesial. Con valentía, han perseverado en la
promoción de los derechos de las personas, fueron agudos en el discernimiento
crítico de la realidad a la luz de la enseñanza social de
6.2 El proceso de formación de los discípulos
misioneros
293. La vocación y el compromiso de ser hoy
discípulos y misioneros de Jesucristo en América Latina y El Caribe, requieren una clara y decidida opción por la formación
de los miembros de nuestras comunidades, para todos los bautizados, cualquiera
sea la función que desarrollen en
294.
El
itinerario formativo del seguidor de Jesús hunde sus raíces en la naturaleza
dinámica de la persona y en la invitación personal de Jesucristo, que llama a
los suyos por su nombre, y estos lo siguen porque conocen su voz. El Señor despertaba
las aspiraciones profundas de sus discípulos y los atraía a sí, llenos de
maravilla. El seguimiento es fruto de una fascinación que responde al deseo de
realización humana, al deseo de vida plena. El discípulo es alguien apasionado
por Cristo a quien reconoce como el maestro que lo conduce y acompaña.
6.2.1 Aspectos del proceso
295. En el proceso de formación de
discípulos misioneros destacamos cinco aspectos fundamentales que aparecen de
diversa manera en cada etapa del camino, pero que se compenetran íntimamente y
se alimentan entre sí:
a)
El Encuentro con Jesucristo: Es el Señor quien llama (Mc 1, 14; Mt 9,
9: “Sígueme”). Se ha de propiciar este encuentro que da origen a la iniciación
cristiana, pero que debe renovarse constantemente por el testimonio personal,
el anuncio del kerygma y la acción misionera de la comunidad. El kerygma no
sólo es una etapa, sino el hilo conductor de un proceso que culmina en la
madurez del discípulo de Jesucristo. Sin el kerygma, los demás aspectos de este
proceso están condenados a la esterilidad, sin corazones verdaderamente
convertidos al Señor. Sólo desde el kerygma se da la posibilidad de una
iniciación cristiana verdadera. Por eso
b)
c) El
Discipulado: La persona
madura constantemente en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesús maestro,
profundizar en el misterio de su persona, su ejemplo y su doctrina. Para ello
son de fundamental importancia la catequesis permanente y la vida sacramental,
que fortalecen la conversión inicial y permiten que los discípulos misioneros
puedan perseverar en la vida cristiana y en la misión en medio del mundo que
los desafía.
d)
e)
6.2.2 Criterios generales
6.2.2.1 Una formación integral, kerygmática y
permanente
296.
Misión
principal de la formación es ayudar a
los miembros de
6.2.2.2 Una formación atenta a dimensiones diversas
297. La formación abarca diversas dimensiones
que deberán ser integradas armónicamente a lo largo de todo el proceso
formativo. Se trata de la dimensión humana, espiritual, intelectual,
comunitaria y pastoral-misionera.
a)
b)
c)
d)
6.2.2.3 Una formación respetuosa de los procesos
298.
Llegar
a la estatura de la vida nueva en Cristo, identificándose profundamente con Él[148]
y su misión, es un camino largo, que
requiere itinerarios diversificados, respetuosos de los procesos personales y
de los ritmos comunitarios, continuos y graduales. El eje central deberá
ser un proyecto orgánico de formación, elaborado por los organismos diocesanos
competentes, teniendo en cuenta todas las fuerzas vivas de
6.2.2.4 Una formación que contempla
el acompañamiento de los discípulos
299.
Cada sector del Pueblo de
Dios pide ser acompañado y formado de acuerdo con la peculiar vocación y
ministerio al que ha sido llamado: el obispo que es el principio de la unidad
en la diócesis mediante el triple ministerio de enseñar, santificar y gobernar;
los presbíteros, cooperando con el ministerio del obispo, en el cuidado del
pueblo de Dios que les es confiado; los diáconos permanentes en el servicio
vivificante, humilde y perseverante como ayuda valiosa para obispos y
presbíteros; los consagrados y consagradas en el seguimiento radical del
Maestro; los laicos y laicas que cumplen su responsabilidad evangelizadora
colaborando en la formación de comunidades cristianas y en la construcción del
Reino de Dios en el mundo. Se requiere, por tanto, capacitar a quienes puedan
acompañar espiritual y pastoralmente a otros.
300.
Destacamos que la formación
de los laicos y laicas debe contribuir ante todo a una actuación como
discípulos misioneros en el mundo, en la perspectiva del diálogo y de la
transformación de la sociedad. Es urgente una formación específica para que
puedan tener una incidencia significativa en los diferentes campos, sobre todo
“en el mundo vasto de la política, de la realidad social y de la economía, como
también de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida
internacional, de los medios y de otras realidades abiertas a la
evangelización”[149].
6.3 Iniciación a la vida cristiana
y catequesis permanente
6.3.1 Iniciación a la vida
cristiana
301. Son muchos los creyentes que no participan
en
302. Esto constituye todo un desafío que
cuestiona a fondo la manera como estamos educando en la fe y como estamos
alimentando la vivencia cristiana; un desafío que debemos afrontar con
decisión, con valentía y creatividad, ya que en muchas partes la iniciación
cristiana ha sido pobre o fragmentada. O educamos en la fe, poniendo realmente
en contacto con Jesucristo e invitando a su seguimiento, o no cumpliremos nuestra
misión evangelizadora. Se impone la tarea irrenunciable de ofrecer una
modalidad operativa de iniciación cristiana que además de marcar el qué, dé
también elementos para el quién, el cómo y el dónde se realiza. Así asumiremos
el desafío de una nueva evangelización, a la que hemos sido reiteradamente
convocados.
303. La iniciación cristiana, que incluye el
kerygma, es la manera práctica de poner en contacto con Jesucristo e iniciar en
el discipulado. Nos da también la oportunidad de fortalecer la unidad de los
tres sacramentos de la iniciación y profundizar en su rico sentido. La
iniciación cristiana propiamente hablando, se refiere a la primera iniciación
en los misterios de la fe, sea en la forma de catecumenado postbautismal para los bautizados no suficientemente
catequizados, sea en la forma de catecumenado
bautismal para los no bautizados. Este catecumenado está íntimamente unido
a los sacramentos de la iniciación: bautismo, confirmación y eucaristía,
celebrados solemnemente en
6.3.2 Propuestas para la iniciación
cristiana
304.
Sentimos
la urgencia de desarrollar en nuestras comunidades un proceso de iniciación en
la vida cristiana que comience por el kerygma y, guiado por
305.
Recordamos
que el itinerario formativo del cristiano en la tradición más antigua de
306. Ser discípulo es un don destinado a
crecer. La iniciación cristiana da la posibilidad de un aprendizaje gradual en
el conocimiento, amor y seguimiento de Jesucristo. Así forja la identidad
cristiana con las convicciones fundamentales y acompaña la búsqueda del sentido
de la vida. Es necesario asumir el dinamismo de la iniciación cristiana. Una comunidad que asume la iniciación
cristiana renueva su vida comunitaria y despierta su carácter misionero. Esto
requiere nuevas actitudes pastorales de parte de obispos, presbíteros,
diáconos, personas consagradas y agentes de pastoral.
307. Como rasgos del discípulo al que apunta la
iniciación cristiana destacamos: que tenga como centro la persona de
Jesucristo, nuestro Salvador y plenitud de nuestra humanidad, fuente de toda
madurez humana y cristiana. Que tenga espíritu de oración, sea amante de
308. La parroquia ha de ser el lugar donde se
asegure la iniciación cristiana y tendrá como tareas irrenunciables: iniciar en
la vida cristiana a los adultos bautizados y no suficientemente evangelizados;
educar en la fe a los niños bautizados en un proceso que los lleve a completar
su iniciación cristiana; iniciar a los no bautizados que habiendo escuchado el
kerigma quieren abrazar la fe. En esta tarea, el estudio y la asimilación del
Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos es una referencia necesaria y un
apoyo seguro.
309. Asumir esta iniciación cristiana exige no
sólo una renovación de la catequesis, sino también una reestructuración de toda
la vida pastoral de la parroquia. Proponemos que este proceso de iniciación
cristiana sea asumido en todo el Continente como la manera ordinaria e
indispensable de introducir en la vida cristiana y como la catequesis básica y
fundamental. Después vendrá la catequesis permanente que continúa el proceso de
maduración en la fe, en la que se debe incorporar un discernimiento vocacional
y la iluminación para proyectos personales de vida.
6.3.3 Catequesis permanente
310. En cuanto a la situación actual de la
catequesis, es evidente que ha habido un gran progreso. Ha crecido el tiempo
que se le dedica a la preparación para los sacramentos. Se ha tomado mayor
conciencia de su necesidad tanto en las familias como entre los pastores. Se
comprende que es imprescindible en toda formación cristiana. Se han constituido
ordinariamente comisiones diocesanas y parroquiales de catequesis. Es admirable
el gran número de personas que se sienten llamadas a hacerse catequistas, con
gran entrega. A ellas esta Asamblea les manifiesta un sincero reconocimiento.
311. Sin embargo, a pesar de la buena voluntad,
la formación teológica y pedagógica de los catequistas no suele ser la
deseable. Los materiales y subsidios son con frecuencia muy variados y no se integran
en una pastoral de conjunto; y no siempre son portadores de métodos pedagógicos
actualizados. Los servicios catequísticos de las parroquias carecen con
frecuencia de una colaboración cercana de las familias. Los párrocos y demás
responsables no asumen con mayor empeño la función que les corresponde como
primeros catequistas.
312. Los desafíos que plantea la situación de
la sociedad en América Latina y El Caribe requieren una identidad católica más
personal y fundamentada. El fortalecimiento de esta identidad pasa por una catequesis adecuada que promueva
una adhesión personal y comunitaria a Cristo, sobre todo en los más débiles en
la fe[151]. Es una tarea que
incumbe a toda la comunidad de discípulos pero de manera especial a quienes,
como obispos, hemos sido llamados a servir a
313. La catequesis no debe ser sólo ocasional,
reducida a los momentos previos a los sacramentos o a la iniciación cristiana,
sino más bien “un itinerario catequético permanente”[152].
Por esto, compete a cada Iglesia particular, con la ayuda de las Conferencias
Episcopales, establecer un proceso catequético orgánico y progresivo que se
extienda por todo el arco de la vida, desde la infancia hasta la ancianidad,
teniendo en cuenta que el Directorio General de Catequesis considera la
catequesis de adultos como la forma fundamental de la educación en la fe. Para
que, en verdad, el pueblo conozca a fondo a Cristo y lo siga fielmente debe ser
conducido especialmente en la lectura y meditación de
314. La catequesis no puede limitarse a una
formación meramente doctrinal sino que ha de ser una verdadera escuela de
formación integral. Por tanto, se ha de cultivar la amistad con Cristo en la
oración, el aprecio por la celebración litúrgica, la vivencia comunitaria, el
compromiso apostólico mediante un permanente servicio a los demás. Para ello,
resultarían útiles algunos subsidios catequéticos elaborados a partir del Catecismo de
315.
Debe darse una catequesis
apropiada que acompañe la fe ya presente en la religiosidad popular. Una manera
concreta puede ser el ofrecer un proceso de iniciación cristiana en visitas a
las familias, donde no sólo se les comunique los contenidos de la fe, sino que
se las conduzca a la práctica de la oración familiar, a la lectura orante de
6.4 Lugares de formación para los discípulos
misioneros
316.
A continuación consideraremos
brevemente algunos espacios de formación de discípulos misioneros.
6.4.1
317.
La
familia, “patrimonio de la humanidad”, constituye uno de los tesoros más
valiosos de los pueblos latinoamericanos. Ella ha sido y es espacio y escuela
de comunión, fuente de valores humanos y cívicos, hogar en el que la vida
humana nace y se acoge generosa y responsablemente. Para que la familia sea “escuela de la fe” y
pueda ayudar a los padres a ser los primeros catequistas de sus hijos, la
pastoral familiar debe ofrecer espacios formativos, materiales catequéticos,
momentos celebrativos, que le permitan cumplir su misión educativa. La familia
está llamada a introducir a los hijos en el camino de la iniciación cristiana[155].
318.
Es
además un deber de los padres, a través especialmente de su ejemplo de vida, la
educación de los hijos para el amor como don de sí mismos y a descubrir su
vocación de servicio sea en la vida laical como en la consagrada. De este modo,
la formación de los hijos como discípulos de Jesucristo, se opera en las
experiencias de vida diaria en la familia misma. Los hijos tienen el derecho de poder contar con el padre y la
madre para que cuiden de ellos y los acompañen hacia la plenitud de vida. La
“catequesis familiar”, implementada de diversas maneras, experimentado ayuda
exitosamente a la unidad de las familias y ofrece, además, una posibilidad
eficiente de formar a los padres de familia, los jóvenes y los niños, para que
sean testigos firmes de la fe en sus respectivas comunidades. La familia,
pequeña Iglesia, debe ser junto con
6.4.2 Las Parroquias
319. La dimensión comunitaria es intrínseca al
misterio y a la realidad de
320. Las Parroquias son células vivas de la
Iglesia[157] y los lugares
privilegiados en que la mayoría de los fieles tienen una experiencia concreta
de Cristo y de su Iglesia[158].
Encierran una inmensa riqueza comunitaria porque en ellas se encuentra una
inmensa variedad de situaciones, de edades, de tareas. Sobre todo hoy, cuando
la crisis de la vida familiar afecta a tantos niños y jóvenes, las Parroquias
brindan un espacio comunitario para formarse en la fe y crecer
comunitariamente.
321. Si queremos que las Parroquias sean centros de irradiación
misionera en sus propios territorios, deben ser también lugares de formación
permanente. Esto requiere que se organicen en ellas variadas instancias
formativas que aseguren el acompañamiento y la maduración de todos los agentes
pastorales y de los laicos insertos en el mundo. Las Parroquias vecinas también
pueden aunar esfuerzos en este sentido, sin desaprovechar las ofertas
formativas de
6.4.3 Pequeñas comunidades eclesiales
322.
Se
constata que en los últimos años ha ido creciendo la espiritualidad de comunión
y que, con diversas metodologías, se han hecho no pocos esfuerzos por llevar a
los laicos a integrarse en pequeñas comunidades eclesiales, que van mostrando
abundantes frutos. Para
323.
Ellas son un ámbito propicio para escuchar
324.
Si se
quieren pequeñas comunidades vivas y dinámicas, es necesario suscitar en ellas
una espiritualidad sólida, basada en
325.
Señalamos
que es preciso reanimar los procesos de formación de pequeñas comunidades en el
continente, pues en ellas tenemos una fuente segura de vocaciones al
sacerdocio, a la vida religiosa, y a la vida laical con especial dedicación al
apostolado. A través de las pequeñas comunidades, podría también lograrse
llegar a los alejados, a los indiferentes y a los que alimentan descontento o
resentimientos frente a
6.4.4 Los movimientos eclesiales y nuevas
comunidades
326. Los nuevos movimientos y comunidades son
un don del Espíritu Santo para
327. Los movimientos y nuevas comunidades
constituyen un valioso aporte en la realización de
328.
Para aprovechar mejor los
carismas y servicios de los movimientos eclesiales en el campo de la formación
de los laicos deseamos respetar sus carismas y su originalidad, procurando que
se integren más plenamente a la estructura originaria que se da en la diócesis.
A la vez, es necesario que la comunidad diocesana acoja la riqueza espiritual y
apostólica de los movimientos. Es verdad que los movimientos deben mantener su
especificidad, pero dentro de una profunda unidad con
6.4.5 Los Seminarios y casas de formación
religiosa
329.
En lo que se refiere a la
formación de los discípulos y misioneros de Cristo ocupa un puesto particular
la pastoral vocacional, que acompaña cuidadosamente a todos los que el Señor llama
a servirle a
330.
Ante
la escasez de personas que respondan a la vocación al sacerdocio y a la vida
consagrada en América Latina y El Caribe, es urgente dar un cuidado especial a
la promoción vocacional, con la certeza de que Jesús sigue llamando discípulos
y misioneros para estar con Él y para enviarlos a predicar el Reino de Dios.
Esta V Conferencia hace un llamado urgente a todos los cristianos y
especialmente a los jóvenes para que estén abiertos a una posible llamada de
Dios al sacerdocio o a la vida consagrada; les recuerda que el Señor les dará
la gracia necesaria para responder con decisión y generosidad, a pesar de los
problemas generados por una cultura secularizada, centrada en el consumismo y
el placer. A las familias las invitamos a reconocer la bendición de un hijo
llamado por Dios a esta consagración y a apoyar su decisión y su camino de respuesta
vocacional.
331.
Un
espacio privilegiado, escuela y casa para la formación de discípulos y
misioneros, lo constituyen sin duda los Seminarios y las casas de formación de
religiosos. Es una etapa donde los futuros presbíteros comparten la vida a
ejemplo de la comunidad apostólica en torno a Cristo Resucitado: oran juntos,
celebran la liturgia que culmina en
332.
Reconocemos
el esfuerzo de los formadores de los Seminarios. Su testimonio y preparación
son decisivos para el acompañamiento de los seminaristas; en este sentido. Los
cursos de formadores que se han implementado son un medio eficaz de ayuda a su
misión.
333. La realidad actual nos exige mayor
atención a los proyectos formativos de los Seminarios, pues los jóvenes son
víctimas de la influencia negativa de la cultura post-moderna, especialmente de
los medios de comunicación social, trayendo consigo la fragmentación de la
personalidad, la incapacidad de asumir compromisos definitivos, la ausencia de
madurez humana, el debilitamiento de la identidad espiritual, entre otros, que
dificultan el proceso de formación de auténticos discípulos y misioneros. Por eso, es necesario antes del
ingreso al Seminario, que los formadores y responsables hagan una esmerada
selección que tenga en cuenta el equilibro psicológico de una sana
personalidad, una motivación genuina de amor a Cristo, a
334.
Es
necesario un proyecto formativo del Seminario que ofrezca a los seminaristas un
verdadero proceso integral: humano, espiritual, intelectual y pastoral,
centrado en Jesucristo Buen Pastor. Para esto sería una ayuda que los
seminaristas se agruparan en pequeñas comunidades de oración y de vida, pero
siempre manteniendo la unidad formativa del Seminario y su proyecto. Es
fundamental que durante los años de formación, los seminaristas sean auténticos
discípulos, llegando a realizar un verdadero encuentro personal con Jesucristo
en la oración con
335. Se deberá prestar especial atención al
proceso de formación humana hacia la madurez, de tal manera que la vocación al
sacerdocio ministerial de los candidatos llegue a ser en cada uno un proyecto
de vida estable y definitivo, en medio de una cultura que exalta lo desechable
y lo provisorio. Dígase lo mismo de la educación hacia la madurez de la
afectividad y la sexualidad. Esta debe llevar a comprender mejor el significado
evangélico del celibato consagrado, a acogerlo con firme decisión y a vivirlo
con serenidad y con la debida ascesis en un camino personal y comunitario, como
entrega a Dios y a los demás con corazón pleno e indiviso.
336. En todo el proceso formativo, el ambiente
del Seminario y la pedagogía formativa deberán cuidar un clima de sana libertad
y de responsabilidad personal, evitando crear ambientes artificiales o
itinerarios impuestos. La opción del candidato por la vida y ministerio
sacerdotal debe madurar y apoyarse en motivaciones verdaderas y auténticas,
libres y personales. A ello se orienta la disciplina en las casas de formación.
Las experiencias pastorales, discernidas y acompañadas en el proceso formativo,
son sumamente importantes para corroborar la autenticidad de las motivaciones
en el candidato y ayudarle a asumir el ministerio como un verdadero y generoso
servicio.
337. Al mismo tiempo, el Seminario deberá
ofrecer una formación intelectual seria y profunda, en el campo de la
filosofía, de las ciencias humanas y, especialmente de la teología y la
misionología, a fin de que el futuro sacerdote aprenda a anunciar la fe en toda
su integridad, fiel al Magisterio de
338. Es indispensable
confirmar que los candidatos sean capaces de asumir las exigencias de la vida
comunitaria, la cual implica diálogo, capacidad de servicio, humildad,
valoración de los carismas ajenos, disposición a dejarse interpelar por los
demás, obediencia al obispo y apertura para crecer en comunión misionera con
los sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos, sirviendo a la unidad en la
diversidad.
339. Los jóvenes
provenientes de familias pobres o de grupos indígenas, requieren una formación
adaptada, para que no pierdan sus raíces y puedan ser evangelizadores cercanos
a sus pueblos y culturas.
340. Es oportuno señalar la complementariedad entre la formación iniciada en el Seminario y el proceso formativo que abarca las diversas etapas de vida del presbítero. Hay que despertar la conciencia de que la formación sólo termina con la muerte. La formación permanente “es un deber, ante todo para los sacerdotes jóvenes y ha de tener aquella frecuencia y programación de encuentros que, a la vez que prolongan la seriedad y solidez de la formación recibida en el seminario”[163]. Al respecto, se requieren proyectos diocesanos bien articulados y constantemente evaluados. Se procurará a lo largo de la formación desarrollar un amor tierno y filial a María, de manera que cada formando llegue a tener con ella una espontánea familiaridad, y la “acoja en su casa” como el discípulo amado. Ella brindará a los sacerdotes fortaleza y esperanza en los momentos difíciles y los alentará a ser incesantemente discípulos misioneros para el Pueblo de Dios.
341.
Las casas y centros de
formación de
6.4.6
342. América Latina y El Caribe viven una particular y delicada emergencia educativa. En efecto, las nuevas reformas educacionales de nuestro continente, impulsadas justamente para adaptarse a las nuevas exigencias que se van creando con el cambio global, aparecen centradas prevalentemente en la adquisición de conocimientos y habilidades, denotan un claro reduccionismo antropológico, ya que conciben la educación en función de la producción, la competitividad y el mercado. Por otra parte, con frecuencia propician la inclusión de factores contrarios a la vida, la familia y una sana sexualidad. De esta forma no despliegan los mejores valores de los jóvenes ni su espíritu religioso; tampoco les enseñan los caminos para superar la violencia y acercarse a la felicidad, ni les ayudan a llevar una vida sobria y adquirir aquellas actitudes, virtudes y costumbres que harán estable el hogar que funden, y que les convertirán en constructores solidarios de la paz y del futuro de la sociedad.
343. Ante esta situación, y pensando en una educación de calidad a la que tienen derecho todos los alumnos y alumnas de nuestros pueblos, sin distinción, recordamos el auténtico fin de la educación. La educación en general, la queremos concebir fundamentalmente como un proceso de formación integral, mediante la asimilación sistemática y crítica de la cultura. Y ésta, entendida como rico patrimonio a asimilar, pero también como un elemento vital y dinámico del cual forma parte. Ello exige confrontar e insertar valores perennes en el contexto actual. De este modo, la cultura se hace educativa.
344.
Esto implica poner de relieve
la dimensión ética y religiosa de la cultura, precisamente con el fin de
activar el dinamismo espiritual del sujeto y ayudarle a alcanzar la libertad
ética que presupone y perfecciona a la psicológica. Pero no se da libertad
ética sino en la confrontación con los valores absolutos de los cuales depende
el sentido y el valor de la vida del ser humano. La educación en definitiva, humaniza y personaliza
al ser humano cuando logra que éste desarrolle
plenamente su pensamiento y su libertad, haciéndolo fructificar en hábitos de
comprensión y de comunión con la totalidad del orden real, por los cuales el
mismo ser humano humaniza su mundo, produce cultura, transforma la sociedad y
construye la historia[164].
6.4.6.1 Los centros educativos católicos
345.
La misión primaria de
346.
Cuando hablamos de una
educación cristiana, por tanto, entendemos que el maestro educa hacia un
proyecto de ser humano en el que habite Jesucristo con el poder transformador
de su vida nueva. Hay muchos aspectos en los que se educa y de los que consta
el proyecto educativo. Hay muchos valores, pero estos valores nunca están
solos, siempre forman una constelación ordenada explícita o implícitamente. Si
la ordenación tiene como fundamento y término a Cristo, entonces esta educación
está recapitulando todo en Cristo y es una verdadera educación cristiana; si
no, puede hablar de Cristo, pero corre el riesgo de no ser cristiana[166].
347.
Se produce de este modo una
compenetración entre los dos aspectos. Lo cual significa que no se concibe que
se pueda anunciar el Evangelio sin que este ilumine, infunda aliento y
esperanza, e inspire soluciones adecuadas a los problemas de la existencia; ni
tampoco que pueda pensarse en una verdadera promoción del ser humano sin
abrirlo a Dios y anunciarle a Jesucristo[167].
348.
En sus escuelas
349.
De este modo, estamos en
condiciones de afirmar que en el proyecto educativo de la escuela católica,
Cristo el Hombre perfecto, es el fundamento, en donde todos los valores humanos
encuentran su plena realización y, de ahí su unidad: Él revela y promueve el
sentido nuevo de la existencia, y la transforma capacitando al hombre y a la
mujer para vivir de manera divina; es decir, para pensar, querer y actuar según
el Evangelio, haciendo de las bienaventuranzas la norma de su vida.
Precisamente por la referencia explícita, y compartida por todos los miembros
de la comunidad escolar, a la visión cristiana —aunque sea en grado
diverso, y respetando la libertad de conciencia y religiosa de los no
cristianos presentes en ella— la educación es “católica”, ya que los
principios evangélicos se convierten para ella en normas educativas,
motivaciones interiores y al mismo tiempo en metas finales. Este es el carácter específicamente católico de la educación.
Jesucristo, pues, eleva y ennoblece a la persona humana, da valor a su
existencia y constituye el perfecto ejemplo de vida. Es la mejor noticia,
propuesta por los centros de formación católica a los jóvenes[168].
350.
Por
lo tanto, la meta que la escuela católica se propone respecto de los niños y
jóvenes, es la de colaborar en la construcción de su personalidad teniendo a
Cristo como referencia en el plano de la mentalidad y de la vida. Tal referencia,
al hacerse progresivamente explícita e interiorizada, le ayudará a ver la
historia como Cristo la ve, a juzgar la vida como él lo hace, a elegir y amar
como él, a cultivar la esperanza como él nos enseña, y a vivir en él la
comunión con el Padre y el Espíritu Santo. Por la fecundidad misteriosa de esta
referencia, la persona se construye en unidad existencial, o sea, asume sus
responsabilidades y busca el significado último de su vida. Situada en
351.
352.
Se
propone que la educación en la fe en las instituciones católicas sea integral y
transversal en todo el currículum, teniendo en cuenta el proceso de formación
para vivir como discípulos y misioneros de Jesucristo, e insertando en ella
verdaderos procesos de iniciación cristiana. Asimismo se recomienda que la
comunidad educativa, (directivos, maestros, personal administrativo, alumnos,
padres de familia, etc.) en cuanto auténtica comunidad eclesial y centro de
evangelización, asuma su rol de formadora de discípulos y misioneros en todos
sus estamentos. También que desde allí, en comunión con la comunidad cristiana
del sector que es su matriz, promueva un servicio pastoral en el sector en que
se inserta, especialmente de los jóvenes, la familia, la catequesis y promoción
humana de los más pobres. Estos objetivos son esenciales en los procesos de
admisión de alumnos, sus familias y la contratación de los docentes.
353.
Un principio irrenunciable
para
354. Este intransferible derecho, que implica una obligación y que expresa la libertad de la familia en el ámbito de la educación, por su significado y alcance, ha de ser decididamente garantizado por el Estado. Por esta razón, el poder público, al que compete la protección y la defensa de las libertades de los ciudadanos, atendiendo a la justicia distributiva, debe distribuir las ayudas públicas –que provienen de los impuestos de todos los ciudadanos- de tal manera, que la totalidad de los padres, al margen de su condición social, puedan escoger, según su conciencia, en medio de una pluralidad de proyectos educativos, las escuelas adecuadas para sus hijos. Ese es el valor fundamental y la naturaleza jurídica que fundamenta la subvención escolar. Por lo tanto, a ningún sector educacional, ni siquiera al propio Estado, se le puede otorgar la facultad de concederse el privilegio y la exclusividad de la educación de los más pobres, sin menoscabar con ello importantes derechos. De este modo se promueven derechos naturales de la persona humana, la convivencia pacífica de los ciudadanos, y el progreso de todos.
6.4.6.2 Las universidades y centros superiores de
educación católica
355.
Según su propia naturaleza,
356.
Las Universidades católicas,
por consiguiente, habrán de desarrollar con fidelidad su especificidad
cristiana, ya que poseen responsabilidades evangélicas que instituciones de
otro tipo no están obligadas a realizar. Entre ellas se encuentra, sobre todo,
el diálogo fe y razón, fe y cultura, y la formación de profesores, alumnos y
personal administrativo a través de
357. Es necesaria una pastoral universitaria que acompañe la vida y el caminar de todos los miembros de la comunidad universitaria, promoviendo un encuentro personal y comprometido con Jesucristo, y múltiples iniciativas solidarias y misioneras. También debe procurarse una presencia cercana y dialogante con miembros de otras universidades públicas y centros de estudio.
358. En las últimas décadas en América Latina y
El Caribe observamos el surgimiento de diversos Institutos de Teología y
Pastoral orientados a la formación y actualización de agentes de pastoral. En
este camino se ha logrado crear espacios de diálogo, discusión y búsqueda de
respuestas adecuadas a los enormes desafíos que enfrenta la evangelización en
el Continente. Asimismo se han podido formar innumerables líderes al servicio
de las Iglesias particulares.
359. Invitamos a valorar la rica reflexión
postconciliar de
360. Esta V Conferencia agradece el invaluable
servicio que las diversas instituciones de educación católica prestan en la
promoción humana y de evangelización de las nuevas generaciones, como su aporte
a la cultura de nuestros pueblos, y alienta a las Diócesis, congregaciones
religiosas y organizaciones de laicos católicos que mantienen escuelas,
universidades, institutos de educación superior y de capacitación no formal, a
proseguir incansablemente en su abnegada e insustituible misión apostólica.
TERCERA
PARTE
CAPÍTULO 7
361.
“
7.1 Vivir y comunicar la vida nueva
en Cristo a nuestros pueblos
362.
La
gran novedad que
363.
El llamado
de Jesús en el Espíritu y el anuncio de
364.
Nuestros
pueblos no quieren andar por sombras de muerte; tienen sed de vida y felicidad
en Cristo. Lo buscan como fuente de vida. Anhelan esa vida nueva en Dios, a la
cual el discípulo del Señor nace por el bautismo y renace por el sacramento de
la reconciliación. Buscan esa vida que se fortalece, cuando es confirmada por
el Espíritu de Jesús y cuando el discípulo renueva su alianza de amor en
Cristo, con el Padre y con los hermanos, en cada celebración eucarística.
Acogiendo
365.
Sin
embargo, en el ejercicio de nuestra libertad, a veces rechazamos esa vida nueva
(cf. Jn 5, 40) o no perseveramos en el camino (cf. Heb 3, 12-14). Con el
pecado, optamos por un camino de muerte. Por eso, el anuncio de Jesucristo
siempre llama a la conversión, que nos hace participar del triunfo del
Resucitado e inicia un camino de transformación.
366.
De
los que viven en Cristo se espera un testimonio muy creíble de santidad y
compromiso. Deseando y procurando esa santidad no vivimos menos, sino mejor,
porque cuando Dios pide más es porque está ofreciendo mucho más: “¡No tengan miedo de Cristo! Él no quita
nada y lo da todo”[171].
7.1.1 Jesús al servicio de la vida
367.
Jesús,
el buen pastor, quiere comunicarnos su vida y ponerse al servicio de la vida.
Lo vemos cuando se acerca al ciego del camino (cf. Mc 10, 46-52), cuando
dignifica a la samaritana (cf. Jn 4, 7-26), cuando sana a los enfermos (cf. Mt
11, 2-6), cuando alimenta al pueblo hambriento (cf. Mc 6, 30-44), cuando libera
a los endemoniados (cf. Mc 5, 1-20). En su Reino de vida Jesús incluye a todos:
come y bebe con los pecadores (cf. Mc 2, 16), sin importarle que lo traten de
comilón y borracho (cf. Mt 11, 19); toca leprosos (cf. Lc 5, 13), deja que una
mujer prostituta unja sus pies (cf. Lc 7, 36-50) y de noche recibe a Nicodemo
para invitarlo a nacer de nuevo (cf. Jn 3, 1-15). Igualmente invita a sus
discípulos a la reconciliación (cf. Mt 5, 24), al amor a los enemigos (cf. Mt
5, 44), a optar por los más pobres (cf. Lc 14, 15-24).
368.
En su
Palabra y en todos los sacramentos Jesús
nos ofrece un alimento para el camino.
7.1.2 Variadas dimensiones de la
vida en Cristo
369.
Jesucristo
es plenitud de vida que eleva la condición humana a condición divina para su gloria. “Yo he venido para dar vida a los
hombres y para que la tengan en plenitud” (Jn 10, 10). Su amistad no nos exige que renunciemos a todos nuestros anhelos
de intensidad vital, porque él ama nuestra felicidad también en esta tierra.
Dice el Señor que Él creó todo “para que
lo disfrutemos” (1 Tim 6, 17).
370.
La
vida nueva de Jesucristo toca al ser humano entero y desarrolla en plenitud la
existencia humana “en su dimensión personal, familiar, social y cultural”[174].
Para ello hace falta entrar en un proceso de cambio que transfigure los
variados aspectos de la propia vida. Sólo así se hará posible percibir que
Jesucristo es nuestro salvador en todos los sentidos de la palabra. Sólo así
manifestaremos que la vida en Cristo sana, fortalece y humaniza. Porque “Él es
el Viviente, que camina a nuestro lado, descubriéndonos el sentido de los
acontecimientos, del dolor y de la muerte, de la alegría y de la fiesta”[175].
La vida en Cristo incluye la alegría de comer juntos, el entusiasmo por
progresar, el gusto de trabajar y de aprender, el gozo de servir a quien nos
necesite, el contacto con la naturaleza, el entusiasmo de los proyectos
comunitarios, el placer de una sexualidad vivida según el Evangelio, y todas
las cosas que el Padre nos regala como signos de su amor sincero. Podemos
encontrar al Señor en medio de las alegrías de nuestra limitada existencia, y
así brota una gratitud sincera.
371.
Pero
el consumismo hedonista e individualista, que pone la vida humana en función de
un placer inmediato y sin límites, oscurece el sentido de la vida y la degrada.
La vitalidad que Cristo ofrece nos invita a ampliar nuestros horizontes, y a
reconocer que abrazando la cruz cotidiana entramos en las dimensiones más
profundas de la existencia. El Señor que nos invita a valorar las cosas y a
progresar, también nos previene sobre la obsesión por acumular: “No amontonen tesoros en esta tierra” (Mt
6, 19). “¿De qué le sirve a uno ganar
todo el mundo, si pierde su vida?” (Mt 16, 26). Jesucristo nos ofrece
mucho, incluso mucho más de lo que esperamos. A la samaritana le da más que el
agua del pozo, a la multitud hambrienta le ofrece más que el alivio del hambre.
Se entrega Él mismo como la vida en abundancia. La vida nueva en Cristo es
participación en la vida de amor del Dios Uno y Trino. Comienza en el bautismo
y llega a su plenitud en la resurrección final.
7.1.3 Al servicio de una vida plena
para todos
372.
Pero
las condiciones de vida de muchos abandonados, excluidos e ignorados en su
miseria y su dolor, contradicen este proyecto del Padre e interpelan a los
creyentes a un mayor compromiso a favor de la cultura de la vida. El Reino de
vida que Cristo vino a traer es incompatible con esas situaciones inhumanas. Si
pretendemos cerrar los ojos antes estas realidades no somos defensores de la
vida del Reino y nos situamos en el camino de la muerte: “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos
a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte” (1Jn 3, 14). Hay que
subrayar “la inseparable relación entre amor a Dios y amor al prójimo”[176],
que “invita a todos a suprimir las graves desigualdades sociales y las enormes
diferencias en el acceso a los bienes”[177].
Tanto la preocupación por desarrollar estructuras más justas como por
transmitir los valores sociales del Evangelio, se sitúan en este contexto de
servicio fraterno a la vida digna.
373.
Descubrimos
así una ley profunda de la realidad: la vida sólo se desarrolla plenamente en
la comunión fraterna y justa. Porque “Dios en Cristo no redime solamente la
persona individual, sino también las relaciones sociales entre los seres
humanos”[178]. Ante diversas
situaciones que manifiestan la ruptura entre hermanos, nos apremia que la fe
católica de nuestros pueblos latinoamericanos se manifieste en una vida más
digna para todos. El rico Magisterio social de
7.1.4 Una misión para comunicar
vida
374.
La
vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De
hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la
orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás. El Evangelio
nos ayuda a descubrir que un cuidado enfermizo de la propia vida atenta contra
la calidad humana y cristiana de esa misma vida. Se vive mucho mejor cuando
tenemos libertad interior para darlo todo: “Quien
aprecie su vida terrena, la perderá” (Jn 12, 25). Aquí descubrimos otra ley
profunda de la realidad: que la vida se alcanza y madura a medida que se la
entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión.
375.
El
proyecto de Jesús es instaurar el Reino de su Padre. Por eso pide a sus
discípulos: “¡Proclamen que está llegando el Reino de los cielos!” (Mt 10, 7).
Se trata del Reino de la vida. Porque la propuesta de Jesucristo a nuestros
pueblos, el contenido fundamental de esta misión, es la oferta de una vida
plena para todos. Por eso la doctrina, las normas, las orientaciones éticas, y
toda la actividad misionera de
376.
Asumimos
el compromiso de una gran misión en todo el continente, que nos exigirá
profundizar y enriquecer todas las razones y motivaciones que permitan
convertir a cada creyente en un discípulo misionero. Necesitamos desarrollar la
dimensión misionera de la vida en Cristo.
377.
La
fuerza de este anuncio de vida será fecunda si lo hacemos con el estilo
adecuado, con las actitudes del Maestro, teniendo siempre a
378.
Detenemos
la mirada en María y reconocemos en ella una imagen perfecta de la discípula
misionera. Ella nos exhorta a hacer lo que Jesús nos diga (cf. Jn 2, 5) para
que él pueda derramar su vida en América Latina. Junto con ella queremos estar
atentos una vez más a la escucha del Maestro, y en torno a ella volvemos a
recibir con estremecimiento el mandato misionero de su hijo: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos”
(Mt 28, 19). Lo escuchamos como comunidad de discípulos misioneros que hemos
experimentado el encuentro vivo con Él y queremos compartir todos los días con
los demás esa alegría incomparable.
7.2 Conversión pastoral y
renovación misionera de las comunidades
379.
Esta
firme decisión misionera debe
impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de
diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos, y de cualquier
institución de
380.
La
conversión personal despierta la capacidad de someterlo todo al servicio de la
instauración del Reino de vida. Obispos, sacerdotes, diáconos permanentes,
consagrados y consagradas, laicos, y laicas, estamos llamados a asumir una
actitud de permanente conversión pastoral,
que implica escuchar con atención y discernir “lo que el Espíritu está diciendo
a las Iglesias” (Ap 2, 29) a través de los signos de los tiempos en los que
Dios se manifiesta.
381.
La
pastoral de
382.
La
conversión de los pastores nos lleva también a vivir y promover una
espiritualidad de comunión y participación,
“proponiéndola como principio educativo en todos los lugares donde se forma el
hombre y el cristiano, donde se educan los ministros del altar, las personas
consagradas y los agentes pastorales, donde se construyen las familias y las
comunidades”[179]. La conversión pastoral
requiere que
383.
Encontramos
el modelo paradigmático de esta renovación comunitaria en las primitivas comunidades cristianas (cf. Hch 2, 42-47),
que supieron ir buscando nuevas formas para evangelizar de acuerdo con las
culturas y las circunstancias. Asimismo, nos motiva la eclesiología de comunión
del Concilio Vaticano II, el camino sinodal en el postconcilio y las anteriores
Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano y de El Caribe. No
olvidamos que como nos asegura Jesús, “donde están dos o tres reunidos en mi
nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20).
384.
La
conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral
de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Así será posible
que “el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de
cada comunidad eclesial”[181]
(NMI 12) con nuevo ardor misionero, haciendo que
385.
El
proyecto pastoral de
386.
Teniendo
en cuenta las dimensiones de nuestras parroquias es aconsejable la
sectorización en unidades territoriales más pequeñas, con equipos propios de
animación y coordinación que permitan una mayor proximidad a las personas y
grupos que viven en el territorio. Es recomendable que los agentes misioneros
promuevan la creación de comunidades de familias que fomenten la puesta en
común de su fe cristiana y las respuestas a los problemas. Reconocemos como un
fenómeno importante de nuestro tiempo la aparición y difusión de diversas
formas de voluntariado misionero que se ocupan de una pluralidad de servicios.
7.3 Nuestro compromiso con la
misión ad gentes
387. Conscientes y agradecidos porque el Padre
amó tanto al mundo que envió a su Hijo para salvarlo (cf. Jn 3, 16), queremos
ser continuadores de su misión, ya que ésta es la razón de ser de
388. Como discípulos misioneros, queremos que
el influjo de Cristo llegue hasta los confines de la tierra. Descubrimos la
presencia del Espíritu Santo en tierras de misión mediante signos:
(1)
La
presencia de los valores del Reino de Dios en las culturas, recreándolas desde
dentro para transformar las situaciones antievangélicas.
(2)
Los
esfuerzos de hombres y mujeres que encuentran en sus creencias religiosas el
impulso para su compromiso histórico.
(3)
El
nacimiento de la comunidad eclesial.
(4)
El
testimonio de personas y comunidades que anuncian a Jesucristo con la santidad
de sus vidas.
389. Su Santidad Benedicto XVI ha confirmado
que la misión “ad gentes” se abre a nuevas dimensiones: “El campo de
390. Al mismo tiempo, el mundo espera de
nuestra Iglesia latinoamericana y caribeña un compromiso más significativo con
la misión universal en todos los continentes. Para no caer en la trampa de
encerrarnos en nosotros mismos, debemos formarnos como discípulos misioneros
sin fronteras, dispuestos a ir “a la otra orilla”, aquélla en la que Cristo no
es aún reconocido como Dios y Señor, y
391. Los discípulos, quienes por esencia somos
también misioneros por el Bautismo, nos formamos con un corazón universal,
abierto a todas las culturas y a todas las verdades, cultivando nuestra
capacidad de contacto humano y de diálogo. Estamos dispuestos con la valentía
que nos da el Espíritu, a anunciar a Cristo donde no es aceptado, con nuestra
vida, con nuestra acción, con nuestra profesión de fe y con su Palabra. Los
emigrantes son igualmente discípulos y misioneros, y están llamados a ser una
nueva una semilla de evangelización, a ejemplo de tantos emigrantes y
misioneros que trajeron la fe cristiana a nuestra América.
392. Queremos estimular a las iglesias locales
para que apoyen y organicen los centros misioneros nacionales y actúen en
estrecha colaboración con las Obras Misionales Pontificias y otras instancias
eclesiales cooperantes, cuya importancia y dinamismo para la animación y la
cooperación misionera reconocemos y agradecemos de corazón. Con ocasión de los
cincuenta años de la encíclica Fidei
Donum, agradecemos a Dios por los misioneros y misioneras que vinieron al
Continente y a quienes hoy están presentes en él, dando testimonio del espíritu
misionero de sus Iglesias locales al ser enviados por ellas.
393. Nuestro anhelo es que esta V Conferencia
sea un estímulo para que muchos discípulos de nuestras Iglesias vayan y
evangelicen en la “otra orilla”. La fe se fortifica dándola y es preciso que
entremos en nuestro continente en una nueva primavera de la misión “ad gentes”.
Somos Iglesias pobres, pero “debemos dar desde nuestra pobreza y desde la
alegría de nuestra fe”[186]
y esto sin descargar en unos pocos enviados el compromiso que es de toda la
comunidad cristiana. Nuestra capacidad de compartir nuestros dones
espirituales, humanos y materiales con otras Iglesias, confirmará la
autenticidad de nuestra nueva apertura misionera. Por ello, alentamos la
participación en la celebración de los congresos misioneros.
CAPÍTULO 8
REINO DE DIOS Y PROMOCIÓN
DE
394. La misión del anuncio de
395. Procurando acercar la vida de Jesucristo
como respuesta a los anhelos de nuestros pueblos, destacamos a continuación
algunos grandes ámbitos, prioridades y tareas para la misión de los discípulos
de Jesucristo en el hoy de América Latina
396. “El plazo se ha cumplido. El Reino de Dios
está llegando. Conviértanse y crean en el Evangelio” (Mc 1, 15). La voz del
Señor nos sigue llamando como discípulos misioneros y nos interpela a orientar
toda nuestra vida desde la realidad transformadora del Reino de Dios que se
hace presente en Jesús. Acogemos con mucha alegría esta buena noticia. Dios
amor es Padre de todos los hombres y mujeres de todos los pueblos y razas.
Jesucristo es el Reino de Dios que procura desplegar toda su fuerza
transformadora en nuestras Iglesia y en nuestras sociedades. En Él, Dios nos ha
elegido para que seamos sus hijos con el mismo origen y destino, con la misma
dignidad, con los mismos derechos y deberes vividos en el mandamiento supremo
del amor. El Espíritu ha puesto este germen del Reino en nuestro Bautismo y lo
hace crecer por la gracia de la
conversión permanente gracias a
397. Señales evidentes de la presencia del
Reino son: la vivencia personal y comunitaria de las bienaventuranzas, la
evangelización de los pobres, el conocimiento y cumplimiento de la voluntad del
Padre, el martirio por la fe, el acceso de todos a los bienes de la creación,
el perdón mutuo, sincero y fraterno, aceptando y respetando la riqueza de la
pluralidad, y la lucha para no sucumbir a la tentación y no ser esclavos del
mal.
398. Ser discípulos y misioneros de Jesucristo
para que nuestros pueblos, en Él, tengan vida, nos lleva a asumir
evangélicamente y desde la perspectiva del Reino las tareas prioritarias que
contribuyen a la dignificación de todo ser humano, y a trabajar junto con los
demás ciudadanos e instituciones en bien del ser humano. El amor de
misericordia para con todos los que ven vulnerada su vida en cualquiera de sus
dimensiones, como bien nos muestra el Señor en todos sus gestos de
misericordia, requiere que socorramos las necesidades urgentes, al mismo tiempo
que colaboremos con otros organismos o instituciones para organizar estructuras
más justas en los órdenes nacionales e internacionales. Urge crear estructuras
que consoliden un orden social, económico y político en el que no haya
inequidad y donde haya posibilidades para todos. Igualmente, se requieren
nuevas estructuras que promuevan una auténtica convivencia humana, que impidan
la prepotencia de algunos y faciliten el diálogo constructivo para los
necesarios consensos sociales.
399. La misericordia siempre será necesaria,
pero no debe contribuir a crear círculos viciosos que sean funcionales a un
sistema económico inicuo. Se requiere que las obras de
misericordia estén acompañas por la búsqueda de una verdadera justicia social,
que vaya elevando el nivel de vida de los ciudadanos, promoviéndolos comos
sujetos de su propio desarrollo. En su Encíclica Deus Caritas est, el Papa Benedicto ha tratado con claridad
inspiradora la compleja relación entre justicia y caridad. Allí nos dice que
“el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la
política” y no de
400.
8.2 La dignidad humana
401. La cultura actual tiende a proponer
estilos de ser y de vivir contrarios a la naturaleza y dignidad del ser humano.
El impacto dominante de los ídolos del poder, la riqueza y el placer efímero se
han transformado, por encima del valor de la persona, en la norma máxima de
funcionamiento y el criterio decisivo en la organización social. Ante esta
realidad anunciamos una vez más el valor supremo de cada hombre y de cada
mujer. El Creador, en efecto, al poner todo lo creado al servicio del ser
humano, manifiesta la dignidad de la persona humana e invita al cuidado
exquisito por cada uno (cf. Gn 1, 26-30).
402. Proclamamos que todo humano existe pura y
simplemente por el amor de Dios que lo creó, y por el amor de Dios que lo
conserva a cada instante. La creación del varón y la mujer a su imagen y
semejanza es un acontecimiento divino de vida, y su fuente es el amor fiel del
Señor. Luego, solo el Señor es el autor y el dueño de la vida, y el ser humano,
su imagen viviente, es siempre sagrado, desde su concepción, en todas las
etapas de la existencia, hasta su muerte natural y después de la muerte. La
mirada cristiana sobre el ser humano permite percibir su valor que trasciende
todo el universo: “Dios nos ha mostrado de modo insuperable cómo ama a cada
hombre, y con ello le confiere una
dignidad infinita”[188].
403. Nuestra misión para que nuestros pueblos
en Él tengan vida, manifiesta nuestra convicción de que en el Dios vivo
revelado en Jesús se encuentra el sentido, la fecundidad y la dignidad de la
vida humana. Nos urge la misión de entregar a nuestros pueblos la vida plena y
feliz que Jesús nos trae, para que cada persona humana alcance viva de acuerdo
con la dignidad que Dios le ha dado. Lo hacemos con la conciencia de que esa
dignidad alcanzará su plenitud cuando Dios sea todo en todos. Él es el Señor de
la vida y de la historia, vencedor del misterio del mal, y acontecimiento
salvífico que nos hace capaces de emitir un juicio verdadero sobre la realidad,
que salvaguarde la dignidad de las personas y de los pueblos.
404. Nuestra fidelidad al Evangelio, nos exige
proclamar en todos los areópagos públicos y privados del mundo de hoy, y desde
todas las instancias de la vida y misión de
405. Dentro de esta amplia preocupación por la
dignidad humana, se sitúa nuestra angustia por los millones de latinoamericanos
y latinoamericanas que no pueden llevar una vida que responda a esa dignidad. La opción preferencial por los pobres es uno de los rasgos que marca
la fisonomía de
406. Nuestra fe proclama que “Jesucristo es el
rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre”[190].
Por eso “la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica
en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su
pobreza[191]. Esta opción nace de
nuestra fe en Jesucristo, el Dios hecho hombre, que se ha hecho nuestro hermano
(cf. Hb 2, 11-12).
407. Si esta opción está implícita en la fe
cristológica, los cristianos como discípulos y misioneros estamos llamados a
contemplar en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, el rostro de Cristo
que nos llama a servirlo en ellos: “Los rostros sufrientes de los pobres son
rostros sufrientes de Cristo”[192].
Ellos interpelan el núcleo del obrar de
408. De nuestra fe en Cristo brota también la
solidaridad como actitud permanente de encuentro, hermandad y servicio, que ha
de manifestarse en opciones y gestos visibles, principalmente en la defensa de
la vida y de los derechos de los más vulnerables y excluidos, y en el
permanente acompañamiento en sus esfuerzos por ser sujetos de cambio y
transformación de su situación. El servicio de caridad de
409. El Santo Padre nos ha recordado que
410. Nos comprometemos a trabajar para que
nuestra Iglesia Latinoamericana y Caribeña siga siendo, con mayor ahínco,
compañera de camino de nuestros hermanos más pobres, incluso hasta el martirio.
Hoy queremos ratificar y potenciar la opción del amor preferencial por los
pobres hecha en las Conferencias anteriores[199]. Que sea
preferencial implica que debe atravesar todas nuestras estructuras y
prioridades pastorales.
411. En esta época suele suceder que defendemos
demasiado nuestros espacios de privacidad y disfrute, y nos dejamos contagiar
fácilmente por el consumismo individualista. Por eso nuestra opción por los
pobres corre el riesgo de quedarse en un plano teórico o meramente emotivo, sin
verdadera incidencia en nuestros comportamientos y en nuestras decisiones. Es
necesaria una actitud permanente que se manifieste en opciones y gestos
concretos[200], y evite toda actitud
paternalista. Se nos pide dedicar tiempo a los pobres, prestarles una amable
atención, escucharlos con interés, acompañarlos en los momentos más difíciles,
eligiéndolos para compartir horas, semanas o años de nuestra vida, y buscando,
desde ellos, la transformación de su situación. No podemos olvidar que el mismo
Jesús lo propuso con su modo de actuar y con sus palabras: “Cuando des un
banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos” (Lc
14, 13).
412. Sólo la cercanía que nos hace amigos nos
permite apreciar profundamente los valores de los pobres de hoy, sus legítimos
anhelos y su modo propio de vivir la fe. La opción por los pobres debe
conducirnos a la amistad con los pobres. Día a día los pobres se hacen sujetos
de la evangelización y de la promoción humana integral: educan a sus hijos en
la fe, viven una constante solidaridad entre parientes y vecinos, buscan
constantemente a Dios y dan vida al peregrinar de
413. Asumiendo con nueva fuerza esta opción por
los pobres, ponemos de manifiesto que todo proceso evangelizador implica la
promoción humana y la auténtica liberación “sin la cual no es posible un orden
justo en la sociedad”[201].
Entendemos además que la verdadera promoción humana no puede reducirse a
aspectos particulares: “Debe ser integral, es decir, promover a todos los
hombres y a todo el hombre”[202],
desde la vida nueva en Cristo que transforma a la persona de tal manera que “la
hace sujeto de su propio desarrollo”[203].
Para
414. Queremos, por tanto, desde nuestra
condición de discípulos y misioneros impulsar en nuestros planes pastorales, a
la luz de
415. Las Conferencias episcopales y las
Iglesias locales tienen la misión de promover renovados esfuerzos para
fortalecer una Pastoral Social estructurada, orgánica e integral que con la asistencia,
la promoción humana[206],
se haga presente en las nuevas realidades de exclusión y marginación que viven
los grupos más vulnerables, donde la vida está más amenazada. En el centro de
esta acción está cada persona, que es acogida y servida con calidez cristiana.
En esta actividad a favor de la vida de nuestros pueblos,
416. La globalización hace emerger en nuestros
pueblos, nuevos rostros de pobres. Con especial atención y en continuidad con
las Conferencias Generales anteriores, fijamos nuestra mirada en los rostros de
los nuevos excluidos: los migrantes, las víctimas de la violencia, desplazados
y refugiados, víctimas del tráfico de personas y secuestros, desaparecidos,
enfermos de HIV y de enfermedades endémicas, tóxicodependientes, adultos
mayores, niños y niñas que son víctimas de la prostitución, pornografía y
violencia o del trabajo infantil, mujeres maltratadas, víctimas de la
violencia, de la exclusión y del tráfico para la explotación sexual, personas
con capacidades diferentes, grandes grupos de desempleados/as, los excluidos
por el analfabetismo tecnológico, las personas que viven en la calle de las
grandes urbes, los indígenas y afro-descendientes, campesinos sin tierra y los
mineros.
417. En esta tarea y con creatividad pastoral,
se deben diseñar acciones concretas que tengan incidencia en los Estados para
la aprobación de políticas sociales y económicas que atiendan las variadas
necesidades de la población y que conduzcan hacia un desarrollo sostenible. Con
la ayuda de distintas instancias y organizaciones,
418. Alentamos a los empresarios que dirigen
las grandes y medianas empresas y a los microempresarios, a los agentes
económicos de la gestión productiva y comercial, tanto del orden privado como
comunitario, por ser creadores de riqueza en nuestras naciones, cuando se
esfuerzan en generar empleo digno, en facilitar la democracia, y en promover la
aspiración as una sociedad justa y a una convivencia ciudadana con bienestar y
en paz. Igualmente a los que no invierten su capital en acciones especulativas
sino en crear fuentes de trabajo preocupándose de los trabajadores,
considerándolos ‘a ellos y a sus familias’ la mayor riqueza de la empresa, que
viven modestamente por haber hecho como cristianos de la austeridad un valor
inestimable, que colaboran con los gobiernos en la preocupación y el logro del
bien común y se prodigan en obras de solidaridad y misericordia.
419. En fin, no podemos olvidar que la mayor
pobreza es la de no reconocer la presencia del misterio de Dios en la vida del
hombre y su amor, que es lo único que verdaderamente salva y libera. En efecto,
“quien excluye a Dios de su horizonte falsifica el concepto de realidad y, en
consecuencia, sólo puede terminar en caminos equivocados y con recetas
destructivas[207]. La verdad de esta tesis
resulta evidente ante el fracaso de todos los sistemas que ponen a Dios entre
paréntesis.
8.5 Globalización de la solidaridad
y justicia internacional
420.
421. Apoyar la participación de la sociedad
civil para la reorientación y consiguiente rehabilitación ética de la política.
Por ello son muy importantes los espacios de participación de la sociedad civil
para la vigencia de la democracia, una verdadera economía solidaria y un
desarrollo integral, solidario y sustentable.
422. Formar en la ética cristiana que pone como
desafío el logro del bien común, la creación de oportunidades para todos, la
lucha contra la corrupción, la vigencia de los derechos laborales y sindicales;
hay que colocar como prioridad la creación de oportunidades económicas para
sectores de la población tradicionalmente marginados, como las mujeres y los
jóvenes, desde el reconocimiento de su dignidad. Por ello hay que trabajar por
una cultura de la responsabilidad a todo nivel que involucre a personas,
empresas, gobiernos y al mismo sistema internacional.
423. Trabajar por el bien común global es
promover una justa regulación de la economía, finanzas y comercio mundial. Es
urgente proseguir en el des-endeudamiento externo para favorecer las
inversiones en desarrollo y gasto social[208],
prever regulaciones globales para prevenir y controlar los movimientos
especulativos de capitales, para la promoción de un comercio justo y la
disminución de las barreras proteccionistas de los poderosos, para asegurar
precios adecuados de las materias primas que producen los países empobrecidos y
normas justas para atraer y regular las inversiones y servicios entre otros.
424. Examinar atentamente los Tratados
inter-gubernamentales y otras negociaciones respecto del libre comercio.
425. Llamar a todos los hombres y mujeres de
buena voluntad a poner en práctica principios fundamentales como el bien común
(la casa es de todos), la subsidiaridad, la solidaridad intergeneracional e
intrageneracional.
8.6 Algunos rostros sufrientes que
nos duelen
8.6.1 Personas que viven en la
calle en las grandes urbes
426. En las grandes urbes es cada vez mayor el
número de las personas en situación de calle, que requieren especial cuidado,
atención y trabajo promocional por parte de
427. Queremos llamar la atención de los
gobiernos locales y nacionales para que diseñen políticas que favorezcan la
atención de estos seres humanos, al igual que atiendan las causas que producen
este flagelo que afecta a millones de personas en toda nuestra América Latina y
el Caribe.
428. La opción preferencial por los pobres nos
impulsa, como discípulos y misioneros de Jesús, a buscar caminos nuevos y
creativos a fin de responder a la realidad creciente de pobres. La situación
precaria y la violencia familiar con frecuencia obliga a muchos niños y niñas a
buscar recursos económicos en la calle para su sobre vivencia personal y
familiar exponiéndose también a graves
riesgos morales y humanos.
429. Es deber social del Estado crear una
política inclusiva de la problemática de las personas de la calle. Nunca se
aceptará como solución a esta grave problemática social la violencia e incluso
el asesinato de los niños y jóvenes de la calle, como ha sucedido
lamentablemente en algunos países de nuestro Continente.
8.6.2 Enfermos
430.
431. Desde el inicio de la evangelización se ha
cumplido este doble mandato. El combate a la enfermedad tiene como finalidad
lograr la armonía física, psíquica, social y espiritual para el cumplimiento de
la misión recibida.
432. La salud es un tema que mueve grandes
intereses en el mundo, pero no proporciona una finalidad que la trascienda. En
la cultura actual no cabe la muerte y, ante su realidad, se trata de ocultarla.
Abriéndola a su dimensión espiritual y trascendente,
433. En las visitas a los enfermos en los
centros de salud, en la compañía silenciosa al enfermo, en el cariñoso trato,
en la delicada atención a los requerimientos de la enfermedad se manifiesta, a
través de los profesionales y voluntarios discípulos del Señor, la maternidad
de
434. Se debe, por tanto, alentar en las
Iglesias particulares la pastoral de la salud que incluya distintos campos de
atención. Consideramos de gran prioridad fomentar una pastoral del Sida, en su
amplio contexto y en sus significaciones pastorales: que promueva el
acompañamiento comprensivo, misericordioso y la defensa de los derechos de las
personas infectadas; que implemente la información, promueva la educación y la
prevención, con criterios éticos, principalmente entre las nuevas generaciones
para que despierte la conciencia de todos a contener esta pandemia. Desde esta
V Conferencia pedimos a los gobiernos el acceso gratuito y universal de los
medicamentos para el Sida y las dosis oportunas.
8.6.3 Adictos dependientes
435. Es muy dolorosa la situación de tantas
personas y, en su mayoría jóvenes, que son víctimas de la vorágine insaciable
de intereses económicos de quienes comercializan con la droga.
436. En América Latina y El Caribe,
437. Denunciamos que la comercialización de la
droga se ha hecho algo cotidiano en algunos de nuestros países debido a los
enormes intereses económicos en torna a ella. Consecuencia de ello es el gran
número de personas, en su mayoría niños y jóvenes, que ahora se encuentran
esclavizados y viviendo en situaciones muy precarias, teniendo que drogarse
para calmar su hambre o para escapar de la cruel y desesperanzadora realidad
que viven[209].
438. Es responsabilidad del Estado combatir,
con firmeza y con base legal, la comercialización indiscriminada de la droga y
el consumo ilegal de la misma. Lamentablemente, la corrupción también se hace presente
en este ámbito, y quienes deberían estar a la defensa de una vida más digna, a
veces hacen un uso ilegítimo de sus funciones para beneficiarse económicamente.
439. Alentamos todos los esfuerzos que se
realizan desde el Estado, la sociedad civil y las Iglesias por acompañar a
estas personas.
440. Es expresión de caridad, también eclesial,
el acompañamiento pastoral de los migrantes. Hay millones de personas concretas
que por distintos motivos están en constante movilidad. En América Latina y El
Caribe constituyen un hecho nuevo y dramático los emigrantes, desplazados y
refugiados sobre todo por causas económicas, políticas y de violencia.
441.
442. Para lograr este objetivo se hace
necesario reforzar el diálogo y la cooperación entre las Iglesias de salida y
de acogida, en orden a dar una atención humanitaria y pastoral a los que se han
movilizado, apoyándolos en su religiosidad y valorando sus expresiones culturales
en todo aquello que se refiera al Evangelio. Es necesario que en los Seminarios
y casas de formación se tome conciencia sobre la realidad de la movilidad
humana, para darle una respuesta pastoral. También se requiere promover la
preparación de laicos que con sentido cristiano, profesionalismo y capacidad de
comprensión, puedan acompañar a quienes llegan, como también en los lugares de
salida a las familias que dejan[210].
Creemos que “la realidad de las migraciones no se ha de ver nunca solo como un
problema, sino también y sobre todo, como un gran recurso para el camino de la
humanidad”[211].
443. Entre las tareas de
444. Los migrantes deben ser acompañados
pastoralmente por sus Iglesias de origen y estimulados a hacerse discípulos y
misioneros en las tierras y comunidades que los acogen, compartiendo con ellos
las riquezas de su fe y de sus tradiciones religiosas. Los migrantes que parten
de nuestras comunidades pueden ofrecer un valioso aporte misionero a las
comunidades que los acogen.
445. Las generosas remeses enviadas desde
Estados Unidos, Canadá, países europeos y otros, por los inmigrantes
latinoamericanos, evidencia la capacidad de sacrificio y amor solidario a favor
de las propias familias y patrias de origen. Es, por lo general, ayuda de los
pobres a los pobres.
8.6.5 Presos
446. Una realidad que golpea a todos los sectores
de la población, pero principalmente al más pobre, es la violencia producto de
las injusticias y otros males que durante largos años se ha sembrado en las
comunidades. Esto induce a una mayor criminalidad y, por ende, a que sean
muchas las personas que tienen que cumplir penas en recintos penitenciarios
inhumanos, caracterizados por el comercio de armas, drogas, hacinamiento,
torturas, ausencia de programas de rehabilitación, crimen organizado que impide
un proceso de reeducación y de inserción en la vida productiva de la sociedad.
Hoy por hoy, las cárceles son con frecuencia, lamentablemente, escuelas para
aprender a delinquir.
447. Es necesario que los Estados se planteen
con seriedad y verdad la situación del sistema de justicia y la realidad
carcelaria. Se necesita una mayor agilidad en los procedimientos judiciales,
así como el reforzamiento de la ética y valores en el personal civil y militar
que laboran en los recintos penitenciarios.
448.
449. Se recomienda a las Conferencias
Episcopales y Diócesis fomentar las comisiones de pastoral penitenciaria, que
sensibilicen a la sociedad sobre la grave problemática carcelaria, estimulen
procesos de reconciliación dentro del recinto penitenciario e incidan en las
políticas locales y nacionales en lo referente a la seguridad ciudadana y la
problemática penitenciaria.
CAPÍTULO 9
FAMILIA, PERSONAS Y VIDA
450. No podemos detenernos aquí a analizar
todas las cuestiones que integran la actividad pastoral de
9.1 El matrimonio y la familia
451. La familia es uno de los tesoros más
importantes de los pueblos latinoamericanos y es patrimonio de la humanidad
entera. En nuestros países, una parte importante de la población está afectada
por difíciles condiciones de vida que amenazan directamente la institución
familiar. En nuestra condición de discípulos y misioneros de Jesucristo estamos
llamados a trabajar para que esta situación sea transformada y que la familia
asuma su ser y su misión[212]
en el ámbito de la sociedad y de
452. La familia está fundada en el sacramento
del matrimonio entre una mujer y un varón signo del amor de Dios por la
humanidad y de la entrega de Cristo por su esposa,
453. Creemos que “la familia es imagen de Dios
que, en su misterio más íntimo no es una soledad, sino una familia”[213].
En la comunión de amor de las tres Personas divinas, nuestras familias tienen
su origen, su modelo perfecto, su motivación más bella y su último destino.
454. Dado que la familia es el valor más
querido por nuestros pueblos, creemos que debe asumirse la preocupación por
ella como uno de los ejes transversales de toda la acción evangelizadora de
455. Esperamos que los legisladores,
gobernantes y profesionales de la salud, concientes de la dignidad de la vida
humana y del arraigo de la familia en nuestros pueblos, la defiendan y protejan
de los crímenes abominables del aborto y de la eutanasia; esta es su
responsabilidad. Por ello, ante leyes y disposiciones gubernamentales que son
injustas según la luz de la fe, se debe favorecer la objeción de consciencia.
Debemos atenernos a la “coherencia eucarística”, es decir, ser conscientes que
no podemos recibir la sagrada comunión y al mismo tiempo actuar con hechos o
palabras contra los mandamientos, en particular cuando se propicia el aborto,
la eutanasia y otros delitos graves contra la vida y la familia. Esta
responsabilidad pesa de manera particular sobre los legisladores, gobernantes,
y los profesionales de la salud[215].
456. Para tutelar y apoyar a la familia,
a)
Comprometer
de una manera integral y orgánica a las otras pastorales, los movimientos y
asociaciones matrimoniales y
familiares a favor de las familias.
b)
Impulsar
proyectos que promuevan familias evangelizadas y evangelizadoras.
c)
Renovar
la preparación remota y próxima para el sacramento del matrimonio y la vida
familiar con itinerarios pedagógicos de fe.
d)
Promover,
en diálogo con los gobiernos y la sociedad, políticas y leyes a favor de la
vida, del matrimonio y la familia.
e)
Impulsar
y promover en la educación integral de los miembros de la familia, integrando
la dimensión del amor y la sexualidad.
f)
Impulsar
centros parroquiales y diocesanos con una pastoral de atención integral a la
familia, especialmente a aquellas que están en situaciones difíciles: madres
adolescentes y solteras, viudas y viudos, personas de la tercera edad, niños
abandonados, etc.
g)
Establecer
programas de formación, atención y acompañamiento para la paternidad y la
maternidad responsables.
h)
Estudiar
las causas de las crisis familiares para afrontarlas en todos sus factores.
i)
Ofrecer
formación permanente, doctrinal y pedagógica para los agentes de pastoral
familiar.
j)
Acompañar
con cuidado, prudencia y amor compasivo a los matrimonios que viven en
situación irregular[216],
siguiendo las orientaciones del Magisterio[217].
Se requieren mediaciones que hagan posible les llegue el mensaje de salvación
para todos. Urge impulsar acciones eclesiales, en un trabajo interdisciplinario
de teología y ciencias humanas, que ilumine la pastoral y la preparación de
agentes especializados para el acompañamiento de estos hermanos.
k)
Ante
las peticiones de nulidad matrimonial, procurar que los Tribunales
eclesiásticos sean accesibles y tengan una correcta y pronta actuación[218].
l)
Ayudar
a crear posibilidades para que los niñas y niños huérfanos y abandonados
logren, por la caridad cristiana, condiciones de acogida y adopción y puedan
vivir en familia.
m)
Organizar
casas de acogidas y un acompañamiento específico para acudir con compasión y
solidaridad a las niñas y adolescentes embarazadas, a las madres “solteras”, a
los hogares incompletos.
n)
Tener
presente que
9.2 Los niños
457. La niñez hoy en día debe ser sujeto de una
acción prioritaria de
458. Vemos con dolor la situación de pobreza,
de violencia intra-familiar (sobre todo en familias irregulares o
desintegradas), de abuso sexual, por la que atraviesa un buen número de nuestra
niñez, así como los sectores de niñez trabajadora, niños de la calle, niños
portadores de HIV, huérfanos, niños soldados, y niños engañados y expuestos a
la pornografía y prostitución forzada, tanto virtual como real. La primera
infancia (
459. Por otro lado la niñez, al ser la primera
etapa de la vida del ya nacido, constituye una ocasión maravillosa para la
transmisión de la fe. Vemos con gratitud la valiosa acción de tantas
instituciones al servicio de la niñez.
460. Proponemos al respecto algunas
orientaciones pastorales:
a)
Inspirarse
en la actitud de Jesús para con los niños, de respeto y acogida como los
predilectos del Reino, atendiendo a su formación integral.
b)
Establecer,
donde no existan, el Departamento o Sección de Niñez para desarrollar acciones
puntuales y orgánicas a favor de los niños y las niñas.
c)
Promover
procesos de reconocimiento de la niñez como un sector decisivo de especial
cuidado por parte de
d)
Tutelar
la dignidad y derechos naturales inalienables de los niños, sin perjuicio de
los legítimos derechos de los padres.
e)
Apoyar
las experiencias pastorales de atención a la primera infancia.
f)
Estudiar
y considerar las pedagogías adecuadas para la educación en la fe de los niños,
especialmente en todo lo relacionado a la iniciación cristiana, privilegiando
el momento de la primera comunión, como también la formación en la afectividad
y sexualidad humana.
g)
Valorar
la capacidad misionera de los niños, que no solo evangelizan a sus propios
compañeros, sino que también pueden ser evangelizadores de sus propios padres.
h)
Promover
y difundir procesos permanentes de investigación sobre la niñez, que hagan sostenible, tanto el reconocimiento de
su cuidado, como las iniciativas a favor de la defensa y de su promoción
integral.
i)
Fomentar
la institución de la infancia misionera.
461. Los adolescentes no son niños ni son
jóvenes, sino están en la edad de la búsqueda de su propia identidad, de
independencia frente a sus padres, de descubrimiento del grupo. En esta edad,
fácilmente pueden ser víctimas de falsos líderes constituyendo pandillas. Es
necesario impulsar la pastoral de los adolescentes, con sus propias
características, que garantizan su perseverancia en la fe. El adolescente busca
una experiencia de amistad con Jesús.
9.3 Los jóvenes
462. Los jóvenes y adolescentes constituyen la
gran mayoría de la población de América Latina y de El Caribe, por ello
representan un enorme potencial para el presente y futuro de
463. Por otro lado constatamos con preocupación
que la juventud de nuestro Continente atraviesa por situaciones que la afectan
significativamente: los efectos de la pobreza, que limitan el crecimiento
armónico de sus vidas y genera exclusión; la socialización que con su
transmisión de valores ya no se da prioritariamente en las instituciones
tradicionales sino en nuevos ambientes no exentos de una fuerte carga de
alienación; su permeabilidad a las formas nuevas de expresiones culturales,
producto de la globalización, lo cual afecta su propia identidad personal y
social. Son presa fácil de las nuevas propuestas religiosas y pseudo
religiosas. Las crisis por la que atraviesa la familia hoy en día, les produce
profundas carencias afectivas y conflictos emocionales.
464. Están muy afectados por una educación de
baja calidad, que los deja por debajo de los niveles necesarios de
competitividad sumado a los enfoques antropológicos reduccionistas, que limitan
sus horizontes de vida y dificultan la toma de decisiones duraderas. Se ve una
ausencia de los jóvenes en lo político debido a la desconfianza que generan las
situaciones de corrupción, el desprestigio de los políticos y la búsqueda de
intereses personales frente al bien común. Se constata con preocupación
suicidios de jóvenes. Otros no tienen posibilidades de estudiar o trabajar y
muchos dejan sus países por no encontrar en ellos un futuro, dando a los
fenómenos de la movilidad humana y la migración un rostro juvenil. Preocupa también el uso indiscriminado y
abusivo que muchos jóvenes pueden hacer del mundo de la comunicación virtual.
465. Ante estos desafíos y retos sugerimos
algunas líneas de acción:
a)
Renovar
de manera eficaz y realista una opción preferencial por los jóvenes, en
continuidad con las Conferencias Episcopales anteriores, dando nuevo impulso a
b)
Alentar
los Movimientos eclesiales que tienen una pedagogía orientada a la
evangelización de los jóvenes e invitarlos a poner más generosamente al
servicio de las Iglesias locales sus riquezas carismáticas, educativas y misioneras.
c)
Proponer
a los jóvenes el seguimiento de Cristo en
d)
Privilegiar
en
e)
f)
Urgir
la capacitación de los jóvenes para que tengan oportunidades en el mundo del
trabajo y evitar que caigan en la droga y la violencia.
g)
En
las metodologías pastorales procurar una mayor sintonía entre el mundo adulto y
el mundo juvenil.
h)
Asegurar
la participación en peregrinaciones de jóvenes, en las Jornadas nacionales y
mundiales de Juventud, con la debida preparación espiritual y misionera y con
la compañía de Pastores.
9.4 El bien de los adultos mayores
466. El acontecimiento de la presentación en el
templo (cf. Lc 2, 41-50) nos pone delante del encuentro de las generaciones:
los niños y los ancianos. El niño que se asoma a la vida, asumiendo y
cumpliendo
467.
468. Muchos de nuestros mayores han gastado su
vida por el bien de su familia, y de la comunidad, desde su lugar y vocación.
Muchos son verdaderos discípulos misioneros de Jesús, por su testimonio y sus
obras. Merecen ser reconocidos como hijos e hijas de Dios, llamados a compartir
la plenitud del amor, y a ser queridos en particular por la cruz de sus
dolencias, la capacidad disminuida o la soledad. La familia no debe mirar sólo
las dificultades que trae el convivir con ellos o el atenderlos. La sociedad no
puede considerarlos como un peso o una carga. Es lamentable que en algunos
países no haya políticas sociales que se ocupen suficientemente de los mayores
ya jubilados, pensionados, enfermos o abandonados. Por tanto exhortamos el
diseño de políticas sociales justas y solidarias, que atiendan a estas
necesidades.
469.
9.5 La dignidad y participación de las mujeres
470. Desde la antropología cristiana, se
resalta la igual dignidad entre varón y mujer en razón de ser creados a imagen
y semejanza de Dios. El misterio de
471. La relación entre la mujer y el varón es
de reciprocidad y colaboración mutua. Se trata de armonizar, complementar y
trabajar sumando esfuerzos. La mujer es corresponsable, junto con el hombre,
ante el presente y el futuro de nuestra sociedad humana.
472. Lamentamos que
innumerables mujeres de toda condición no son valoradas en su dignidad, quedan con frecuencia solas y abandonadas,
no se les reconoce suficientemente su abnegado sacrificio e incluso
heroica generosidad en el cuidado y educación de los hijos ni en la
transmisión de la fe en la familia, no se valora ni promueve
adecuadamente su indispensable y peculiar participación en la
construcción de una vida social más humana y en la edificación de
473. En esta hora de América Latina urge
escuchar el clamor muchas veces silenciado de las mujeres que son sometidas a
muchas formas de exclusión y de violencia en todas sus formas y en todas las
etapas de su vida. Entre ellas, las mujeres pobres, indígenas y
afrodescendientes han sufrido una doble marginación. Urge que todas las mujeres
puedan participar plenamente en la vida eclesial, familiar, cultural, social y
económica, creando espacios y estructuras que favorezcan una mayor inclusión.
474. Las mujeres constituyen, en general, la
mayoría de nuestras comunidades, son las primeras transmisoras de la fe y
colaboradoras de los pastores, quienes deben atenderlas, valorarlas y
respetarlas.
475. Urge valorar la maternidad como misión
excelente de las mujeres. Esto no se opone a su desarrollo profesional y al
ejercicio de todas sus dimensiones, lo cual nos permite ser fieles al plan originario
de Dios que da a la pareja humana de forma conjunta la misión de mejorar la
tierra. La mujer es insustituible en el hogar, la educación de los hijos y la
transmisión de la fe. Pero esto no excluye la necesidad de su participación
activa en la construcción de la sociedad. Para ello se requiere propiciar una
formación integral de manera que las mujeres puedan cumplir su misión en la
familia y en la sociedad.
476. La sabiduría del plan de Dios nos exige
favorecer el desarrollo de su identidad femenina en reciprocidad y
complementariedad a la identidad del varón. Por eso
477. Proponemos algunas acciones pastorales:
a)
Impulsar
la organización de la pastoral de manera que ayude a descubrir y desarrollar en
cada mujer y en ámbitos eclesiales y sociales el “genio femenino” y promueva el
más amplio protagonismo de las mujeres.
b)
Garantizar
la efectiva presencia de la mujer en los ministerios que en
c)
Acompañar
a asociaciones femeninas que luchan por superar situaciones difíciles, de
vulnerabilidad o de exclusión.
d) Promover el diálogo con autoridades para
la elaboración de programas, leyes y políticas públicas que permitan armonizar
la vida laboral de la mujer con sus deberes de madre de familia.
9.6 La responsabilidad del varón y
padre de familia
478. El varón, desde su especificidad, está
llamado por el Dios de la vida a ocupar un lugar original y necesario en la
construcción de la sociedad, en la generación de cultura y en la realización de
la historia. Profundamente motivado por la hermosa realidad del amor que tiene
su fuente en Jesucristo, muchos se siente fuertemente invitados a formar una
familia. Allí, en una esencial disposición de reciprocidad y complementariedad,
vive y valoriza para la plenitud de su vida, la activa e insustituible riqueza
del aporte de la mujer, que le permite reconocer más nítidamente su propia
identidad.
479. En todos y cada uno de los ámbitos que
constituyen su vocación y misión debe, en cuanto bautizado, sentirse enviado
por
480. Tradicionalmente, debemos reconocer que un
porcentaje significativo de ellos en América Latina y El Caribe, se han
mantenido más bien al margen de
481. Por otra parte, un gran porcentaje de
ellos se siente exigidos familiar, laboral y socialmente. Faltos de mayor
comprensión, acogida y afecto de parte de los suyos, valorizados de acuerdo a
lo que aportan materialmente, y sin espacios vitales en donde compartir sus
sentimientos mas profundos con toda libertad, se los expone a una situación de
profunda insatisfacción que los deja a merced del poder desintegrador de la
cultura actual. Ante esta situación, y en consideración a las consecuencias que
lo anterior trae para la vida matrimonial y para los hijos, se hace necesario
impulsar en todas nuestras Iglesias Particulares una pastoral para el padre de
familia.
482. Se proponen las algunas acciones
pastorales:
a)
Revisar
los contenidos de las diversas catequesis preparatorias a los sacramentos, como
las actividades y movimientos eclesiales relacionados con la pastoral familiar,
para favorecer el anuncio y la reflexión en torno a la vocación que el varón
está llamado a vivir en el matrimonio, la familia,
b)
Profundizar
en las instancias pastorales
pertinentes, el rol específico que le cabe al varón en la construcción de la
familia en cuanto Iglesia Doméstica, especialmente como discípulo y misionero
evangelizador de su hogar e hijos.
c)
Promover
en todos los ámbitos de la educación católica y de la pastoral juvenil, el
anuncio y el desarrollo de los valores y actitudes que faciliten a los y las
jóvenes generar competencias que les permitan favorecer el papel del varón en
la vida matrimonial, en el ejercicio de la paternidad, y en la educación de la
fe de sus hijos.
d)
Desarrollar
al interior de las Universidades católicas, a la luz de la antropología y moral
cristiana, la investigación y reflexión necesarias que permitan conocer la
situación actual del mundo de los varones, las consecuencias del impacto de los
actuales modelos culturales en su identidad y rol, y pistas que puedan
colaborar en el diseño de orientaciones pastorales al respecto.
e)
Denunciar
una mentalidad neoliberal que no descubre en el padre de familia más que un
instrumento de producción y ganancia, relegándole incluso en la familia a un
papel de mero proveedor. La creciente práctica de políticas públicas e
iniciativas privadas de promover incluso el domingo como día laboral, es una
medida profundamente destructiva de la familia y del padre.
f)
Favorecer
en la vida de
9.7 La cultura de la vida y su
defensa
483. El ser humano creado a imagen y semejanza
de Dios también posee una altísima dignidad
que no podemos pisotear y que estamos llamados a respetar y a promover. La vida
es regalo gratuito de Dios, don y tarea y debemos cuidar con sagrada atención
desde la concepción, en todas sus etapas, y hasta la muerte natural, sin
relativismos.
484. La globalización también ha irrumpido en
las ciencias, en sus métodos y en sus límites, y nosotros, los discípulos de Jesús,
tenemos que llevar el Evangelio al gran escenario de las mismas, en un diálogo
entre ciencia y fe que nos permita presentar la defensa de la vida en el
concierto de las ciencias. La bioética trabaja con esta base epistemológica, de
manera interdisciplinar, en dónde cada ciencia aporta sus conclusiones.
485. No podemos escapar de este reto de diálogo
entre la fe, la razón y las ciencias. Nuestra prioridad por la vida y la
familia, cargadas de problemáticas que se debaten en la bioética, nos urge a
iluminar con el Evangelio y el Magisterio de
486. Asistimos hoy a retos nuevos que nos piden
ser voz de los que no tienen voz. El niño que está creciendo en el seno materno
y las personas que se encuentran en el ocaso, son un reclamo de vida digna que
grita al cielo y que no puede dejar de estremecernos. La liberalización y banalización de las prácticas abortivas son
crímenes abominables, al igual que la eutanasia, la manipulación genética y
embrionaria, ensayos médicos en seres humanos, pena capital y tantas otras
maneras de atentar contra la dignidad y la vida. Si queremos sostener un
fundamento sólido e inviolable para los derechos humanos, es indispensable
reconocer que la vida humana debe ser defendida siempre, desde el momento mismo
de la fecundación. De otra manera, las circunstancias y conveniencias de los
poderosos siempre encontrarán excusas para maltratar a las personas.
487. Los anhelos de vida, de paz, de
fraternidad y de felicidad que no encuentran respuesta en medio de los ídolos
del lucro y la eficacia, la insensibilidad ante el sufrimiento ajeno, los
ataques a la vida intrauterina, la mortalidad infantil, el deterioro de algunos
hospitales, y todas las modalidades de violencia sobre niños, jóvenes, hombres
y mujeres, indican la importancia de la lucha por la vida y por la dignidad y
la integridad de la persona humana.
488. Para que los discípulos y misioneros
alaben a Dios dando gracias por la vida y sirviendo a la misma, proponemos las
siguientes acciones:
a)
Promover
y planear en las diócesis cursos de bioética para los agentes pastorales que
puedan ayudar a fundamentar con solidez los diálogos acerca de los problemas y
situaciones particulares sobre la vida.
b)
Procurar
que sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos accedan a estudios universitarios
de bioética.
c)
Promover
foros, paneles, seminarios y congresos que estudien, reflexionen y analicen
temas concretos de actualidad acerca de la vida en sus diversas manifestaciones
y sobre todo en el ser humano, especialmente en lo referente al respeto a la
vida desde la concepción hasta su muerte natural.
d)
Convocar
a las Universidades católicas a que organicen programas de bioética accesibles
a todos y tomen posición pública ante los grandes temas de la bioética.
e)
Crear
a nivel nacional un comité de bioética, con personas preparadas en el tema, que
garanticen fidelidad y respeto a la doctrina del Magisterio de
f)
Ofrecer
a los matrimonios programas de formación en paternidad responsable y sobre el
uso de los métodos naturales de regulación de la natalidad.
g)
Apoyar
y acompañar pastoralmente y con misericordia a las mujeres que han decidido no
abortar y acoger con misericordia a quienes han abortado para ayudarlas a sanar
sus graves heridas e invitarlas a ser defensoras de la vida. El aborto hace dos
víctimas: por cierto, el niño, pero también la madre.
h)
Promover
la formación y acción de laicos competentes que se organicen para defender la
vida y la familia y que participen en organismos nacionales e internacionales.
i)
Asegurar
que se integre la objeción de conciencia en las legislaciones y que se respeto
por las administraciones públicas.
9.8 El cuidado del medio ambiente
489. Como discípulos de Jesús nos sentimos
invitados a dar gracias por el don de la
creación, reflejo de la sabiduría y belleza del Logos creador. En el designio maravilloso de Dios, el hombre y la mujer están
llamados a vivir en comunión con Él, en comunión entre ellos y con toda la
creación. El Dios de la vida encomendó al ser humano su obra creadora para que
“la cultivara y la guardara” (Gn 2, 15). Jesús conocía bien la preocupación del Padre por las criaturas que él
alimenta (cf. Lc 12, 24) y embellece (cf. Lc 12, 27). Y
mientras andaba por los caminos de su tierra no sólo se detenía a contemplar la
hermosura de la naturaleza, sino que invitaba a sus discípulos a reconocer el
mensaje escondido en las cosas (cf. Lc 12, 24-27; Jn 4, 35). Las criaturas del Padre le dan gloria “con
su sola existencia”[220], y por eso el ser humano debe hacer uso
de ellas con cuidado y delicadeza[221].
490. América Latina está tomando conciencia de
la naturaleza como una herencia gratuita que recibimos para proteger, como
espacio precioso de la convivencia humana y como responsabilidad cuidadosa del
señorío del hombre para bien de todos. Esta herencia
muchas veces se manifiesta frágil e indefensa ante los poderes económicos y
tecnológicos. Por eso, como profetas de vida, queremos insistir que en las intervenciones humanas en los
recursos naturales no predominen los intereses de grupos económicos que arrasan irracionalmente las
fuentes de vida, en perjuicio de naciones enteras y de la misma humanidad. Las
generaciones que nos sucedan tienen derecho a recibir un mundo habitable, y no
un planeta con aire contaminado, con aguas envenenadas y con recursos naturales
agotados.
491.
492. La riqueza natural de América Latina
experimenta hoy una explotación
irracional que va dejando una estela de dilapidación, e incluso de muerte, por
toda nuestra región. En todo ese proceso tiene una
enorme responsabilidad el actual modelo económico que privilegia el desmedido
afán por la riqueza, por encima de la vida de las personas y los pueblos y del
respeto racional de la naturaleza. La devastación de nuestros bosques y de la
biodiversidad mediante una actitud depredatoria y egoísta, involucra la
responsabilidad moral de quienes la promueven, porque pone en peligro la vida
de millones de personas y en especial el hábitat de los campesinos e indígenas,
quienes son expulsados hacia las tierras de ladera y a las grandes ciudades para vivir hacinados en
las cinturones de miserias. América
Latina tiene necesidad de progresar en su desarrollo agro-industrial para
valorizar las riquezas de sus tierras y sus capacidades humanas al servicio del
bien común, pero no podemos dejar de mencionar los problemas que causa una
industrialización salvaje y descontrolada de nuestras ciudades y del campo que
va contaminando el ambiente con toda clase de desechos orgánicos y químicos. Lo mismo hay que alertar respecto a las
industrias extractivas de recursos que, cuando no proceden a controlar y
contrarrestar sus efectos dañinos sobre el ambiente circundante, producen la
eliminación de los bosques, la contaminación del agua y convierten las zonas explotadas en inmensos
desiertos.
493. Ante esta situación ofrecemos algunas
propuestas y orientaciones:
a)
Evangelizar
a nuestros pueblos para descubrir el don de la creación, sabiéndola contemplar
y cuidar como casa de todos los seres vivos y matriz de la vida del planeta, a
fin de ejercitar responsablemente el señorío humano sobre la tierra y los
recursos para que pueda rendir todos sus frutos en su destinación universal,
educando para un estilo de vida de sobriedad y austeridad solidarias.
b)
Profundizar
la presencia pastoral en las poblaciones más frágiles y amenazadas por el
desarrollo depredatorio y apoyarlas en sus esfuerzos para lograr una equitativa
distribución de la tierra, del agua y de los espacios urbanos.
c) Buscar un modelo de desarrollo alternativo[222], integral y solidario, basado en una ética que incluya la responsabilidad por una auténtica ecología natural y humana, que se fundamenta en el evangelio de la justicia, la solidaridad y el destino universal de los bienes, y que supere la lógica utilitarista e individualista, que no somete a criterios éticos los poderes económicos y tecnológicos. Por tanto, alentar a nuestros campesinos a que se organicen de tal manera que puedan lograr su justo reclamo.
d)
Empeñar
nuestros esfuerzos en la promulgación de políticas públicas y participaciones
ciudadanas que garanticen la protección, conservación y restauración de la
naturaleza.
e)
Determinar
medidas de monitoreo y control social sobre la aplicación en los países de los
estándares ambientales internacionales.
494. Crear conciencia en las Américas sobre la
importancia de
CAPÍTULO 10
NUESTROS PUEBLOS Y
10.1 La
cultura y su evangelización
495. La cultura en su comprensión más extensa
representa el modo particular con el cual los hombres y los pueblos cultivan su
relación con la naturaleza y con sus hermanos, con ellos mismos y con Dios, a
fin de lograr una existencia plenamente humana[223].
En cuanto tal es patrimonio común de los pueblos, también de América Latina.
496.
497. Con el Santo Padre damos gracias por el
hecho de que
498. Con la inculturación de la fe
499. Muchos católicos se encuentran
desorientados frente a este cambio cultural. Compete a
10.2 La educación como bien
público
500. Anteriormente nos referimos a la
educación católica, pero como pastores no podemos ignorar la misión del Estado
en el campo educativo, velando de un modo particular por la educación de los
niños y jóvenes. Estos centros educativos no deberían ignorar que la apertura a
la trascendencia es una dimensión de la vida humana, por lo cual la formación
integral de las personas reclama la inclusión de contenidos religiosos.
501.
502. Ante las dificultades al respecto
que encontramos en varios países, queremos empeñarnos en la formación religiosa
de los fieles que asisten a las escuelas públicas de gestión estatal,
procurando acompañarlos también a través de otras instancias formativas en
nuestras parroquias y Diócesis. Al mismo tiempo, agradecemos la dedicación de
los profesores de religión en las escuelas públicas y los animamos en esta
tarea. Los estimulamos para que procuren una capacitación doctrinal y
pedagógica. Agradecemos también a quienes, por la oración y la vida
comunitaria, procuran ser testimonio de fe y de coherencia en estas escuelas.
10.3 Pastoral de
503. La revolución tecnológica y los procesos
de globalización configuran el mundo actual como una gran cultura mediática.
Esto implica una capacidad para reconocer los nuevos lenguajes, que pueden
ayudar a una mayor humanización global. Estos nuevos lenguajes configuran un
elemento articulador de los cambios en la sociedad.
504.
“En
nuestro siglo tan influenciado por los medios de comunicación social, el primer
anuncio, la catequesis o el ulterior ahondamiento de la fe, no pueden
prescindir de esos medios”. “Puestos al servicio del Evangelio, ellos ofrecen
la posibilidad de extender casi sin límites el campo de audición de
505.
A fin
de formar discípulos y misioneros en este campo, nosotros, los obispos reunidos
en
a)
Conocer
y valorar esta nueva cultura de la comunicación;
b)
Promover
la formación profesional en la cultura de la comunicación de todos los agentes
y creyentes;
c)
Apoyar
y optimizar, por parte de
d)
Estar
presente en los MCS: prensa, radio y tv, sitios de internet, foros y tantos
otros sistemas para introducir en ellos el misterio de Cristo.
e)
Educar
en la formación critica en el uso de los medios de comunicación desde la
primera edad.
f)
Animar
las iniciativas existentes o por crear en este campo, con espíritu de comunión.
g)
Formar
comunicadores profesionales competentes y comprometidos con los valores
humano-cristianos en la transformación evangélica de la sociedad.
h)
Promover
leyes para crear nueva cultura que protejan a los niños, jóvenes y más
vulnerables para que la comunicación no conculque los valores y, en cambio,
creen criterios válidos de discernimiento.
i)
Desarrollar
una política de comunicación capaz de ayudar tanto las pastorales de
comunicación como los medios de comunicación de inspiración católicos a
encontrar su lugar en la misión evangelizadora de
506.
507. “
508. Los medios de comunicación en general no
sustituyen las relaciones personales ni la vida comunitaria local. Sin embargo,
los sitios pueden reforzar y estimular el intercambio de experiencias y de
informaciones que intensifiquen la práctica religiosa a través de
acompañamientos y orientaciones. También en la familia, les cabe a los padres
alertar a sus hijos para un uso conciente de los contenidos disponibles en
509. Dado que la exclusión digital es evidente,
las parroquias, comunidades, centros culturales e instituciones educacionales
católicas podrían ser estimuladoras de la creación de puntos de red y salas
digitales para promover la inclusión, desarrollando nuevas iniciativas y
aprovechando, con una mirada positiva, aquellas que ya existen. En América
Latina y El Caribe existen revistas, periódicos, sitios, portales y servicios on line que llevan contenidos
informativos y formativos, además de orientaciones religiosas y sociales
diversas, tales como “sacerdote”, “orientador espiritual”, “orientador
vocacional”, “profesor”, “médico”, entre otros. Hay innumerables escuelas e
instituciones católicas que ofrecen cursos a distancia de Teología y cultura
bíblica.
10.4 Nuevos areópagos y centros de
decisión
510. Queremos felicitar e incentivar a tantos
discípulos y misioneros de Jesucristo que, con su presencia ética coherente,
siguen sembrando los valores evangélicos en los ambientes donde tradicionalmente
se hace cultura y en los nuevos areópagos: el mundo de las comunicaciones, la
construcción de la paz, el desarrollo y la liberación de los pueblos, sobretodo
de las minorías, la promoción de la mujer y de los niños, la ecología y la
protección de la naturaleza. Y “el vastísimo areópago de la cultura, de la
experimentación científica, de las relaciones internacionales”[233].
Evangelizar la cultura, lejos de abandonar la opción preferencial por los
pobres y el compromiso con la realidad, nace del amor apasionado a Cristo, que
acompaña al Pueblo de Dios en la misión de inculturar el Evangelio en la
historia, ardiente e infatigable en su caridad samaritana.
511. Una tarea de gran importancia es la
formación de pensadores y personas que estén en los niveles de decisión. Para
eso, debemos emplear esfuerzo y creatividad en la evangelización de
empresarios, políticos y formadores de opinión, el mundo del trabajo,
dirigentes sindicales, cooperativos y comunitarios.
512. En la cultura actual, surgen nuevos campos
misioneros y pastorales que se abren. Uno de ellos es, sin duda, la pastoral
del turismo y del entretenimiento, que tiene un campo inmenso de realización en
los clubes, en los deportes, salas de cine, centros comerciales y otras
opciones que a diario llaman la atención y piden ser evangelizadas.
513. Ante la falsa visión, tan difundida en
nuestros días, de una incompatibilidad entre fe y ciencia,
514. Queremos valorar siempre más los espacios
de diálogo entre fe y ciencia, incluso en los medios de comunicación. Una forma
de hacerlo es a través de la difusión de la reflexión y la obra de los grandes
pensadores católicos, especialmente del siglo XX, como referencias para la
justa comprensión de la ciencia.
515. Dios no es sólo la suma Verdad. Él es
también la suma Bondad y la suprema Belleza. Por eso, “la sociedad tiene
necesidad de artistas, de la misma manera como necesita de científicos,
técnicos, trabajadores, especialistas, testigos de la fe, profesores, padres y
madres, que garanticen el crecimiento de la persona y el progreso de la
comunidad, a través de aquella forma sublime de arte que es el ‘arte de
educar’”[235].
516. Es necesario comunicar los valores
evangélicos de manera positiva y propositiva. Son muchos los que se dicen
descontentos, no tanto con el contenido de la doctrina de
a)
Favorecer
la formación de un laicado capaz de actuar como verdadero sujeto eclesial y
competente interlocutor entre
b)
Optimizar
el uso de los medios de comunicación católicos, haciéndolos más actuantes y
eficaces, sea para la comunicación de la fe, sea para el diálogo entre
c)
Actuar
con los artistas, deportistas, profesionales de la moda, periodistas, comunicadores
y presentadores, así como con los productores de información en los medios de
comunicación, con los intelectuales, profesores, líderes comunitarios y
religiosos;
d)
Rescatar
el papel del sacerdote como formador de opinión.
517. Aprovechando las experiencias de los
Centros de Fe y Cultura o Centros Culturales Católicos, trataremos de crear o
dinamizar los grupos de diálogo entre
518. Les cabe también a las Iglesias de América
Latina y de El Caribe crear oportunidades para la utilización del arte en la
catequesis de niños, adolescentes y adultos, así como en las diferentes
pastorales de
519. Es fundamental que las celebraciones
litúrgicas incorporen en sus manifestaciones elementos artísticos que puedan
transformar y preparar a la asamblea para el encuentro con Cristo. La
valorización de los espacios de cultura existente, donde se incluyen los
propios templos, es una tarea esencial para la evangelización por la cultura.
En esa línea, también se debe incentivar la creación de centros culturales
católicos, necesarios especialmente en las áreas más carentes, donde el acceso
a la cultura es más urgente y mejora el sentido de lo humano.
10.5 Discípulos y misioneros en la
vida pública
520. Los discípulos y misioneros de Cristo
deben iluminar con la luz del Evangelio todos los ámbitos de la vida social. La
opción preferencial por los pobres, de raíz evangélica, exige una atención
pastoral atenta a los constructores de la sociedad. Si muchas de las
estructuras actuales generan pobreza, en parte se ha debido a la falta de
fidelidad a sus compromisos evangélicos de muchos cristianos con especiales
responsabilidades políticas, económicas y culturales.
521. La realidad actual de nuestro continente
pone de manifiesto que hay “una notable ausencia en el ámbito político,
comunicativo y universitario, de voces e iniciativas de líderes católicos de
fuerte personalidad y de vocación abnegada que sean coherentes con sus
convicciones éticas y religiosas”[236].
522. Entre las señales de preocupación, se destaca,
como una de las más relevantes, la concepción del ser humano, hombre y mujer,
que se ha ido plasmando. Agresiones a la vida, en todas sus instancias, en
especial contra los más inocentes y desvalidos, pobreza aguda y exclusión
social, corrupción y relativismo ético, entre otros aspectos, tienen como
referencia un ser humano, en la práctica, cerrado a Dios y al otro.
523. Sea un viejo laicismo exacerbado, sea un
relativismo ético que se propone como fundamento de la democracia, animan a
fuertes poderes que pretenden rechazar toda presencia y contribución de
524. Son los laicos de nuestro continente,
concientes de su llamada a la santidad en virtud de su vocación bautismal, que
tienen que actuar a manera de fermento en la masa para construir una ciudad
temporal que esté de acuerdo con el proyecto de Dios. La coherencia entre fe y
vida en el ámbito político, económico y social exige la formación de la
conciencia, que se traduce en un conocimiento de
525. El discípulo y misionero de Cristo que se
desempeña en los ámbitos de la política, de la economía y en los centros de
decisiones sufre el influjo de una cultura frecuentemente dominada por el
materialismo, los intereses egoístas y una concepción del hombre contraria a la
visión cristiana. Por eso es imprescindible que el discípulo se cimente en su
seguimiento del Señor que le dé la fuerza necesaria no sólo para no sucumbir
ante las insidias del materialismo y del egoísmo, sino para construir en torno
a él un consenso moral sobre los valores fundamentales que hacen posible la construcción
de una sociedad justa.
526. Pensemos cuan necesario sería la
integridad moral en los políticos. Muchos de los países latinoamericanos, pero
también en otros continentes viven en la miseria, por problemas endémicos de
corrupción. Cuanta disciplina de integridad moral necesitamos, entendiendo por
ella en el sentido cristiano del autodominio para hacer el bien, para ser
servidor de la verdad y del desarrollo de nuestras tareas sin dejarnos
corromper por favores, intereses y ventajas. Se necesita mucha fuerza y mucha
perseverancia para conservar esta honestidad que debe surgir de una nueva educación que rompa el círculo
vicioso de esta tradición de corrupción imperante. Realmente necesitamos mucho
esfuerzo para avanzar en la creación de una verdadera riqueza moral que nos
permita pre-ver nuestro propio futuro.
527. Los obispos reunidos en
10.6
528. El cristiano de hoy no se encuentra más en
la línea de frente de la producción cultural, sino que recibe su influencia y
sus impactos. Las grandes ciudades son laboratorios de esa cultura
contemporánea compleja y plural.
529. La ciudad se ha convertido en el lugar
propio de las nuevas culturas que se están gestando e imponiendo, con un nuevo
lenguaje y una nueva simbología. Esta mentalidad urbana se extiende, también,
al mismo mundo rural. En definitiva la ciudad trata de armonizar la necesidad
del desarrollo con el desarrollo de las necesidades, fracasando normalmente en
este propósito.
530. En el mundo urbano acontecen complejas
transformaciones socio-económicas, culturales, políticas y religiosas que hacen
impacto en todas las dimensiones de la vida. Está compuesto de ciudades
satélites, de barrios periféricos.
531. En la ciudad conviven diferentes
categorías sociales tales como las élites económicas, sociales y políticas; la
clase media con sus diferentes niveles y la gran multitud de los pobres. En
ella coexisten binomios que la desafían cotidianamente: tradición-modernidad;
globalidad-particularidad, inclusión-exclusión,
personalización-despersonalización, lenguaje secular-lenguaje religioso,
homogeneidad-pluralidad, cultura urbana-pluriculturalismo.
532.
533. La fe nos enseña que Dios vive en la
ciudad, en medio de sus alegrías, anhelos y esperanzas, como también en sus
dolores y sufrimientos. Las sombras que marcan el cotidiano de las ciudades,
como por ejemplo, violencia, pobreza, individualismo y exclusión, no pueden
impedirnos buscar y contemplar al Dios de la vida también en los ambientes
urbanos. Las ciudades son lugares de libertad y oportunidad. En ellas las
personas tienen la posibilidad de conocer a más personas, interactuar y
convivir con ellas. En las ciudades es posible experimentar vínculos de fraternidad,
solidaridad y universalidad. En ellas el ser humano es constantemente llamado a
caminar siempre más al encuentro del otro, convivir con el diferente, aceptarlo
y ser aceptado por él.
534. El proyecto de Dios es “
535.
536. Reconociendo y agradeciendo el trabajo
renovador que ya se realiza en muchos centros urbanos,
a)
Responda
a los grandes desafíos de la creciente urbanización;
b)
Sea
capaz de atender a las variadas y complejas categorías sociales, económicas,
políticas y culturales: élites, clase media, pobres;
c)
Desarrolle
una espiritualidad de la gratitud, de la misericordia, de la solidaridad
fraterna, actitudes propias de quien ama desinteresadamente y sin pedir
recompensa;
d)
Se
abra a nuevas experiencias, estilos, lenguajes que puedan encarnar el Evangelio
en la ciudad;
e)
Transforme
a las parroquias cada vez más en
comunidades de comunidades;
f)
Apueste
más intensamente a la experiencia de comunidades ambientales, integradas en
nivel supraparroquial y diocesano;
g)
Integre
los elementos propios de la vida cristiana:
h)
Difunda
i)
Fomente
j)
Brinde
atención especial al mundo del sufrimiento urbano, es decir, que cuide de los
caídos a lo largo del camino y que se encuentran en los hospitales,
encarcelados, excluidos, adictos a las drogas, habitantes de la nuevas
periferias, en las nuevas urbanizaciones, y a las familias que, desintegradas,
conviven de hecho.
k)
Procure
la presencia de
537. Para que los habitantes de los centros
urbanos y sus periferias, creyentes o no creyentes, puedan encontrar en Cristo
la plenitud de vida, sentimos la urgencia de que los agentes de pastoral en
cuanto discípulos y misioneros se esfuercen en desarrollar:
a)
Un
estilo pastoral adecuado a la realidad urbana con atención especial al
lenguaje, a las estructuras y prácticas pastorales así como a los horarios.
b)
Un
plan de pastoral orgánico y articulado que integre en un proyecto común a las
Parroquias, comunidades de vida consagrada, pequeñas comunidades, movimientos e
instituciones que inciden en la ciudad y que su objetivo sea llegar al conjunto
de la ciudad. En los casos de grandes ciudades en las que existen varias
Diócesis se hace necesario un plan interdiocesano.
c)
Una
sectorización de las Parroquias en unidades más pequeñas que permitan la
cercanía y un servicio más eficaz.
d)
Un
proceso de iniciación cristiana y de formación permanente que retroalimente la
fe de los discípulos del Señor integrando el conocimiento, el sentimiento y el
comportamiento.
e)
Servicios
de atención, acogida personal, dirección espiritual y del sacramento de la
reconciliación, respondiendo a la soledad, a las grandes heridas sicológicas
que sufren muchos en las ciudades, teniendo en cuenta las relaciones
interpersonales.
f)
Una
atención especializada a los laicos en sus diferentes categorías profesionales,
empresariales y trabajadores.
g)
Procesos
graduales de formación cristiana con la realización de grandes eventos de
multitudes, que movilicen la ciudad, que hagan sentir que la ciudad es un
conjunto, es un todo, que sepan responder a la afectividad de sus ciudadanos y
en un lenguaje simbólico sepan transmitir el Evangelio a todos y a todas los
que viven en la ciudad.
h)
Estrategias
para llegar a los lugares cerrados de las ciudades como urbanizaciones,
condominios, torres residenciales o aquellos ubicados en los así llamados
tugurios y favelas.
i)
La
presencia profética que sepa levantar la voz en relación a cuestiones de
valores y principios del Reino de Dios, aunque contradiga todas las opiniones,
provoque ataques y se quede sola en su anuncio. Es decir, que sea farol de luz,
ciudad colocada en lo alto para iluminar.
j)
Una
mayor presencia en los centros de decisión de la ciudad tanto en las
estructuras administrativas como en las organizaciones comunitarias,
profesionales y de todo tipo de asociación para velar por el bien común y
promover los valores del Reino.
k)
La
formación y acompañamiento de laicos y laicas que, influyendo en los centros de
opinión, se organicen entre sí y puedan ser asesores para toda la acción
eclesial.
l)
Una
pastoral que tenga en cuenta la belleza en el anuncio de
m)
Servicios
especiales que respondan a las diferentes actividades propias de la ciudad:
trabajo, ocio, deportes, turismo, arte…
n)
Una
descentralización de los servicios eclesiales de modo que sean muchos más los agentes
de pastoral que se integren a esta misión, teniendo en cuenta las categorías
profesionales
o)
Una
formación pastoral de los futuros presbíteros y agentes de pastoral capaz de
responder a los nuevos retos de la cultura urbana.
538. Todo lo anteriormente dicho no quita
importancia, sin embargo, a una renovada pastoral rural que fortalezca a los
habitantes del campo y su desarrollo económico y social, contrarrestando las
migraciones. A ellos se les debe anunciar
10.7 Al
servicio de la unidad y de la fraternidad de nuestros pueblos
539. En la nueva situación cultural afirmamos
que el proyecto del Reino está presente y es posible, y por ello aspiramos a
una América Latina y Caribeña unida, reconciliada e integrada. Esta casa común
está habitada por un complejo mestizaje y una pluralidad étnica y cultural, “en
el que el Evangelio se ha transformado (..) en el elemento clave de una
síntesis dinámica que, con matices diversos según las naciones, expresa de
todas formas la identidad de los pueblos latinoamericanos”[240].
540. Los desafíos que enfrentamos hoy en
América Latina y el mundo tienen una característica peculiar. Ellos no sólo
afectan a todos nuestros pueblos de manera similar sino que, para ser
enfrentados, requieren una comprensión global y una acción conjunta. Creemos
que “un factor que puede contribuir notablemente a superar los apremiantes
problemas que hoy afectan a este continente es la integración latinoamericana”[241].
541. De una parte, se va configurando una
realidad global que hace posible nuevos modos de conocer, aprender y
comunicarse, que nos coloca en contacto diario con la diversidad de nuestro
mundo y crea posibilidades para una unión y solidaridad más estrechas a niveles
regionales y a nivel mundial. De otra parte, se generan nuevas formas de
empobrecimiento, exclusión e injusticia. El continente de la esperanza debe
lograr su integración sobre los cimientos de la vida, el amor y la paz.
542. Reconocemos una profunda vocación a la
unidad en el “corazón” de cada hombre, por tener todos el mismo origen y Padre,
y por llevar en sí la imagen y semejanza del mismo Dios en su comunión
trinitaria (cf. Gen.1, 26).
543.
544. La dignidad de reconocernos como una
familia de latinoamericanos y caribeños implica una experiencia singular de
proximidad, fraternidad y solidaridad. No somos un mero continente, apenas un
hecho geográfico con un mosaico incomponible de contenidos. Tampoco somos una
suma de pueblos y de etnias que se yuxtaponen. Una y plural, América Latina es
la casa común, la gran patria de hermanos “de unos pueblos - como afirmó S.S.
Juan Pablo II en Santo Domingo[242]
– a quienes la misma geografía, la fe cristiana, la lengua y la cultura han
unido definitivamente en el camino de la historia”. Es, pues, una unidad que
está muy lejos de reducirse a uniformidad, sino que se enriquece con muchas
diversidades locales, nacionales y culturales.
545. Ya
546. No hay por cierto otra región que cuente
con tantos factores de unidad como América Latina - de los que la vigencia de
la tradición católica es cimiento fundamental de su construcción -, pero se
trata de una unidad desgarrada porque atravesada por profundas dominaciones y
contradicciones, todavía incapaz de incorporar a sí “todas las sangres” y de
superar la brecha de estridentes desigualdades y marginaciones. Es nuestra
patria grande pero lo será realmente “grande” cuando lo sea para todos, con
mayor justicia. En efecto, es una contradicción dolorosa que el continente del
mayor número de católicos sea también el de mayor inequidad social.
547. Apreciamos en los últimos 20 años avances
significativos y promisorios en los procesos y sistemas de integración de
nuestros países. Se han intensificado las relaciones comerciales y las
políticas. Es nueva la más estrecha comunicación y solidaridad entre el Brasil
y los países hispanoamericanos y los caribeños. Hay muy graves bloqueos que
empantanan esos procesos. Es frágil y ambigua una mera integración comercial.
Lo es también cuando se reduce a cuestión de cúpulas políticas y económicas y
no arraiga en la vida y participación de los pueblos. Los retrasos en la
integración tienden a profundizar la pobreza y las desigualdades, mientras las
redes del narcotráfico se integran más allá de toda frontera. No obstante que
el lenguaje político abunde sobre la integración, la dialéctica de la
contraposición parece prevalecer sobre el dinamismo de la solidaridad y
amistad. La unidad no se construye por contraposición a enemigos comunes sino
por realización de una identidad común.
10.8 La integración de los
indígenas y afrodescendientes
548. Como discípulos de Jesucristo, encarnado
en la vida de todos los pueblos descubrimos y reconocemos desde la fe las
“semillas del Verbo”[244]
presentes en las tradiciones y culturas de los pueblos indígenas de América
Latina. De ellos valoramos su profundo aprecio comunitario por la vida,
presente en toda la creación, en la existencia cotidiana y en la milenaria
experiencia religiosa, que dinamiza sus culturas, la que llega a su plenitud en
la revelación del verdadero rostro de Dios por Jesucristo.
549. Como discípulos y misioneros al servicio
de la vida, acompañamos a los pueblos indígenas y originarios en el
fortalecimiento de sus identidades y organizaciones propias, la defensa del
territorio, una educación intercultural bilingüe y la defensa de sus derechos.
Nos comprometemos también a crear conciencia en la sociedad acerca de la
realidad indígena y sus valores, a través de los medios de comunicación social
y otros espacios de opinión. A partir de los principios del Evangelio apoyamos
la denuncia de actitudes contrarias a la vida plena en nuestros pueblos
originarios, y nos comprometemos a proseguir la obra de evangelización de los
indígenas, así como a procurar los aprendizajes educativos y laborales con las
transformaciones culturales que ello implica.
550.
551. El seguimiento de Jesús en el Continente
pasa también por el reconocimiento de los afrodescendientes como un reto que
nos interpela para vivir el verdadero amor a Dios y al prójimo. Ser discípulos
y misioneros significa asumir la actitud de compasión y cuidado del Padre, que
se manifiestan en la acción liberadora de Jesús. “
552. Por esto,
10.9 Caminos de reconciliación y solidaridad
553.
554. Es necesario educar y favorecer en
nuestros pueblos todos los gestos, obras y caminos de reconciliación y amistad
social, de cooperación e integración. La comunión alcanzada en la sangre reconciliadora
de Cristo nos da la fuerza para ser constructores de puentes, anunciadores de
verdad, bálsamo para las heridas. La reconciliación está en el corazón de la
vida cristiana., Es iniciativa propia de Dios en busca de nuestra amistad, que
comporta consigo la necesaria reconciliación con el hermano. Se trata de una
reconciliación que necesitamos en los diversos
ámbitos y en todos y entre todos nuestros países. Esta reconciliación
fraterna presupone la reconciliación con Dios, fuente única de gracia y de
perdón, que alcanza su expresión y realización en el sacramento de la
penitencia que Dios nos regala a través de
555. En el corazón y la vida de nuestros
pueblos late un fuerte sentido de esperanza, no obstante condiciones de vida
que parecen ofuscar toda esperanza. Ella se experimenta y alimenta en el
presente, gracias a los dones y signos de vida nueva que se comparte;
compromete en la construcción de un futuro de mayor dignidad y justicia y ansía
“los cielos nuevos y la tierra nueva” que Dios nos ha prometido en su morada
eterna.
556. América Latina y El Caribe deben ser no
sólo el continente de la esperanza sino que además deben abrir caminos hacia la
civilización del amor. Así se expresó el Papa Benedicto XVI en el santuario
mariano de Aparecida[246]:
para que nuestra casa común sea un continente de la esperanza y del amor hay
que ir, como buenos samaritanos al encuentro de las necesidades de los pobres y
los que sufren y crear “las estructuras justas que son una condición sin la
cual no es posible un orden justo en la sociedad…”. Estas estructuras, sigue el
Papa, “no nacen ni funcionan sin un consenso moral de la sociedad sobre los
valores fundamentales y sobre la necesidad de vivir estos valores con las
necesarias renuncias, incluso contra el interés personal”, y “donde Dios está
ausente (…) estos valores no se muestran con toda su fuerza ni se produce un
consenso sobre ellos”[247].
Importan este consenso moral y cambio de estructuras para disminuir la hiriente
inequidad que hoy existe en nuestro continente, entre otras cosas a través de
políticas públicas y gastos sociales bien orientados así como del control de
lucros desproporcionados de grandes empresas.
557. Todas las auténticas transformaciones se
fraguan y forjan en el corazón de las personas e irradian en todas las
dimensiones de su existencia y convivencia. No hay nuevas estructuras si no hay
hombres nuevos y mujeres nuevas que movilicen y hagan converger en los pueblos
ideales y poderosas energías morales y religiosas. Formando discípulos y
misioneros,
558.
559. Los discípulos y misioneros de Cristo
promueven una cultura del compartir en todos los niveles en contraposición de
la cultura dominante de acumulación egoísta, asumiendo con seriedad la virtud
de la pobreza como estilo de vida sobrio para ir al encuentro y ayudar a las
necesidades de los hermanos que viven en la indigencia.
560. Compete también a
561. La paz es un bien preciado pero precario
que debemos todos cuidar, educar y promover en nuestro continente. Como
sabemos, la paz no se reduce a la ausencia de guerras ni a la exclusión de
armas nucleares en nuestro espacio común, logros ya significativos, sino a la
generación de una “cultura de paz” que sea fruto de un desarrollo sustentable,
equitativo y respetuoso de la creación (“el desarrollo es el nuevo nombre de la
paz” decía Paulo VI) y que nos permita enfrentar conjuntamente los ataques del
narcotráfico y consumo de drogas, del terrorismo y de las muchas formas de violencia
que hoy imperan en nuestra sociedad.
562. Una auténtica evangelización de nuestros
pueblos implica asumir plenamente la radicalidad del amor cristiano, que se
concreta en el seguimiento de Cristo en
563. Reafirmamos la importancia del CELAM y
reconocemos que ha sido una instancia profética por la unidad de los pueblos
latinoamericanos y del Caribe y ha demostrado la viabilidad de su cooperación y
solidaridad desde la comunión eclesial. Por eso nos comprometemos a seguir
fortaleciendo su servicio en la colaboración colegial de los Obispos y en el
camino de realización de la identidad eclesial latinoamericana. Invitamos a los
Episcopados de países implicados en los distintos sistemas de integración
subregionales, incluido el de
564. Conscientes de que la misión
evangelizadora no puede ir separada de la solidaridad con los pobres y su
promoción integral, y sabiendo que hay comunidades eclesiales que carecen de
los medios necesarios, es imperativo ayudarlas a imitación de las primeras
comunidades cristianas, para que de verdad se sientan amadas. Urge, pues, la creación
de un fondo de solidaridad entre las iglesias de América Latina y El Caribe que
esté al servicio de las iniciativas pastorales propias.
565. Al enfrentar tan graves desafíos nos
alientan las palabras del Santo Padre: “No hay duda de que las condiciones para
establecer una paz verdadera son la restauración de la justicia, la
reconciliación y el perdón. De esta toma de conciencia, nace la voluntad de
transformar también las estructuras injustas para establecer respeto de la
dignidad del hombre creado a imagen y semejanza de Dios… Como he tenido ocasión
de afirmar,
CONCLUSIÓN
566. “Pareció bien al Espíritu Santo y a
nosotros…” (Hch. 15, 28). La experiencia de la comunidad apostólica de los
comienzos muestra la naturaleza misma de
567. Esta V Conferencia, recordando el mandato
de ir y de hacer discípulos (cf. Mt 28, 20), desea despertar
568. Para convertirnos en una Iglesia llena de
ímpetu y audacia evangelizadora, tenemos que ser de nuevo evangelizados y
fieles discípulos. Concientes de nuestra responsabilidad por los bautizados que
han dejado esa gracia de participación en el misterio pascual y de
incorporación en el Cuerpo de Cristo bajo una capa de indiferencia y olvido, se
necesita cuidar el tesoro de la piedad católica de nuestros pueblos para que
resplandezca cada vez más en ella “la perla preciosa” que es Jesucristo y sea
siempre nuevamente evangelizada en la fe de
569. Es el mismo Papa Benedicto XVI, quien nos
ha invitado a “una misión evangelizadora que convoque todas las fuerzas vivas
de este inmenso rebaño” que es pueblo de Dios en América Latina: “sacerdotes,
religiosos, religiosas y laicos que se prodigan, muchas veces con inmensas
dificultades, para la difusión de la verdad evangélica”. Es un afán y anuncio
misioneros que tiene que pasar de persona a persona, de casa en casa, de
comunidad a comunidad. “En este esfuerzo evangelizador – prosigue el Santo
Padre -, la comunidad eclesial se destaca por las iniciativas pastorales, al
enviar, sobre todo entre las casas de las periferias urbanas y del interior,
sus misioneros, laicos o religiosos, buscando dialogar con todos en espíritu de
comprensión y de delicada caridad”. Esa misión evangelizadora abraza con el
amor de Dios a todos y especialmente a los pobres y los que sufren. Por eso, no
puede separarse de la solidaridad con los necesitados y de su promoción humana
integral: “Pero si las personas encontradas están en una situación de pobreza –
nos dice aún el Papa -, es necesario ayudarlas, como hacían las primeras
comunidades cristianas, practicando la solidaridad, para que se sientan amadas
de verdad. El pueblo pobre de las periferias urbanas o del campo necesita
sentir la proximidad de
570. Este despertar misionero, en forma de una
Misión Continental, cuyas líneas fundamentales han sido examinadas por nuestra
Conferencia y que esperamos sea portadora de su riqueza de enseñanzas,
orientaciones y prioridades, será aún más concretamente considerada durante la
próxima Asamblea Plenaria del CELAM en
571. Recobremos, pues, “el fervor espiritual.
Conservemos la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay
que sembrar entre lágrimas. Hagámoslo – como Juan el Bautista, como Pedro y
Pablo, como los otros Apóstoles, como esa multitud de admirables
evangelizadores que se han sucedido a lo largo de la historia de
572. Nos ayude la compañía siempre cercana,
llena de comprensión y ternura, de María Santísima. Que nos muestre el fruto
bendito de su vientre y nos enseñe a responder como ella lo hizo en el misterio
de la anunciación y encarnación. Que nos enseñe a salir de nosotros mismos en
camino de sacrificio, amor y servicio, como lo hizo en la visitación a su prima
Isabel, para que, peregrinos en el camino, cantemos las maravillas que Dios ha
hecho en nosotros conforme a su promesa.
573. Guiados por María, fijamos los ojos en
Jesucristo, autor y consumador de la fe, y le decimos:
“Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha
declinado” (Lc 24, 29).
Quédate con nosotros, Señor, acompáñanos aunque no
siempre hayamos sabido reconocerte. Quédate con nosotros, porque en torno a
nosotros se van haciendo más densas las sombras, y tú eres
Quédate con nosotros, Señor, cuando en torno a nuestra fe
católica surgen las nieblas de la duda, del cansancio o de la dificultad: tú,
que eres
Quédate en nuestras familias, ilumínalas en sus dudas,
sostenlas en sus dificultades, consuélalas en sus sufrimientos y en la fatiga
de cada día, cuando en torno a ellas se acumulan sombras que amenazan su unidad
y su naturaleza. Tú que eres
Quédate, Señor, con aquéllos que en nuestras sociedades
son más vulnerables; quédate con los pobres y humildes, con los indígenas y
afroamericanos, que no siempre han encontrado espacios y apoyo para expresar la
riqueza de su cultura y la sabiduría de su identidad. Quédate, Señor, con
nuestros niños y con nuestros jóvenes, que son la esperanza y la riqueza de
nuestro Continente, protégelos de tantas insidias que atentan contra su
inocencia y contra sus legítimas esperanzas. ¡Oh buen Pastor, quédate con
nuestros ancianos y con nuestros enfermos. ¡Fortalece a todos en su fe para que
sean tus discípulos y misioneros!
INDICE GENERAL
INTRODUCCIÓN
PRIMERA PARTE:
CAPÍTULO 1: LOS DISCÍPULOS MISIONEROS
CAPÍTULO 2: MIRADA DE LOS DISCÍPULOS
MISIONEROS SOBRE
2.1 La
realidad que nos interpela como discípulos y misioneros
2.1.1 Situación
Sociocultural
2.1.2 Situación
económica
2.1.3 Dimensión
socio-política
2.1.4 Biodiversidad,
ecología, Amazonia y Antártida
2.1.5 Presencia
de los pueblos indígenas y afroamericanos en
2.2 Situación
de nuestra Iglesia en esta hora histórica de desafíos
SEGUNDA PARTE:
CAPÍTULO 3:
3.4 La
buena nueva de la actividad humana:
3.4.1 El
trabajo
CAPÍTULO 4:
4.1 Llamados
al seguimiento de Jesucristo
4.2 Configurados
con el Maestro
4.3 Enviados
a anunciar el Evangelio del Reino de vida
4.4 Animados
por el Espíritu Santo
CAPÍTULO 5:
5.1 Llamados
a vivir en comunión
5.2 Lugares
eclesiales para la comunión
5.2.1 La
diócesis, lugar privilegiado de la comunión
5.2.2
5.2.3 Comunidades
Eclesiales de Base y Pequeñas comunidades
5.2.4 Las
Conferencias Episcopales y la comunión entre las Iglesias
5.3 Discípulos
misioneros con vocaciones específicas
5.3.1 Los
obispos, discípulos misioneros de Jesús Sumo Sacerdote
5.3.2 Los
presbíteros, discípulos misioneros de Jesús Buen Pastor
5.3.2.1 Identidad y misión de los presbíteros
5.3.2.2 Los párrocos, animadores de una comunidad de
discípulos misioneros
5.3.3 Los diáconos permanentes, discípulos
misioneros de Jesús Servidor
5.3.4 Los fieles laicos y laicas, discípulos y
misioneros de Jesús Luz del mundo
5.3.5 Los consagrados y consagradas, discípulos
misioneros de Jesús Testigo del Padre
5.4 Los
que han dejado
5.5 Diálogo
ecuménico e interreligioso
5.5.1 Diálogo
ecuménico para que el mundo crea
5.5.2 Relación
con el judaísmo y diálogo interreligioso
CAPÍTULO 6: EL ITINERARIO FORMATIVO
DE LOS DISCÍPULOS MISIONEROS
6.1.1 El
encuentro con Jesucristo
6.1.2 Lugares
de encuentro con Jesucristo
6.1.3 Una
espiritualidad de la acción misionera
6.1.4 La
piedad popular como espacio de encuentro con Cristo
6.1.5 María,
discípula y misionera
6.1.6 Los
apóstoles y los santos
6.2 El proceso de formación de los discípulos
misioneros
6.2.1 Aspectos del proceso
6.2.2 Criterios
generales
6.2.2.1 Una
formación integral, kerygmática y permanente
6.2.2.2 Una
formación atenta a dimensiones diversas
6.2.2.3 Una formación
respetuosa de los procesos
6.2.2.4 Una formación que contempla el
acompañamiento de los discípulos
6.3 Iniciación a la vida cristiana y catequesis permanente
6.3.1 Iniciación a la vida cristiana
6.3.2 Propuestas para la iniciación cristiana
6.3.3 Catequesis
permanente
6.4 Lugares de formación para los discípulos
misioneros
6.4.1
6.4.2 Las
Parroquias
6.4.3 Pequeñas
comunidades eclesiales
6.4.4 Los
movimientos eclesiales y nuevas comunidades
6.4.5 Los
Seminarios y casas de formación religiosa
6.4.6
6.4.6.1 Los
centros educativos católicos
6.4.6.2 Las
universidades y centros superiores de educación católica
TERCERA PARTE
CAPÍTULO 7:
7.1 Vivir
y comunicar la vida nueva en Cristo a nuestros pueblos
7.1.1 Jesús
al servicio de la vida
7.1.2 Variadas
dimensiones de la vida en Cristo
7.1.3 Al
servicio de una vida plena para todos
7.1.4 Una
misión para comunicar vida
7.2 Conversión
pastoral y renovación misionera de las comunidades
7.3 Nuestro
compromiso con la misión ad gentes
CAPÍTULO 8: REINO
DE DIOS Y PROMOCIÓN DE
8.1 Reino
de Dios, justicia social y caridad cristiana
8.2 La
dignidad humana
8.5 Globalización
de la solidaridad y justicia internacional
8.6 Algunos
rostros sufrientes que nos duelen
8.6.1 Personas
que viven en la calle en las grandes urbes
8.6.2 Enfermos
8.6.3 Adictos
dependientes
8.6.5 Presos
CAPÍTULO 9: FAMILIA, PERSONAS Y VIDA
9.1 El
matrimonio y la familia
9.2 Los
niños
9.3 Los
jóvenes
9.4 El
bien de los adultos mayores
9.5 La dignidad y participación de las
mujeres
9.6 La
responsabilidad del varón y padre de familia
9.7 La
cultura de la vida y su defensa
9.8 El
cuidado del medio ambiente
CAPÍTULO 10: NUESTROS PUEBLOS Y
10.1 La
cultura y su evangelización
10.2 La
educación como bien público
10.3 Pastoral
de
10.4 Nuevos
areópagos y centros de decisión
10.5 Discípulos
y misioneros en la vida pública
10.6
10.7 Al
servicio de la unidad y de la fraternidad de nuestros pueblos
10.8 La
integración de los indígenas y afrodescendientes
10.9 Caminos de reconciliación y solidaridad
CONCLUSION
[1] Cf. Puebla nº
401.
[2] Benedicto XVI, Discurso Inaugural de
[3] SD15.
[4] Benedicto XVI,
Catequesis, miércoles 23 de mayo de 2007. "Ciertamente el recuerdo de un
pasado glorioso no puede ignorar las sombras que acompañaron la obra de
evangelización del continente latinoamericano, (...) los sufrimientos y las
injusticias que infligieron los colonizadores a la población indígena,
pisoteadas a menudo en sus derechos fundamentales. Pero el deber de mencionar
aquellos crímenes injustificables, condenados ya entonces por misioneros como
Bartolomé de las Casas y teólogos como Francisco de Vitoria, (...) no debe
impedir reconocer con gratitud la maravillosa obra que ha llevado a cabo la
gracia divina entre esas poblaciones a lo largo de estos siglos".
[5] DI 3.
[6] DI 3
[7] RATZINGER, J. a los Obispos latinoamericanos
responsables de las comisiones de Doctrina de
[8] Cf. NMI 28-29.
[9] DCE 1.
[10] Benedicto XVI,
Homilía en
[11] cf. Dt 30,15
[12] DI 4
[13] Benedicto XVI,
Homilía en
[14] Cf. EN 1
[15] Cf. Benedicto XVI, Homilía de
inicio del Pontificado.
[16] DI 2.
[17] Ibid.
[18] Cf.
DI 3.
[19] DI 3
[20] Cf. NMI 25
y 28
[21] DI 3
[22] Ibid.
[23] DI 2.
[24] Juan Pablo II, TMA
51; Benedicto XVI., 16.12.06.
[25] Cf. EAm 56.
[26]
[27] Benedicto XVI a los
jóvenes en Pacaembu 2; Brasil, 10 de mayo de 2007.
[28] Juan Pablo II,
Homilía en
[29] SD 245
[30] SD 243
[31] Mensaje 34
[32] SD 245
[33] SD, 17
[34] Mientras en el
periodo
[35] DI 2.
[36] Benedicto XVI.
Oración por
[37] G Sp 22
[38] Cf. EN 8.
[39] Cf. Benedicto XVI, Mensaje
de Cuaresma 2007
[40] DI 5.
[41] Cf. FC 11.
[42] HV 9.
[43] LE 4.
[44] Cf. LE 9.
[45] Cf. LE 3.
[46] Cf LE 27.
[47] LE 22.
[48] Francisco de Asís.
Cántico de las Criaturas 9.
[49] DI 1.
[50] DI 4.
[51] NMI, 25-26.
[52] DI 3.
[53] Cf.
DI 3.
[54] SC
17.
[55] LG 1.
[56] DI 3.
[57] Ibid.
5
[58] DP 218
[59] cf. LG 11
[60] NMI
43
[61] DCE
19
[62] Benedicto
XVI, Homilía 13/5/07
[63] Cf. Ibid
[64] cf. LG 49
[65] DI 3
[66] ChL 32
[67] LG 9
[68] ChL
85
[69] ChD
11
[70] Cf.
ChL 32
[71] AA
10; SD 55
[72] EA 41
[73] Ibid.
[74]
LG.31, 33; GS.43; AA.2
[75] Benedicto XVI,
Audiencia 23 de mayo de 2007
[76] NMI 50
[77] SC 20
[78] EAm 37
[79] EAm 33
[80] EAm 74
[81] cf. ChD 2
[82] NMI 43
[83] HURTADO, Alberto. Un
fuego que enciende otros fuegos, pp 69-70.
[84] Cf. LG 10
[85] cf. PDV 72
[86] Ibid. 17
[87] SCa 24
[88] cf. PDV 44
[89] PDV 76
[90] NMI 43
[91] LG 11
[92] FC 52; CCE
1655-1658, 2204-2206,2685
[93] FC 51
[94] cf. LG 31
[95] DP 786
[96] EN 70
[97] cf. LG 31.33; GS 43;
AA 2
[98] cf. EAm 44
[99] cf. PG 11
[100] cf. S.S. Benedicto
XVI, A los movimientos, Vísperas de Pentecostés de 2006
[101] VC 1
[102] Ibid. 3
[103] Ibid. 14, 16 y 18
[104] Juan Pablo II,
Discurso a las religiosas contemplativas en México, enero 1979
[105] Cf. PC 23 y CIC 708
[106] Cf. DI 5
[107] cf. UUS 3
[108] Ibid. 96
[109] SC 56
[110] UR 8
[111] Cf. Pontificio
Consejo para
[112] Cf.
Pontifício Consejo para
[113] UUS 79
[114] Benedicto XVI. Primer mensaje de
su santidad al final de la concelebración eucarística con los cardenales
electores en
[115] cf. NA 4
[116] cf. Diálogo y
anuncio 29
[117] cf. NMI 55
[118] LG 1
[119] cf. Diálogo y
anuncio 40
[120] Ibid. 89
[121] DCE 12
[122] Ibid. 1
[123] EAm 8
[124] Benedicto XVI.
Alocución en el Santo Rosario el 13/05/2007
[125] DV 9
[126] DI 3
[127] EAm 12
[128] cf. SC 7
[129] cf. SC 6
[130] DI 4
[131] NMI 33
[132] Ibid. 49
[133] cf. Ibid. 25
[134] DI 1
[135] EN 48
[136] DP 444
[137] Congregación para el Culto
Divino y
[138] EN 48
[139] DP 448
[140] DI 1
[141] cf. LG 53
[142] cf. DP 295
[143] S.S. Benedicto XVI,
Alocución durante el Santo Rosario el 13/05/2007
[144] DCE 41
[145] RVM 1
[146] NMI 50
[147] Ibid. 43
[148] cf. EN 19
[149] EN 70
[150] SC 64
[151] cf. S.S. Benedicto
XVI, Discurso a los Obispos Brasileños 11 mayo 2007
[152] DI 3
[153] Ibid.
[154] DP 290
[155] SC 19
[156] DI 4
[157] AA 10; SD 55
[158] EAm 41
[159] AA 18ss
[160] Benedicto XVI,
Discurso 24/3/07
[161] Cf. DI 4
[162] Cf. Ibid. 5
[163] PDV 76
[164] DP1025
[165] EN 19
[166] SD 265
[167] Cf. Iuventum Patris. Carta
Apostólica de Juan Pablo II en el centenario de la muerte de San Juan Bosco, 10
[168] Congregación para
[169] ECE 49
[170] AG 2
[171] S.S.
Benedicto XVI, Homilía en la inauguración del Pontificado, 24-04-2005.
[172] DCE 15
[173] San Juan Crisóstomo, Homilías sobre san Mateo, L, 3-4: PG 58, 508-509.
[174] DI 4
[175] Ibid.
[176] DCE 16.
[177] DI 4
[178] CDSI 52.
[179] NMI 43
[180] Cf. NMI 20.
[181] Ibid. 12.
[182] Ibid. 29
[183] Cf. ChL 51.
[184] Benedicto XVI. Discurso a los
miembros del Consejo Superior de las Obras Misionales Pontificias, 5 de mayo de
2007.
[185] Cf. AG 6.
[186] DP 368.
[187] DCE 28.
[188] JUAN PABLO II, Mensaje a los discapacitados, en el Angelus del 16/11/1980.
[189] EAm 27.
[190] Ibid. 67.
[191] DI 3.
[192] SD 178.
[193] NMI 49.
[194] Ibid.
[195] DI 4.
[196] TMA 51.
[197] EAm 56a.
[198] PG 67.
[199] Medellín 14, 4-11; DP
1134-1165; SD 178-181.
[200] DCE 28.31.
[201] DI 3.
[202] GS 76.
[203] PP 15
[204] DCE 25
[205] SRS 47
[206] EA 58
[207] DI 3
[208] TMA 51, SD 197
[209] “Brasil posee una
estadística, de las más relevantes, en lo que se refiere a la dependencia
química de drogas y estupefacientes. Y América Latina no se queda atrás. Por
eso, digo a los que comercializan la droga que piensen en el mal que están
provocando a una multitud de jóvenes y adultos de todos los sectores de la
sociedad: Dios les va a pedir cuentas. La dignidad humana no puede ser
pisoteada de esta manera. El mal provocado recibe la misma reprobación dada por
Jesús a los que escandalizaban a los pequeños, los preferidos del Señor (cf. Mt
18, 7-10)” (Benedicto XVI, Discurso en
[210] cf. EMCC, 70, 71 y
86-88
[211] Benedicto XVI, Alocución en
la jornada mundial del migrante y del refugiado, 2007.
[212] Juan Pablo II
encuentro mundial con las familias en Río de Janeiro y Chile.
[213] DP
582
[214] DI 5
[215] cf.
SCa, 83
[216] FC 77
[217] FC
84; SCa 29
[218] Cf.
SC 29
[219] DI 5
[220] CCE 2416
[221] cf. CCE 2418
[222] Paulo
VI. Populorum Progessio # 20 “El paso de condiciones para cada uno y para todos
de vida menos humana a condiciones mas humanas.
[223] cf. GS 53
[224] Cf. Juan Pablo
II, Discurso a los participantes al Congreso Mundial del Movimiento General de
Acción Cultural, 16 de enero de 1982
[225] DI 1
[226] Benedicto XVI, Discurso al Cuerpo Diplomático, 8 de
enero de 2007
[227] GS 22
[228] GE 1
[229] EN 45
[230] Decreto Inter
Mirifica, 1
[231] Juan Pablo II,
Mensaje para la 36º Día Mundial de las Comunicaciones Sociales. “Internet: un
nuevo fuero para la proclamación del Evangelio”, n.2, 12 de mayo de 2002
[232] Ibid. 3
[233] RM 37
[234] Fides et Ratio, Preambulo
[235] Juan Pablo II, Carta
a los artistas, 4
[236] DI 4
[237] DI 3
[238] DI 4
[239] DI 4
[240] Juan Pablo II,
Audiencia General, 23.V.2007
[241] SD 15
[242] DI 12.X.1992
[243] DP 428
[244] cf. SD 245
[245] SD 243
[246] DI 4
[247] Ibid.
[248] SC, n. 89
[249] DI 1
[250] EN 80